En lo personal, la derrota de los kataristas en el congreso de Potosí de 1988, paralela a la crisis de la COB, fueron hechos que nos impulsaron a ambos a tomar nuevos rumbos, que nos condujeron a vincularnos con el mundo cocalero. Después del fracaso y represión de la Marcha por la Vida en 1986, Filemón renuncia como dirigente de la COB y se va al Chapare a volcar su experiencia en la formación de un sólido liderazgo sindical cocalero. Por mi parte, en octubre de 1992, luego de ver la masiva cooptación de las demandas indígenas por un tinglado de ONG que se habían convertido en el refugio de la izquierda criollo-mestiza, me voy a vivir a Chulumani, iniciando una prolongada relación, intelectual y política, con los cocaleros yungueños y sus luchas. Acompañamos, cada uno a su manera, a los cocaleros cuando eran invadidos, baleados y reprimidos. Caminamos con ellos y soportamos el estigma de drogados, subversivos e ilegales. A través de estos procesos se nos hizo evidente el modo inédito en que el movimiento cocalero combinaba la política sindical moderna con la memoria larga de las comunidades indígenas y sus símbolos culturales. Y ahí descubrimos a la coca como expresión de una nueva “comunidad imaginada” de raiz y tronco indígena pero de follaje densamente moderno, capaz de seducir a las capas medias urbanas con un lenguaje de alteridad que las incluya en un proyecto común de refundación del país.

De otro lado, en los años noventa surgió en varias regiones del mundo un nuevo tipo de izquierda, menos doctrinaria y a la vez más plural y abigarrada. En ella convergían ecologistas, feministas, defensores de la naturaleza y de la diversidad sexual, corrientes contraculturales anarquistas, movimientos indígenas y alianzas económicas autogestionarias. La descriminalización de las sustancias ilícitas y la defensa de las “plantas maestras” indígenas abrieron otro frente de alianzas nacionales e internacionales de vasto alcance político y simbólico. El discurso cocalero pudo invocar así nociones más universales como los derechos humanos, la defensa del medio ambiente, el respeto por las plantas indígenas y la defensa de sus usos legales y benéficos, sustentados en visiones alternativas de la modernidad y del mercado.