Esta tarde he estado viendo la conferencia de Ricard Solé en el CCCB. Digo que he estado viendo porque iba a ir pero cuando he visto que la transmitían por Ustream al final me ha dado pereza y me he quedado en casa. La conferencia iba sobre la serendipia, esa extraña palabra que vengo oyendo desde hace un tiempo y quiere decir que se te ocurra algo de chiripa, que se te ocurra la solución a algo en plan eureka, casi por accidente, y no solo por haberlo acorralado con argumentos o ecuaciones.

El tema siempre me ha parecido de un interés relativo, por la paradoja de aproximar el foco intencional a unas ocurrencias que precisamente no lo son, pero bueno, la sesión estaba dedicada a “a ver de dónde surgen las buenas ideas, y si es posible cultivarlas”, y lo que ha hecho Ramon Solé es recorrer y describir un posible habitat de las buenas ocurrencias en el ámbito científico. Y poco a poco el tema me ha empezado a interesar más, no tanto por el manual de cultivo en sí (ya de entrada ha dicho que no hay recetas) sino por otros temas + o – laterales que de alguna manera forman parte de ese habitat y que sí son perfectamente intencionales.

Voy a seguir dos de los hilos que han salido en la conferencia y que tienen que ver con cosas que llevo en la cabeza. En primer lugar, para resituarme y salir de la pura dicotomía intenciona/nointencional, veo que cuando se habla de serendipia se está planteando incentivar la aparición de las buenas ideas necesarias para resolver problemas en una época como la actual de cambio rápido de paradigmas. La complejidad y el dinamismo actuales, tanto en la sociedad como en la ciencia, suponen muchas veces un handicap para los métodos acreditados y una ventaja para las ideas llegadas en paracaidas. Vale. Entonces “cuanto más complejo es un problema, más soluciones tiene” y el objetivo es una idea/pico-máximo dentro de lo que ha descrito como un paisaje/landscape de posibilidades desiguales, una cordillera cubierta de niebla en donde la solución se encuentra en el pico más alto, pero donde corremos el riesgo de perder el tiempo escalando el de al lado. Vale.

Entonces la pregunta que ha hecho (y a ver si me sirve para tirar del hilo) es: “¿Hasta que punto tenemos acceso a todas las soluciones de un problema?” Antes había empezado poniendo el ejemplo de Wiles y su demostración del Teorema de Fermat, o luego el de Veneziano en el origen de la teoría de las cuerdas como procesos en los que de repente se hace la luz, y luego ha seguido rastreando las funcionalidades sorprendentes pero desajustadas del cerebro en el caso de Nash y la esquizofrenia o del autista de Rainman. Quizá la pregunta se puede reformular diciendo: “¿Qué nos impide tener acceso a todas las soluciones de un problema? En los dos primeros casos quizá se podría decir que el itinerario de investigación que llevaban tanto Wiles como Veneziano dió sus mejores resultados cuando dieron un salto cuántico lateral (abusando de la metáfora), y conste que lo digo un poco a boleo, a partir de lo que recuerdo de los documentales que vi sobre ellos. Quiero decir que uno de los obstáculos para acceder a un máximo de soluciones de un problema determinado puede ser la propia estructura narrativa del cerebro y la dirección tomada, entendiendo narrativa en el sentido de itinerario temporal en el que unas memorias traen a las siguientes y la dirección de los pasos anteriores marcan la dirección (¿lineal?) para los posteriores. Tengo la impresión de que llevamos el foco en el casco, como los mineros, y lo que nos haría falta es una pantalla de radar.

Pero de hecho elegir y valorar una línea de investigación determinada (o muchas otras cosas) se suele hacer a partir de unos criterios previos y acreditados, y seguramente puede ser que si llevamos el foco en el casco (y no caminamos de lado y haciendo zigzag como las serpientes cascabel) se deba precisamente a razones evolutivas, o en cualquier caso prácticas, y aquí la cosa para mi se pone más interesante. Por lo que he ido leyendo, parece que el crebro funciona a base de patterns, o sea, el cerebro va aprendiendo cosas del mundo, las reconoce y las almacena de manera que las tenga a mano para identificarlas después, y todas ellas se van integrando en una estructura parece que bastante coherente, menos en algún caso escepcional como el de la esquizofrenia. El caso es que tanto el proceso de aprendizaje com la estructura resultante son útiles y responden a un estado determinado del entorno. Mientras el entorno se mantenga, lo que has aprendido sobre él seguirá siendo útil. Pero el problema se presentará cuando por alguna variación, del entorno u otra (generacional, por ejemplo), sea necesario resolver problemas nuevos para los cuales la experiencia acumulada puede significar más un obstáculo que un puente. En este sentido la dificultad para tener acceso al máximo de soluciones de un problema podría estar relacionada con el grado en el que seguimos determinados por nuestros conocimientos anteriores, y aquí habría que incluir prejuicios metódicos, culturales, generacionales y demás. Es decir, lo que nos es útil en un momento puede no sernos útil en otro, y esto normalmente sucede sin que tengamos a la vista la fecha de caducidad. Igual que cuando escalamos el pico de al lado, nos enteramos luego.

Pero hay otro hilo aquí del que también se puede tirar. Tanto en el caso de Wiles como en el de Veneziano y otros muchos, algo pasa en un momento dado y se ve una relación que no se había visto/previsto, que no estaba en el itinerario. No estaba en el itinerario, pero el cerebro ha sido capaz de hacerla, y era la correcta. El otro hilo, que puede ser muy largo, es el de las funcionalidades sorprendentes que en un momento dado muestra el cerebro, como en el caso de Nash o de Dustin Hoffman. El cerebro parece que tiene una estructura narrativa “unidimensional”, claramente visible en la memoria, pero a la vez también dispone de un volumen considerable de recursos no necesariamente estructurados que a veces la conciencia recorre como un minero. Estos recursos (o AMNI, Actividades Mentales No Identificadas) aparecen, diría yo, tanto en el ámbito de las enfermedades mentales, en el de las diversidades culturales o en el de las experiencias psicodélicas. Vale, el cerebro abarca más que un itinerario, o tiene más itinerarios, o en algún sitio tiene hasta una pantalla de radar, pero igual que resulta difícil tener acceso a todas las soluciones de un problema, también resulta complicado tener abiertos y abarcar simultáneamente itinerarios diferentes, aunque sean muchas veces los cruces de caminos entre esos itinerarios los que produzcan buenas ideas, los que permitan los saltos laterales  (Watson  y Crick con el ADN es otro ejemplo).

Bueno, a mi estos dos hilos me llevan a algunas cosas que he leido sobre la información y el conocimiento en Luhman y en Francis Heylighen. En el caso de Luhman, la idea de que un sistema se diferencia de su entorno reduciendo su complejidad, y de que “el sistema contiene como complejidad un excedente de posibilidades que él mismo reducirá autoselectivamente”. Si es posible hablar del sistema conciencia dentro del sistema cerebro, la conciencia fijaría su itinerario reduciendo complejidad, y sería ese mismo gesto el que le pondría difícil acceder a muchas soluciones o abarcar diferentes itinerarios. Solo en determinadas ocasiones se produciría algún tipo de proximidad o comunicación que produciría la chiripa, siempre más probable cuando no estemos mirando o cuando hayamos aprendido a hacernos los distraidos.

Y Heylighen por su parte da una estupenda descripción del conocimiento en términos de sistema y entorno:

An organism’s knowledge should not be seen as an objective reflection of outside reality, but as a subjective construction, intended to help find a way to reconcile the system’s overall goal of maintaining its organization with the different outside perturbations that may endanger that goal.

Es una buena descripción porque por una parte permite suponer que mi conocimientos actual, el que en un momento dado puede ser un obstáculo para mis mejores ideas futuras, es una construcción subjetiva que tiene su razón de ser en una determinada disposición de mi sistema con mi entorno, y es bueno que así sea. Explica a su vez por qué es más frecuente que las ideas geniales o las funcionalidades sorprendentes aparezcan con relativa frecuencia en personas que tienen de alguna manera alterada su conducta en uno u otro sentido. Una apertura determinada hacia el volumen de recursos del cerebro en bruto puede requerir la pérdida del itinerário adecuado entre sistema y entorno. Pero lo que también señala, y es lo que se puede utilizar de conclusión de todo esto, es que la relación entre cualquier sistema y su entorno es dinámica, de manera que la respuesta ante las previsibles perturbaciones del entorno requieren de una agilidad y de una flexibilidad que habría que aceptar a todos los niveles, desde el educativo al cultural. Y tal.

Uff! esto del Ustream es peligroso.

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