Archivos para el mes de: octubre, 2010

Pues hoy he terminado otro buen libro. En castellano lo han traducido como “Pekín me deslumbró” y son los recuerdos de la larga temporada que John Blofeld pasó en Pekín a mediados de los años treinta, de 1934 a 1937,  justo antes de la invasión japonesa. A John Blofeld lo conocía por otro libro que leí hace años, “Taoism: The Quest for Immortality”, en donde explicaba el taoismo popular y la vida de los ermitaños taoistas que encontró en sus viajes por el interior de China. Pero este libro sobre Pekín tiene otro registro, se presenta como una crónica mundana (“A Frank Account of Old Peking’s Exotic Pleasures”), pero es a la la vez una fascinante (y divertida) crónica social, política, y también religiosa, en un momento en el que todo esta a punto de cambiar, la calma antes de la tempestad.

Lo que han hecho con el título es bastante desastroso. En inglés se llama “City of Lingering Splendour”, que viene a ser “Ciudad de persistente esplendor”, con toda la gama de matices que tiene “linger” de lentitud, de pereza, de resistencia a despedirse. Como la persistencia de un olor que se resiste a desaparecer (parece un título traducido del chino). Pues todo ésto lo han reducido al comentario que te puede hacer cualquier compañero de trabajo después de un tour por la Gran Muralla. En fin. Suerte que el libro luego está bien traducido y se lee estupendamente (aquí se puede descargar el primer capítulo), pero se pierde del todo la clave que da el título, como si fuera la línea de un verso.

Pero es verdad que Pekín lo deslumbró. En un momento dado termina una anécdota explicando: “Al mismo tiempo, sentí una simpatía inmediata por alguien que, como yo mismo, seguía al cabo de los años bajo el hechizo de Pekín”, y esa ha sido la sensación que he tenido al leer el libro, la de alguien enamorado de la ciudad. Yo también volví deslumbrado de Pekín, sin ese deje a veces melancólico de Blofeld porque yo la visité justo después de las olimpiadas, en una época de expansión (y no como él en una época de decadencia) pero con esa única visita ya fiché en el club de fans de Pekín, el mismo club en el que Blofeld había fichado años antes. Y el Pekín de los años treinta siempre me ha resultado especialmente interesante porque debió ser la época en que Gia Fu Feng fue allí a estudiar en la universidad, y a veces le había oido contar historias.

Pero aparte de ese tono general de admirador fichado, lo que me ha resultado destacable es como Blofeld consigue describir ese momento especial en la vida de Pekín a partir de los diferentes itinerarios de los amigos sobre los que escribe. Cuando Blofeld llega a Pekín, después de tres años en Hong Kong enseñando inglés y aprendiendo chino, hacía más de veinte años que el imperio había dado paso a la república, aunque Pekín, que había dejado de ser capital en favor de Nanjing, seguía viviendo en cierta manera a su sombra. Esa parte tradicional del viejo Pekín la explica a través de sus correrías con el profesor Lee y el doctor Chang, bastante mayores que él, y con los que igual visita los restaurantes que los templos o las casas de muchachas. Pero su primer guía por los vericuetos de Pekín es Pao, mucho más joven y todo un personaje, que aparece primero como un joven apasionado y hedonista y poco a poco se le va mostrando como un resultado del movimiento del 4 de mayo y de la república, cansado de Confucio, indignado por la escasa resistencia del gobierno republicano a la presión japonesa, y dispuesto a apoyar cualquier reacción a esa situación de estancamiento, una actitud que finalmente le lleva en la dirección del futuro de China más por motivos prácticos, parece, que ideológicos.

Los personajes se suceden y cada uno cuenta una parte del puzzle de aquél Pekín en la cuerda floja. Chu Tê-Ku y la decadencia de las familias nobles manchúes con la llegada de la republica, Shura y la comunidad de rusos blancos refugiados de la revolución bolchevique, Flauta de Jade y la cuidada escenografía de las casas de muchachas y el ermitaño del Melocotonar, ejemplo de taoista chiflado y el primero de toda una serie que Blofeld, que era budista, fue describiendo en varios libros.

Pekín entonces chisporroteaba. Aquel abigarrado final de época solo ahora ha conseguido dar un giro completo e inagurar una nueva. El esplendor persiste.

Entre unas cosas y otras, llevaba una buena temporada sin hacer fotos, pero hoy he estado en el CCCB (en el Kosmopolis) y a la salida había una luz perfecta para seguir todas las curvas y recovecos del MACBA. Llevaba la cámara y ha salido ésto.

Una apacible tarde del mes pasado mi portatil se bloqueó. No es frecuente que Ubuntu se bloquee, pero bueno, algunas veces pasa. Le hice el REISUB y cuando rearrancó… sorpresa! la pantalla estaba dividida en seis áreas iguales con el Grub esperando el enter en cada una de ellas y una letra diminuta e ilegible, claro. Le di al recovery mode, estuve trasteando por ahí, reinicié y cargó la habitual pantalla completa. UFFF! Pero a los dos o tres días se volvió a repetir la historia, y esta vez no fue tan facil recuperar la pantalla, pero al final salió. Ya un poco mosca, guardé todo en un disco externo, y la próxima vez que pasó probé de entrar con el Vista, pero ni siquiera se cargaba, y Ubuntu solo se terminaba cargando en modo texto, en plan cónsola. Para asegurarme de que el problema fuera de hardware probe a meter el Knoppix, pero se negó en rotundo.

Vale, pues todo parecía indicar que tenía jodida la tarjeta gráfica en un portátil que me compré hace dos años y pico, justo el pico para que ya no tuviera garantía. Pero de todas formas, que raro. La tarjeta es una NVIDIA GeForce 8600M, una buena tarjeta que busqué precisamente para que se luciera con los juegos. El portátil es un Acer Aspire 5920G (que iba como la seda), así que lo llevé al servicio oficial Acer. Allí expliqué el caso al tipo que encontré detrás del mostrador (medio aburrido y medio pasando), y me dijo que efectivamente era problema de la tarjeta gráfica, pero que la tarjeta iba integrada en la placa base y que si se cambiaba había que cambiarlo todo, tarjeta y placa, que me costaría 450 euros y que por ese precio era mejor que me comprase uno nuevo. Todo con el sonsonete del que ya ha repetido la historia unas cuantas veces. Entonces tuvo la amabilidad de ofrecerme el catálogo con los nuevos productos. Joder.

Me volví con el portátil a casa y eché mano del Google. No era el único con este problema, las posibles soluciones, como siempre, eran variadas, pero me llamó la atención uno que aventuraba que el problema no estaba en la propia tarjeta, sino en un fallo de la soldadura con la placa por sobrecalentamiento, y recomendaba volver a soldar la tarjeta a la placa. No tengo el link a mano, pero explicaba todo el proceso con fotos. Yo, de todas maneras, no lo vi muy claro, nunca he soldado nada y podía acabar cargandomelo todo. Continue buscando, y de repente encontré una referencia al “problema de la “NVIDIA GeForce 8600”. ¿Problema?, ¿qué problema? Nueva búsqueda y aquí salió el tomate. Aparece muy bien explicado el el artículo de la Wikipedia dedicado a las “GeForce 8 Series”:

Some chips of the GeForce 8 series (concretely those from the G84 and G86 series) may suffer from an overheating problem. NVIDIA states this issue should not affect many chips,[38] whereas others assert that all of the chips in these series are potentially affected.[38]  NVIDIA CEO Jen-Hsun Huang and CFO Marvin Burkett were involved in a lawsuit filed on September 9, 2008 alleging that their knowledge of the flaw, and their intent to hide it, resulted in NVIDIA losing 31% on the stock markets.[39]

The reason for the high failure rate was because of faulty solder material; when the GPU heated up and then cooled over its use, particularly when used in GPU intensive operations like games, the solder would become soft when hot, and when cool, that solder would crack, causing failure in the 8600M GT, 8600M GS, 8400M GT, and 8400M GS cards. It is widely acknowledged that these cards have a universal design flaw. It has also been speculated that mobile cards prior to the GeForce 8M series like the GeForce Go 7600 and earlier also have this design flaw, although it has not been proven.

An Apple support page describes this problem on some of the MacBook Pro laptops, manufactured in 2007-2008.

Efectivamente, en una nota en la sección de soporte, Apple explica:

In July 2008, NVIDIA publicly acknowledged a higher than normal failure rate for some of their graphics processors due to a packaging defect. At that same time, NVIDIA assured Apple that Mac computers with these graphics processors were not affected. However, after an Apple-led investigation, Apple has determined that some MacBook Pro computers with the NVIDIA GeForce 8600M GT graphics processor may be affected. If the NVIDIA graphics processor in your MacBook Pro has failed, or fails within four years of the original date of purchase, a repair will be done free of charge, even if your MacBook Pro is out of warranty.

Vale, parecía que el problema estaba reconocido, que Apple (y también Sony) se hacían cargo de la reparación incluso estando fuera de garantía. Pero Acer no. Bueno, pensé que quizá era una buena ocasión para acercarme a la oficina del consumidor, sin muchas esperanzas, desde luego, pero aquí había un tema que según quién lo cogiese podía dar juego, y además (que yo sepa) el tema no ha tenido mucha repercusión en España. Entonces estuve buscando un reconocimiento oficial de NVidia que pudiera presentar en una reclamación oficial, y encontré la nota que envió el 2 de julio del 2008 a la UNITED STATES SECURITIES AND EXCHANGE COMMISSION en la que explica:

On July 2, 2008, NVIDIA Corporation stated that it would take a $150 million to $200 million charge against cost of revenue to cover anticipated customer warranty, repair, return, replacement and other consequential costs and expenses arising from a weak die/packaging material set in certain versions of our previous generation MCP and GPU products used in notebook systems. All newly manufactured products and all products currently shipping in volume have a different and more robust material set.

The previous generation MCP and GPU products that are impacted were included in a number of notebook products that were shipped and sold in significant quantities. Certain notebook configurations of these MCP and GPU products are failing in the field at higher than normal rates. While we have not been able to determine a root cause for these failures, testing suggests a weak material set of die/package combination, system thermal management designs, and customer use patterns are contributing factors. We have developed and have made available for download a software driver to cause the system fan to begin operation at the powering up of the system and reduce the thermal stress on these chips. We have also recommended to our customers that they consider changing the thermal management of the MCP and GPU products in their notebook system designs. We intend to fully support our customers in their repair and replacement of these impacted MCP and GPU products that fail.

We have begun discussions with our supply chain regarding reimbursement to us for some or all of the costs we have incurred and may incur in the future relating to the weak material set. We will also seek to access our insurance coverage. We continue to not see any abnormal failure rates in any systems using NVIDIA products other than certain notebook configurations. However, we are continuing to test and otherwise investigate other products. There can be no assurance that we will not discover defects in other MCP or GPU products.

¡Bingo!, ya tenía algo sólido para protestar. Ya me estaba preparando para ir a la oficina del consumidor con ésta y otras informaciones que habían aparecido en la red (a pesar de las malas experiencias que explicaban en lo foros), cuando una noche que estábamos tomando unas cervezas con Víctor y Gemma me comentaron de pasada que una amiga tenía un problema en su portátil, había recogido un anuncio de informáticos en la calle, que resulta que eran chinos, y se lo habían arreglado en un plis plas soldándo no se qué. Cuando oi lo de soldar se me levantaron las orejas y les pedí la dirección. Al cabo de unos días me la pasaron y para allí que me fui con mi portátil. En cuanto lo vieron me dijeron que, efectivamente, era un problema de la tarjeta gráfica y que me la cambiaban por 98 euros. Sin dudar dije que sí. Hace unos días me avisaron de que ya lo tenían, fui a buscarlo y aquí lo tengo, funcionando otra vez como una seda. Le he comprado un ventilador de base para que no vuelva a tener problemas de sobrecalentamiento, pero eso ha sido todo.

Para mi, toda esta historia ha tenido dos moralejas. La primera es que si encuentras una solución práctica, mejor no meterte por los tortuosos caminos de las reclamaciones oficiales, que nunca sabes donde te van a llevar, y es una triste moraleja. La otra es más positiva. Lo que nadie te hace ya aquí (y parece incluso que ni siquiera lo puedes proponer), reparar una tarjeta gráfica integrada en la placa, solo la tarjeta, pues me lo han hecho sin mucha complicación este grupo de informáticos chinos que trabajan en Barcelona. Por un lado está la cultura de tíralo y cómprate uno nuevo (lo veo constantemente con el servicio técnico que tenemos en el trabajo), y por otra está la de esmerarse y dedicar tiempo y pericia a recuperar algo que todavía tiene años de uso por delante.

joder

Bueno, pues ya vuelvo a estar por aquí. En este mes y pico que no he podido emitir han pasado un montón de cosas: para empezar me he cambiado de piso, a un estupendo apartamento todo nuevo en pleno Raval, y por lo tanto he pasado varias semanas sin conexión a Internet. No tenían que haber sido tantas, pero justo el día que me tenían que venir a poner la linea de teléfono… me da un infarto en plena calle, vaya tela. Me empecé a encontrar mal, cogí un taxi y fui a urgencias. Y allí como en una película: tubos, agujas y mucha gente alrededor. Un dolor tremendo que fue reduciéndose poco a poco, y al final en ambulancia al Clínic. Allí me hicieron un catéter y me dijeron que había sido solo un espasmo que habían podido arreglar bombeando nitroglicerina (pues sí). A los cuatro días me dieron el alta y pude volver a lo que estaba haciendo, acabar de arreglar mi nuevo piso. Esta vez las balas han pasado muy cerca.

El Raval es un barrio que siempre me ha gustado. Ya estuve viviendo aquí en los años 80, cuando esto era el Chino. Entonces vivía en la calle Aurora, entre el Pelayo y la Paloma de Valencia, ya he contado por aquí alguna historia del Pelayo. Ahora el Chino ha quedado reducido a dos o tres calles donde todavía hay tigres (y tigresas), pero el resto sigue siendo una mezcla variopinta y confortable aunque de menor graduación. Las chicas que trabajan en las esquinas son ahora de importación, y hay que reconocer que el promedio ha mejorado considerablemente. Los colmados y las peluquerias de los pakis están abiertos hasta muy tarde, domingos incluidos y los bazares de los chinos tienen absolutamente de todo y también abren los domingos. Estoy a un cuarto de hora andando del trabajo, y a cinco minutos de los sitios que antes tardaba media hora en llegar. Sisi, me gusta el Raval.

Pues entre Ikea y los estupendos bazares del Raval ya tengo (casi) todo lo que me hacía falta: platos, cubiertos, sartenes, alfombrillas de baño, luces y todas esas cosas. Los de teléfonos finalmente me acabaron poniendo la línea y pude salir del agujero negro. Los informáticos chinos superpro que se habían hecho cargo de mi portátil para sustituir una tarjeta gráfica kaputt integrada en la placa, me lo devolvieron en perfectas condiciones gráficas y mentales (esta es otra historia que ya contaré). Parece que todo vuelve otra vez a funcionar, desde mi circulación sanguínea a los circuitos digitales.