Estos días he estado investigando un poco un tema que siempre me ha interesado: el marco conceptual o filosófico en el que los pioneros de la física cuántica trataban de integrar los descubrimientos científicos que estaban realizando, digamos que toda la carga conceptual (no solo en física) que estaba en juego en los debates entre Einstein y Bohr. Pero bueno, éste es un tema largo, y resulta que de paso me he encontrado una historia curiosa que no conocía, la relación entre Wolfgang Pauli y Carl Jung, la larga correspondencia que mantuvieron y el libro que publicaron conjuntamente, “The Interpretation of Nature and the Psyche“, en donde Jung desarrolla la noción de sincronicidad que había ido elaborado a partir de esa correspondencia (¡y el otro día hablábamos con pacotraver de sincronicidades!).

La historia empieza en 1930 cuando Pauli, con 30 años y después de haber presentado el principio de exclusión (que esponja/coloca las partículas de la materia, los fermiones, y permite distinguirlos en condiciones de indeterminación) y de haber predicho la existencia de los neutrinos (que no fueron descubiertos hasta 1956), pasaba una mala temporada con divorcio incluido y acudió a Jung, que también vivía en Suiza. Jung no lo trató él mismo, sino que se lo pasó a una discípula suya, Pauli se recuperó, se volvió a casar, y a partir de entonces iniciaron una correspondencia que ha sido publicada con el título de “Atom and Archetype” (en el enlace se puede leer el prólogo).

La relación es curiosa. Por un lado un físico que tuvo un papel crucial en darle la vuelta a la física tal como se entendía hasta entonces, y por otro un… bueno, lo llamaré psiquiatra, que se había alejado de la órbita de Freud y estaba introduciendo en el estudio del inconsciente temas que habían sido excluidos de la cultura europea durante siglos. Estaba en la periferia de la periferia. Por algún lado he leido que mientras el análisis de Freud sigue una lógica Newtoniana, de causa/efecto, el de Jung  utiliza variaciones cuánticas consciente/inconciente, onda/partícula, no se, pero resulta que estaba Pauli por medio.

En todo caso, la génesis de la noción de sincronicidad de Jung se desarrolló a través de su diálogo postal con Pauli. La sincronicidad consiste en darle sentido a la ocurrencia simultánea de dos eventos que no tienen relación causal. Por ejemplo, piensas en alguien y justo te llama por teléfono. Lo desconcertante, muchas veces, es cuando coincide algo que piensas con algo que ocurre, entonces es decisión de cada cual darle o no sentido, atribuirlo a la casualidad o aceptarlo como sincronicidad. En esta decisión intervienen también factores culturales, claro, no nos han enseñado a aceptar la sincronicidad, mientras que en otras culturas muchas de las cosas que pasan (un pájaro que levanta el vuelo, por ejemplo) tienen sentido solo porque ocurren en el mismo momento. El proposito de Jung fue reintroducir esta posibilidad de sentido en nuestra cultura en el contexto de su método de análisis y más allá.

Como explica Beverley Zabriskie en el prólogo de “Atom and Archetype”:

In their joint volume, Jung and Pauli presented the synchronicity principle. It presumes that indestructible energy has a dual relationship to the spacetime continuum: on the one hand, there is the constant connection through effect—that is, causality; and on the other, there is an inconstant connection through contigence, equivalence, or meaning that is itself synchronicity. For a physicist, equations are not objectively accurate reflections of material reality but structurally accurate relationship-connections. For Jung, synchronicities are meaningful only when an individual experiences them. This creates another “relationship of complementarity between the occurrence or cessation of synchronistic phenomena and the relative state of unconsciousness or consciousness of the individual who experiences it.” Synchronistic events are inconstant, sporadic, and arbitrary, for they are dependent upon an excited archetypal situation in the observer. In an accidental but meaningful perception of a coming together of inner and outer events—of making or perceiving a connection between the inwardly experienced and the outwardly perceived—there is usually a felt sense of participating in “acts of creation in time.” This is similar to the sensibility of religions based on individual experience of the manifest, such as the ancient Egyptian and the Native American.

El esquema sería éste:

Jung Pauli

aunque claro, la sincronicidad que introduce Jung no es científica a nivel de la física porque solo tiene sentido cuando un individuo la experimenta como tal, y por lo tanto no es reproducible ni falsable, forma parte de esos fenómenos que aletean más allá de donde la ciencia ha establecido de momento sus aduanas. Lo que también me ha resultado curioso es que cuando Jung presenta la sincronicidad en “The Interpretation of Nature and the Psyche” e intenta encontrale un respaldo por analogía, acude al I Ching, que conocía por su amistad con Wilhelm, y de cuya traducción había escrito un prefacio.

I ching

Efectivamente el I Ching funciona por sincronicidad. La relación entre el momento que caen las monedas y la situación que se intenta resolver no tiene más nexo en común que su ocurrencia simultánea, y nunca me deja de asombrar que funcione tan bien con un hilo tan fino. Bueno, ésto es la sincronicidad, cuando se hace presente, se hace presente, y ves a discutirle si esto o lo otro porque igual te sale hablando de física cuántica.

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