A esta hora parece que todo está tranquilo en Tripoli. Aquí son las dos y media de la madrugada, así que allí deben ser las tres y media. El ritmo de Twitter se ha calmado y acaba de llegar un tweet de @AliTweel diciendo. “Now, there is no gunfire at the moment i’m setting infront of the tv with my small family, wife and son. Raining outside”. Lo ha enviado por iPhone y supongo que desde Tripoli, porque que allí está lloviendo es una de las pocas cosas de las que nos hemos podido enterar tras la pintoresca aparición de Gadafi en televisión con un paraguas en la mano.

Estos días he estado siguiendo un poco desde lejos la situación en Libia. Las noticias que llegaban eran confusas, y además había quedado saturado de vicisitudes políticas tras los días pendiente de la plaza Tahrir. Y cuando por fin cae Mubarak en Egipto, la gente se echa a la calle en Bahrain y en Libia (y en Yemen, y en Argelia y en Marruecos…). Alguien pedía por favor en Twitter que no lanzasen todas las revoluciones en paralelo, que no había manera humana de seguirlas todas. Ha sido curioso, varias veces que yo iba pensando cosas como esta, alguien ya lo había escrito y yo solo tenía que retuitearlo. Bueno, pues eso, iba siguiendo la situación desde lejos, hasta que ayer noche todo empezó a cambiar y me volví a quedar enganchado.

A pesar del bloqueo informativo, las noticias de que los manifestantes se habían hecho con el control de Bengasi y la parte oriental de Libia cada vez eran más claras. También aquí había habido duros combates con mercenarios de Gadafi, en este caso subsaharianos con armas de gran calibre, así como víctimas locales por francotiradores. Un tétrico guión que se repetía de nuevo, más brutal cada vez. El propio ministro de justicia le Libia parecía que había dimitido por estos hechos y una de las tribus más importantes, los Warfala, se habían pasado al bando anti-Gadafi y amenazaba con bloquear el bombeo de petróleo a la costa. Después de este cursillo acelerado sobre el proceso de descomposición de una dictadura que hemos tenido estos días, todas estas señales apuntaban a que se estaba a punto de cruzar la línea roja de no retorno, el punto crítico. Solo faltaba un discurso televisado prometiendo reformas, y eso es exactamente lo que pasó a continuación.

El encargado de hacerlo fue Seif al-Islam, el segundo hijo de Gadafi, sin cargo actual en el gobierno y considerado el más reformista de la familia. Fue grotesco, tristemente grotesco. Efectivamente ofreció reformas, pero es un fallo estructural de este guión repetido: no puedes ofrecer reformas despues de haber intentado masacrar a tu auditorio. La simple oferta ya es una señal de que no has podido acabar con ellos y de que ahora vas a intentar convencerlos, una señal de debilidad. Para compensarlo, Seif al-Islam anunció la guerra civil y el apocalipsis si no se llegaba a un acuerdo, y era para tomárselo en serio.

Hoy ha sido un día terrible. Noticias de que la aviación estaba disparando contra los civiles, de que dos aviones había huido a Malta, de que varios embajadores estaban dimitiendo, fotos atroces de cadáveres detrozados, vídeos de los tiroteos que habían podido romper el bloqueo,  llamamientos religiosos a detener la violencia, caos, todas las comunicaciones cortadas. Parecía un genocidio en marcha. A última hora de la noche la televisión ha anunciado una entrevista con Gadafi. En un momento dado, (yo estaba viendo Al Jazeera y han interrumpido para dar paso) ha aparecido en pantalla medio asomado en un coche con un paraguas en la mano diciendo que estaba en Tripoli y que quería ir a la plaza donde estaban los manifestantes pero que no iba porque estaba lloviendo. Y esto ha sido todo. Esta vez ha sido patético.

Pero las cosas se han calmado desde entonces, como también se calmaron despues del segundo discurso de Mubarak. @Dima_Khatib repite con sorna estos días que los presidentes disponen de tres discursos antes de tener que abandonar el poder, el tercero es el fatídico. Si sumamos el de Seif al-Islam ayer, a Gadafi solo le quedan uno y medio.

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