Ayer encontré por aquí un cuadro un poco extraño de un pintor que no conocía. Es una escena en los pasillos del metro, con una señora parece que preocupada en primer plano y un grupo de usuarios repartidos a lo largo de las líneas y los espacios que componen toda la estructura. Lo que me llamó la atención es que da una sensación bastante ambigua. Por un lado se trata de una escena realista y cotidiana, pocas cosas más prosaicas que el metro, pero por otra el ambiente es definitivamente raro, con un punto onírico, como detenido y ausente. Nadie parece tener prisa, como si estuvieran posando para un anuncio de los lonely people.

Resulta que el cuadro se llama “Subway” y lo pintó en 1950 George Tooker, un pintor neoyorkino que está clasificado como “realista mágico”. Bueno, un regate curioso al realismo hay en el cuadro, aunque en este caso no se si “mágico” es la mejor manera de describirlo. Hay una impresión general de mal rollo y mediocridad que puede leerse como crítica social, pero formalmente congelado, casi como un realismo socialista sin épica. Este tipo de escenas desangeladas en espacios públicos (el tema suyo que más me gusta) continúa en otros cuadros que pintó por la misma época, en una sala de espera, en una oficina, en una cafetería, todos con ese ambiente que me recuerda un poco el de aquella película genial que rodó Billy Wilder en el 60, “El apartamento”, o sea, el Nueva York cutre de los años 50.

Pero lo que me ha impresionado en “Subway”, además del realismo sui generis, ha sido la fuerza y la consistencia de todo ese juego de pasillos y escaleras en donde aparecen situadas las figuras. Un cuadro del metro con una estructura que podía ser renacentista, eso me gusssta. Pero también me choca, porque tanto George Tooker como sus amigos Jared French y Paul Cadmus son en este aspecto de la composición más académicos, más vinculados a la tradición, que por ejemplo Edward Hopper, que era de la generación anterior.

Con Hooper comparte el silencio de los cuadros y una sensación de vacuidad de la modernidad, pero las composiciones de Hooper están ya influenciadas por la fotografía y el cine y sorprenden por eso, mientras que Tooker seguía haciendo composiciones más clásicas justo antes de la llegada en tromba del expresionismo abstracto, que desguazó ese sentido de la composición como un tsunami. Ahora que las aguas han bajado, me ha resultado una sorpresa encontrar ese paisaje urbano de los 50 con toda la carpintería traida del Quattrocento.