Estoy leyendo un libro realmente curioso, “El bebedor de yague” de Fernando Payaguaje . Son las memorias que un curandero Secoya les cuenta a sus nietos, y que éstos tradujeron al castellano y publicaron en un libro que también fue traducido al inglés, que es la versión que estoy leyendo (se puede descargar aquí). Los indios Secoya eran hace años un grupo numeroso que ocupaba un territorio lindante entre Colombia, Ecuador y Perú, pero que en la actualidad han quedado muy reducidos y viven fundamentalmente en Ecuador, en un territorio de 40 000 ha que sufre los consabidos problemas de intromisión externa y explotación maderera.

Fernando Payaguaje, que nació alrededor del 1915 y murió en 1994, les explica a sus nietos como era la cultura de los Secoya antes de todo esto, y lo que les explica es sorprendente porque lo que para él es parte de su biografía, para un lector europeo como es mi caso suena a materia de cuentos de hadas o a Alicia en el pais de las maravillas. Y sin embargo no dudo de que lo que cuenta es cierto. La clave está en que la cultura de los Secoya, como la de otras muchas tribus del Amazonas, apoya una de sus patas en el uso del yague, son realmente culturas que se mueven con soltura entre dos mundos y en donde las maravillas y metamorfosis que los europeos solo aceptamos en la literatura ellos parece que ya se las encuentran directamente de pequeñitos.

Hoy he leido un párrafo que me ha conmovido por la última frase: “Mi padre hacía cosas así.” Como el texto original era castellano, esta vez me he puesto a traducirlo y aquí lo pongo. Me he quedado pensando que debe suponer tener un padre que haga cosas así.

“En los tiempos antiguos los grupos Secoya vivían alrededor de la boca de la Aguarico, en el Napo. En aquellos días no había mestizos. Mi familia vivía allí, un grupo con grandes curanderos, que conocían a los animales.

Mi familia bebía mucho yagé. Un día, el jefe de la familia observó que su hija estaba haciendo un collar con frutos secos del bosque. Él le dijo: “Espera, no hagas eso, te voy a traer algunos de los buenos. Esos no valen nada “. Se fue y se bañó, se bebió su yoco sentado en su taburete de madera Pambil. Empezó a transformarse en un cerdo salvaje, un huangana. Imitaba los gruñidos. Y de repente, ya tenía una rama cargada de frutos secos. Como había otras personas presentes, distribuyó  cinco a cada uno de sus parientes cercanos, y tres para los más lejanos. A su hija le dio lo suficiente como para hacerse un collar. Esos son frutos secos que los seres humanos no conocen. Sólo los cerdos salvajes pueden conseguirlos.

El hombre que hizo esto fue un pariente mío que vivía en la boca del Aguarico. Sus hermanos menores fueron también curanderos. Las  mujeres del grupo, también tenían visiones y sabían cómo curar. Desde el boca del Aguarico, los secoyas se extendía a lo largo del Napo, hasta Limoncocha. Teníamos todo tipo de plantaciones: chonta, yuca, maíz, caña de azúcar, plátano y otros frutos comestibles. Teníamos perros que cazaban el tapir, y los tapires eran gordos porque no eran de esta tierra. El curandero los convocaba cuando bebía yagé. En una ocasión, el curandero convocó a un tapir en sus visiones con yagé. Cuando la ceremonia terminó, la familia fue a buscarlo. A quinientos metros de la casa, un perro encontró la pista. El tapir entró en un arroyo y lo mataron. Volvieron para avisar al  curandero y toda la familia fue a verlo. El tapir llevaba achiote en la frente, porque cuando el curandero lo había llamado en su  visión, él mismo estaba pintado de esa manera, y el tapir pasó delante suyo. Lo limpiaron y lo descuartizaron, y le dieron las mejores partes al curandero porque él lo había convocado.

Yo vi todo eso cuando era un niño. Recuerdo algo más que pasó cuando acompañaba a mi padre mientras bebia yague. Yo estaba junto a él en su hamaca, cuando empezó a beber. Bebió y bebió. Al amanecer se transformó en un tapir. Yo lo vi comer hojas y silbar como esos animales, con el sonido de una flauta. Yo estaba allí, mirando. Más tarde, el tapir había desaparecido. Mi padre hacía cosas así “.