Esta tarde he leido en un tweet de Wikileaks que el Swiss Bank Post Finance ha bloqueado hoy la cuenta de Julian Assange. Esto se suma a la cuenta que congeló PayPal la semana pasada. Luego ha llegado un aviso de que sus servidores en Suecia estaban siendo atacados. Entretanto, otro mensaje informaba de que Julian Assange encabeza los votos para ser declarado persona del año por el Time Magazine. Cualquier persona puede votar en la web del Time. Otro tweet informaba de que Wikileaks está ahora alojado en 507 servidores repartidos por el mundo, de manera que va a ser bastante dificil echarlo abajo. A pesar del ataque a los servidores suecos. Bueno, esto son partes de guerra, una guerra que está ocurriendo ahora mismo y de la que estamos teniendo información inmediata, y una guerra que no necesita más armas que un teclado.

Lo tremendo es que se trata de una guerra de información, una guerra de información en la Sociedad de la Información, que tiene lugar aquí mismo, en Internet, en el mismo medio en que circula la mayoría de la información actualmente. El problema es que no estaba previsto que esta información corriera por aquí, se suponía que solo debía correr por la SIPRNet, la Internet paralela que utiliza el Pentágono y el Departamento de Estado para transmitir información clasificada. Pero, como explica Heather Brooke en un artículo estupendo en The Guardian, una de las lecciones del 11S es que los errores se habían producido por no compartir información entre diferentes servicios, de manera que actualmente tenían acceso a SIPRNet unos dos millones de usuarios. Pero si la información compartida es más eficiente, también se amplía el riesgo de que intervenga lo que Graham Green llamaría el “factor humano”. No parece que nadie haya roto los protocolos de protección de SIPRNet (y si algún servicio extranjero lo hizo, forma parte de su juego no publicarlo), pero parece ser que el soldado Bradley Manning decidió hacer una copia de todo lo que veía en pantalla, la “versión original” y enviarla a Wikileaks.

No es la primera vez que esto pasa, aunque en este caso el volumen y el impacto superan cualquier línea roja, pero en cualquier caso esta fuga de información no habría tenido la misma repercusión si Julian Assange y sus amigos no hubieran creado Wikileaks en enero del 2007, una herramienta diseñada en y para Internet. Lo grande del asunto es que Assange ya teorizaba y explicaba este mecanismo de expansión/eficacia/riesgo de la información en un post de su blog el 31 de diciembre del 2006, es decir, justo antes de abrir Wikileaks y meterse en faena, y ya contaba con esos goteos de información.

You may want to read The Road to Hanoi or Conspiracy as Governance ; an obscure motivational document, almost useless in light of its decontextualization and perhaps even then. But if you read this latter document while thinking about how different structures of power are differentially affected by leaks (the defection of the inner to the outer) its motivations may become clearer.

The more secretive or unjust an organization is, the more leaks induce fear and paranoia in its leadership and planning coterie. This must result in minimization of efficient internal communications mechanisms (an increase in cognitive “secrecy tax”) and consequent system-wide cognitive decline resulting in decreased ability to hold onto power as the environment demands adaption.

Hence in a world where leaking is easy, secretive or unjust systems are nonlinearly hit relative to open, just systems. Since unjust systems, by their nature induce opponents, and in many places barely have the upper hand, mass leaking leaves them exquisitely vulnerable to those who seek to replace them with more open forms of governance.

Only revealed injustice can be answered; for man to do anything intelligent he has to know what’s actually going on.

Después de leer ésto te das cuenta de que Julian Assange no es solo un activista, sino un teórico revolucionario con un conocimiento considerable del mundo y del medio en que se mueve, y de los recursos que puede movilizar para cambiarlo. Un nuevo protagonista en la saga de la épica hacker (aunque no parece que le guste mucho recordar el tema). Justo en el momento en que una mayoría de estados y corporaciones toman decisiones por encima y en contra de los derechos de los ciudadanos bajo la presión de una tenaza económica, y después de mucho tiempo de estar manipulando la información para controlarnos, toda esta historia demuestra que un solo ciudadano con un teclado y un Cd de Lady Gaga puede devolver la pelota e iniciar una buena movida. Realmente alucino con él y con todo el tema,  aquí pongo la entrevista  que le hicieron el en TED.

Y ésta es otra: ¿cómo ha recibido el sistema (Sistema) este bombazo? El tema es muy interesante, porque se han puesto en marcha diversas estrategias de contrainformación que son de uso habitual por parte de los gobiernos, pero la magnitud, la textualidad y la novedad de la situación hace que esas estrategias acaben mostrando la intención para la que fueron creadas y vayan quedando poco a poco desactivadas. Una de las estrategias ha consistido en ignoralo, o desvalorizarlo como cosas que ya se sabían. En España, nuestro inefable Duran Lleida, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso proponia “hacer el menor caso posible” a las informaciones de Wikileaks. Mientras, las cancillerias de medio mundo temblaban al leer las portadas de los periódicos y la Cumbre Iberoamericana (por ejemplo) sufría algunos cambios de agenda. A todo esto, el PP y el PSOE, que han cogido la costumbre de atacarse como fieras por un quítame allá esas pajas, callaban como chinos. Me temo que tanto Durán como los otros están haciendo ahora mismo el ridículo y tendrán que reaccionar de otra manera.

Y en cuanto a que los temas ya eran conocidos, bueno, primero hay que tener en cuenta el método que ha utilizado Wikileaks para distribuir la información. Se las ha facilitado a cinco periódicos con cierto prestigio, El País, Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, y The New York Times, y son ellos los que hacen la selección que luego publican y Wikileaks cuelga en su web. Es decir, la distribución es compartida, y la responsabilidad también. Esto puede suponer un filtro añadido, pero también es una medida de seguridad, e incluso un mecanismo de contrapeso. Es posible que exista información que el New York Times prefiriera no publicar, pero que al final lo haga si lo hace Le Monde (por ejemplo). En todo caso, todos han reconocido que han pactado previamente entre si la información a publicar. Es un filtro.

Pero incluso así, no es lo mismo sospechar que los USA han estado presionando para conseguir una ley antidescargas, que estar leyendo directamente de la fuente original el plan de campaña que pusieron en marcha a partir del 2007 desde su embajada. Por cierto, ésta era una información cuyo valor político dependía de la fecha de su publicación, pues parece que la Ley Sinde está previsto que se vote en el Congreso este mes de diciembre. El 30 de noviembre, dos días después de iniciadas las filtraciones, Ignacio Escolar reclamaba esa información. El 2 de diuciembre por la mañana, Javier de la Cueva la volvía a reclamar a “EL País”, y Boing Boing se sumaba a primeras horas de la tarde. Finalmente “El País” le dio prioridad y la publicó el día 3.

Pero frente a estas triquiñuelas de manual, la reacción del Sistema ante Wikileaks y Julian Assange ha ido creciendo paulatinamente y volviéndose más y más amenazadora. De hecho no queda para nada claro que se les pueda acusar de ningún crimen (y que yo sepa no se les ha acusado) puesto que lo que han hecho no es más que publicar la información que le ha llegado (después de comprobarla) como han venido haciendo los periódicos siempre que han tenido ocasión. Un hijo de puta, que además es profesor de universidad en Calgary y ex consejero gubernamental, no se cortó un pelo en decir en televisón que Assange debía ser asesinado, Sara Palin (otra hija de puta) pide que lo cacen como a un terrorista. El truco es no reconocerle el status de periodista, por la cara. Pero después de la retórica vienen las acciones directas, y aquí es donde empieza la guerra.

La semana pasada las presiones (extrajudiciales, porque no hay delito) consiguieron que Amazon cerrara los servidores de Wikileaks y que PayPal bloqueara su cuenta. A esto siguieron sendas campañas entre los usuarios de Internet para cerrar las cuentas que cada uno pudiera tener en estas dos compañías. Yo cerré la mia en PayPal y les expliqué el motivo. No se podrá conocer el impacto, pero en menéame la iniciativa tuvo mucho éxito. Los ataques al servidor de Wikileaks ya son rutina, pero hicieron un llamamiento para encontrar nuevos alojamientos y ahora (hace un rato) ya disponen de 507.

A Julian Assange ha conseguido imputarle de un delito que solo existe en Suecia. No de violación, como se ha difundido con otra de esas triquiñuelas que acaban rebotando, sino por follar sin preservativo, o con el preservativo roto, y no querer hacerse luego un análisis. Un delito realmente pintoresco para ser ahora mismo uno de los hombres más buscados por la Interpol. Que te busque la Interpol porque se te rompió el preservativo, cuando por medio anda Wikileaks, pone en una flagrante evidencia los métodos que utilizan los servicios responsables para intentar anular resistencias. Negro sobre blanco. Luego han conseguido bloquear la cuenta en Suiza con otro pintoresco pretexto: “The technicality used to seize the defense fund was that Mr. Assange, as a homeless refugee attempting to gain residency in Switzerland, had used his lawyers address in Geneva for the bank’s correspondence”. En un caso es un problema con el condón, y en el otro un lío de direcciones. Señores, lo siento, a las malas son ustedes temibles, pero están haciendo un ridículo espantoso frente al mundo que espero les pase factura.

Lo que es evidente es que las dos estrategias no concuerdan: si los documentos se pueden ignorar, o no son tan importantes, no seria necesario amenazas de muerte ni bloqueos extrajudiciales, pero el hecho de que se produzcan pone en evidencia que Wikileaks a tocado botones importantes que ponían en rojo “No tocar”, Como dice Heather Brooke, “Much of the outrage about WikiLeaks is not over the content of the leaks but from the audacity of breaching previously inviolable strongholds of authority”. Y de nuevo esto es algo que Julian Assange tiene muy claro. En el chat que compartió con los lectores de “The Guardian” el 3 de diciembre hay un párrafo que me dejó realmente preocupado.

The west has fiscalised its basic power relationships through a web of contracts, loans, shareholdings, bank holdings and so on. In such an environment it is easy for speech to be “free” because a change in political will rarely leads to any change in these basic instruments. Western speech, as something that rarely has any effect on power, is, like badgers and birds, free. In states like China, there is pervasive censorship, because speech still has power and power is scared of it. We should always look at censorship as an economic signal that reveals the potential power of speech in that jurisdiction. The attacks against us by the US point to a great hope, speech powerful enough to break the fiscal blockade.

Primero, por la idea de que la libertad de expresión en Occidente pueda ser libre porque ya es ineficaz para cambiar el sistema económico. O de otra manera, que aquellas opiniones que no se censuran es que son ineficaces y el sistema ya ha generado antídotos para anularlas. De manera que la prueba de que cualquier información tiene capacidad de cambiar algo es precisamente que sea censurada. Es una opinión extrema, pero visto el panorama social y político que tenemos delante, en donde las huelgas y las manifestaciones ya no parecen eficaces, pues es una opinión a tener en cuenta. Por otra parte la comparación con China,  precisamente con China, en donde considera que la palabra sigue siendo munición, y además por esa estrategia de inversiones que se gasta, “los ataques demuestran nuestra fuerza”, y que tiene un curioso olorcillo a Sun Tzu.

Hay otro tema que tiene que ver con todo esto, y que comenta un editorial de “The Hindu” del 5 de diciembre. El editorial se titula “Digital McCarthyism”, y recuerda (desde Asia) las declaraciones a favor de la  libertad en Internet que defendieron tanto Obama como Clinton con motivo del rifirrafe entre Google y el gobierno Chino:

Earlier this year, President Barack Obama was ‘troubled’ by the cyber attacks on Google, which were said to originate in China, and wanted those responsible to face the consequences. The more freely information flows, the stronger society becomes, he had said during an earlier visit to China. Secretary of State Hillary Clinton was also strongly critical of Internet restrictions in China. Now the boot is on the other foot. Concern for free speech is nowhere in evidence as extra-legal methods are deployed to deny Americans their First Amendment rights.

Es duro que al pais de la primera enmienda le recuerden los deberes desde la India, pero es que además este editorial pone el dedo en la coartada que suele poner el gobierno chino cada vez que se le acusa desde Occidente de atentar contra los derechos humanos: vosotros haceis lo mismo. Bueno, para que quede claro que aquí no hacemos lo mismo tenemos que cambiar todo el escenario y aceptar que la información es tanto más eficaz cuanto más compartida, y la democracia tanto más fuerte cuanto más información hay disponible. Los sujetos de la democracia, a pesar de lo que pueda parecer últimamente, seguimos siendo los ciudadanos, los que tecleamos y los que no, y visto lo visto todavía parece que la autentica democracia sigue siendo una opción revolucionaria, mire usted por donde. O es revolucionaria o hay que acabar clasificándola en lo que Kant llamaba ideas reguladoras de la razón, aquellas ideas a las que nunca se llega pero que sirven para poner enseguida en evidencia al que se va por los cerros de Úbeda.

Pues eso, que esto es una guerra y tú tienes un teclado en las manos. En el chat de “The Guardian”, Julian Assange acabó diciendo: “Will we survive? That depends on you.”