Archivos para el mes de: marzo, 2010

Hace unos dias Tommy, que acaba de volver de un viaje por Perú y Colombia, me envió unas cuantas fotos del paisaje nevado alrededor de su casa en Alemania. Su correo coincidió con la gran nevada en Barcelona y le contesté que esta vez yo también tenía fotos de la nieve alrededor de mi casa, jeje. Él (que es muy vacilón) me contestó diciendo que vale, que yo tenía fotos de la nieve, pero que él tenía también fotos de la selva. Maldita sea! pensé, esto no puede quedar así, y me puse a buscar las fotos que hice hace 5 años en Costa Rica, las encontré y se las envié, explicándole que no solo tengo fotos de la nieve, sino que también tengo fotos de la selva. La cosa entonces quedó en tablas 🙂

En realidad, la selva que vi en Costa Rica fue una selva hasta cierto punto urbanizada, la del parque nacional Manuel Antonio, con sus senderos señalizados y recorridos por grupos de turistas, nada que ver con subir en lancha por el Ucayali, por ejemplo. Pero para alguien llegado de una ciudad europea, yo ya alucinaba al ver como las iguanas atravesaban tranquilamente las terrazas de los bares, los caimanes se podian ver descansando bajo los puentes y por la noche se escuchaban los tremendos alaridos de los monos congo. Igual no era la selva selva, pero desde luego no se parecía en nada a la carretera Barcelona Sant Cugat.

Bueno, pues el tema de la selva viene ahora mismo porque he estado viendo un documental sobre la selva de la Guyana (la antigua Guayana inglesa), y eso si que es selva selva. Entre los viajes de los amigos, bien ilustrados con historias y fotografías, los libros que estoy leyendo sobre las memorias de Fernando Payaguaje y las aventuras de Arturo Cova, y esos jarabes de importación que a la que te despistas te colocan entre serpientes y jaguares, ando medio metido en una selva virtual de bastante octanaje. Medio metido, la otra mitad descansa tranquilamente su culo en una silla de Ikea. Pero bueno, cuando despues de estos chutes selvaticos virtuales te encuentras con un documental de la BBC discretamente titulado “The lost land of the jaguar”, pues eso…  no he podido evitar darle al botoncito del download.

El documental es bueno, en el más puro estilo documental, pero bueno. La primera secuencia con la cámara sobre las cataratas de Kaieteur es de esas imágenes que se recuerdan. Está en YouTube, aquí lo pongo:

Vale, las imágenes son extraordinarias, nos las han sabido editar para que todos los europeos nos quedemos con la boca abierta, eso es lo que esperamos de la tierra perdida del jaguar. Pero lo más interesante es el acting, really british. Este grupo de cámaras y científicos mediáticos en medio de la selva resulta realmente pintoresco. Una de ellas se pasa el dia en una plataforma de apenas cuatro metros cuadrados en lo alto de un arbol para filmar a los habitantes de los áticos de la selva. Otro se arrastra dentro de árboles podridos para capturar insectos nunca clasificados. Otro se descuelga bajo las cataratas para investigar ese habitat particular, justo se puede enorgullecer de que pocos hombres hayan pisado por estos andurriales antes de que una buena tormenta le mantenga toda la noche en vela.

Mientras veia el documental y alucinaba con las imágenes, no podia evitar que los protagonistas me fueran poniendo cada vez más nervioso. El objetivo de la expedición era demostrar que la selva tiene más valor como está que  como recurso mederero. Cada miembro del equipo establece un puesto de observación para recoger datos o imágenes con valor científico. Vale, pero hay algo de lo que he estado viendo que no encaja: el comportamiento y la desenvoltura de los protagonistas sobre el fondo del paisaje. Me ha recordado un poco las películas de británicos en la India. En fin…

Hoy me he acordado de repente de un corto de animación que vi hace uno o dos años, “Ryan” de Chris Landreth. Creía que lo había puesto aquí y lo he ido a buscar para volverlo a ver, pero resulta que no, que no lo había puesto. Quizá lo puse en Twitter (o en Plurk). Creo que es el corto que más me ha impresionado de todos los que he visto, por el tema, por el diálogo y por las extraordinarias imágenes que te hacen ver cosas que no suelen estar a la vista.

El corto es una conversación entre un dibujante canadiense, el propio Chris Landreth, y Ryan, Ryan Larkin, otro dibujante canadiense que en los 70 creó algunos de los mejores cortos de la época. Fue nominado por uno de ellos, “Walking”, a un Oscar en 1970 y a principios de los 80 entró en picado hasta acabar en la situación en que aparece en “Ryan”. Lo fuerte es que “Ryan” sí que ganó el Oscar al mejor corto de animación en el 2004.

Pues aquí está, ponerlo a pantalla completa, please

Hoy Sakristan ha colgado en Flickr fotos de una pared que ha pintado con Pablo S. Herrero en Lavapiés y que ha quedado genial. Los dos han pintado lo que suelen pintar, y el resultado no parece que lo hayan pintado dos personas sino una sola. Y todo en negro. Tomo dos fotos prestadas de escritoenlapared.

Bueno, pues a partir de las fotos he ido a ver quién era Pablo S. Herrero, y lo primero que me he encontrado es que su blog se llama lasogaalcielo, vale vale, y su tema preferido es decididamente vegetal. Lo que he visto me ha dejado realmente fascinado. Voy a poner estas fotos del 3 de marzo en el mismo orden en que las ha puesto él.

Por cierto, me ha quedado la duda si no será suya la fachada de una casa del eixample, aquí en Barcelona, que tiene su mismo estilo, pero de la que ahora no encuentro ni la dirección ni las fotos. Pero lo que si voy a poner es el video de “la casa ciega”, otra fachada en el barrio salmantino de Pizarrales que han utilizado él y David de la Mano justamente como pizarra. Aquí sí que me he quedado bocas.

Hoy he estado buscando, a partir de las historias de Fernando Payaguaje que estoy leyendo, un trozo de “Cien años de soledad” de García Márquez que alguién había comentado como ejemplo de lo que se llamó “realismo mágico”, y lo he encontrado:

“Sin embargo, cuando Úrsula se dio cuenta de que no le había alcanzado el tiempo para consolidar la vocación de José Arcadio, se dejó aturdir por la consternación. Empezó a cometer errores, tratando de ver con los ojos las cosas que la intuición le permitía ver con mayor claridad. Una mañana le echó al niño en la cabeza el contenido de un tintero creyendo que era agua florida. Ocasionó tantos tropiezos con la terquedad de intervenir en todo, que se sintió trastornada por ráfagas de mal humor, y trataba de quitarse las tinieblas que por fin la estaban enredando como un camisón de telaraña. Fue entonces cuando se le ocurrió que su torpeza no era la primera victoria de la decrepitud y la oscuridad, sino una falla del tiempo. Pensaba que antes, cuando Dios no hacía con los meses y los años las mismas trampas que hacían los turcos al medir una yarda de percal, las cosas eran diferentes. Ahora no sólo crecían los niños más de prisa, sino que hasta los sentimientos evolucionaban de otro modo. No bien Remedios, la bella, había subido al cielo en cuerpo y alma, y ya la desconsiderada Fernanda andaba refunfuñando en los rincones porque se había llevado las sábanas”.

Parece que a Fernanda no le preocupaba tanto el rumbo vertical que había tomado finalmente la bella Remedios como la precaución que había tenido de llevarse las sábanas para el trayecto, y esta comprensible preocupación sobre la integridad del ajuar le da a la anécdota un aire normal y cotidiano, ascensión a los cielos incluida. Unos se transforman en tapir o en jaguar, otras ascienden a los cielos envueltas en sábanas de hilo… que cosas.

Estoy leyendo un libro realmente curioso, “El bebedor de yague” de Fernando Payaguaje . Son las memorias que un curandero Secoya les cuenta a sus nietos, y que éstos tradujeron al castellano y publicaron en un libro que también fue traducido al inglés, que es la versión que estoy leyendo (se puede descargar aquí). Los indios Secoya eran hace años un grupo numeroso que ocupaba un territorio lindante entre Colombia, Ecuador y Perú, pero que en la actualidad han quedado muy reducidos y viven fundamentalmente en Ecuador, en un territorio de 40 000 ha que sufre los consabidos problemas de intromisión externa y explotación maderera.

Fernando Payaguaje, que nació alrededor del 1915 y murió en 1994, les explica a sus nietos como era la cultura de los Secoya antes de todo esto, y lo que les explica es sorprendente porque lo que para él es parte de su biografía, para un lector europeo como es mi caso suena a materia de cuentos de hadas o a Alicia en el pais de las maravillas. Y sin embargo no dudo de que lo que cuenta es cierto. La clave está en que la cultura de los Secoya, como la de otras muchas tribus del Amazonas, apoya una de sus patas en el uso del yague, son realmente culturas que se mueven con soltura entre dos mundos y en donde las maravillas y metamorfosis que los europeos solo aceptamos en la literatura ellos parece que ya se las encuentran directamente de pequeñitos.

Hoy he leido un párrafo que me ha conmovido por la última frase: “Mi padre hacía cosas así.” Como el texto original era castellano, esta vez me he puesto a traducirlo y aquí lo pongo. Me he quedado pensando que debe suponer tener un padre que haga cosas así.

“En los tiempos antiguos los grupos Secoya vivían alrededor de la boca de la Aguarico, en el Napo. En aquellos días no había mestizos. Mi familia vivía allí, un grupo con grandes curanderos, que conocían a los animales.

Mi familia bebía mucho yagé. Un día, el jefe de la familia observó que su hija estaba haciendo un collar con frutos secos del bosque. Él le dijo: “Espera, no hagas eso, te voy a traer algunos de los buenos. Esos no valen nada “. Se fue y se bañó, se bebió su yoco sentado en su taburete de madera Pambil. Empezó a transformarse en un cerdo salvaje, un huangana. Imitaba los gruñidos. Y de repente, ya tenía una rama cargada de frutos secos. Como había otras personas presentes, distribuyó  cinco a cada uno de sus parientes cercanos, y tres para los más lejanos. A su hija le dio lo suficiente como para hacerse un collar. Esos son frutos secos que los seres humanos no conocen. Sólo los cerdos salvajes pueden conseguirlos.

El hombre que hizo esto fue un pariente mío que vivía en la boca del Aguarico. Sus hermanos menores fueron también curanderos. Las  mujeres del grupo, también tenían visiones y sabían cómo curar. Desde el boca del Aguarico, los secoyas se extendía a lo largo del Napo, hasta Limoncocha. Teníamos todo tipo de plantaciones: chonta, yuca, maíz, caña de azúcar, plátano y otros frutos comestibles. Teníamos perros que cazaban el tapir, y los tapires eran gordos porque no eran de esta tierra. El curandero los convocaba cuando bebía yagé. En una ocasión, el curandero convocó a un tapir en sus visiones con yagé. Cuando la ceremonia terminó, la familia fue a buscarlo. A quinientos metros de la casa, un perro encontró la pista. El tapir entró en un arroyo y lo mataron. Volvieron para avisar al  curandero y toda la familia fue a verlo. El tapir llevaba achiote en la frente, porque cuando el curandero lo había llamado en su  visión, él mismo estaba pintado de esa manera, y el tapir pasó delante suyo. Lo limpiaron y lo descuartizaron, y le dieron las mejores partes al curandero porque él lo había convocado.

Yo vi todo eso cuando era un niño. Recuerdo algo más que pasó cuando acompañaba a mi padre mientras bebia yague. Yo estaba junto a él en su hamaca, cuando empezó a beber. Bebió y bebió. Al amanecer se transformó en un tapir. Yo lo vi comer hojas y silbar como esos animales, con el sonido de una flauta. Yo estaba allí, mirando. Más tarde, el tapir había desaparecido. Mi padre hacía cosas así “.

En Barcelona no suele nevar mucho, pero la que ha caído hoy ha sido buena. Ha empezado a mediodía, un ratito y luego paraba, pero poco a poco se ha ido animando y cuando he salido del trabajo a mediodía ya empezaba a cuajar por mi barrio. Me he quedado embobado,  he sacado la cámara y pum pum pum.

Ayer fuimos a ver a los Mono con Dark Ketzal. Me avisó hace unos días que venían el 6 de marzo, o sea, justamente el día de mi cumpleaños, y realmente si hay un grupo que me apetecía ver en directo era éste. Pues pum pum y en bandeja. Hicieron un concierto genial, en ningún momento bajó la intensidad, y eso que los recursos que utilizan no son en absoluto espectaculares. Ayer me fije sobre todo en la batería, porque su función de aguantar el ritmo también lleva que sea la responsable de cerrarlo en un momento determinado y de estructurarlo. En lugar de ir por ahí, la batería entraba a menudo en las mareas de sonido que iban creando el resto para marcar unos cuantos puntos, pero sin cerrar nada. Hubo entradas magníficas. Muy finos, y de vez en cuando avalancha de sonido guarro. Manteniendo la intensidad.

La verdad es que su música me coloca en un estado muy particular de trance. Ayer, a pesar de que estábamos en la tercera fila, casi no los veíamos porque el Becool tampoco tiene un gran escenario, es solo una tarima, y ellos tienen la costumbre de tocar casi todo el rato sentados. Al final, después de intentar hacer unas cuantas fotos, decidí cerrar los ojos y que entrara solo el sonido. Uuf uuf, fue casi psicodélico. Estaba buscando un video para poner y he encontrado uno suyo que me parece una buena traducción en imágenes del ambiente de su música. Aquí lo pongo.

Bueno, actualizo el 08/03 – he encontrado el vídeo de otra actuación en Barcelona, el 6 de diciembre del 2006 en el Apolo, en donde hacen una versión acojonante de Moonlight, el primer tema que les oí y que ya puse aquí en el…. en el 2008. Los pongo los dos, el del Apolo y un repe del otro.