También surgió otra imagen repetida en las mismas tomas. Es algo que con el transcurso del tiempo ha llegado a tener un papel central en mis visiones, tanto que sospecho que es el equivalente, en términos de yajé, de los arquetipos descritos por Jung. Era como el juicio final pero sin el significado cristiano, entre otras razones porque la imaginería siempre ha sido netamente indígena. En ésta pinta me encuentro en una sala grande y majestuosa, delante de una mesa muy larga, estilo colonial, detrás de la cual se encuentra un grupo de espíritus. Y tengo el sentimiento de estar ante seres que comprenden todo, los cuales conocen claramente mis malas conductas. Por lo tanto, la visión no trae tanto el sentido de culpa, aunque si puede ocurrir, sino sensaciones de asombro, abnegación, adoración y hasta alivio, porque uno está libre de la compulsión de fabricar una personalidad frente a los interlocutores, en contraste con la vida normal. Más allá de la parte emocional, el aspecto más destacado de esa pinta es su composición visual. Es un escenario imponente, de volúmenes grandes y elementos estilizados dispuestos en orden simétrico y polifacético, elementos, nuevamente, que figuran en el diseño pre-colombino.

Anuncios