Archivos para el mes de: agosto, 2009

Hace ya más de 2 años, en abril del 2007, puse aquí en el blog el video en que el presidente Correa de Ecuador hacía, con motivo del FLISOL, un llamamiento institucional en favor del software libre. Me sorprendió ver a todo un presidente, sentado en su despacho y con la bandera de Ecuador detrás, tomar partido y resumir muy bien en pocas palabras las ventajas del software libre. Hace poco me enteré que la apuesta de Correa por el software libre tuvo su origen en una entrevista que tuvo con Richard Stallman poco después de ser elegido presidente. Lo han explicado en sus respectivos blogs Esteban Mendieta y Rafael Bonifaz, que fueron los que organizaron la entrevista. Esta semana, esanabre tuiteaba desde la Wikimania que se celebra en Buenos Aires una frase del discurso de Stallman: “Ecuador es el modelo a seguir en cuanto a migración de administraciones públicas al soft libre”.

Bueno, pues hoy he encontrado y he estado viendo la intervención del presidente Lula de Brasil en el 10º Fórum Internacional Software Livre (FISL10) celebrado en junio en Porto Alegre. Brasil ha sido desde hace años un motor de la expansión del software libre en Latinoamérica, pero el respaldo institucional del gobierno central brasileño a este movimiento ha tenido sus más y sus menos, por eso resulta especialmente significativo que Lula haya participado, por primera vez, en el FISL10. Su discurso es más largo que el de Correa, más político también (en el sentido de acercar el agua a su molino), se nota que no es exactamente su tema, pero que le interesa y lo defiende en función de otros temas interconectados que sí conoce bien.

Voy a comentar alguno de los puntos que me han llamado la atención es su discurso. En primer lugar su sorpresa por la cantidad de gente que tuvo que atravesar para llegar a la sala de conferencias, jeje, y en esto un político se fija. Luego su interés en la independencia tecnológica (uno de estos temas interconectados) que proporciona el software libre, y aquí tuvo algunas de las mejores frases del discurso:

“Recuerdo la primera reunión que tuvimos en la Granja do Tordo, que yo no entendía absolutamente nada del lenguaje con que este personal discutía. Hubo una tensión inmensa entre aquellos que defendían la adopción de software libre en Brasil y aquellos que pensaban que debíamos seguir haciendo lo mismo de siempre, permanecer de la misma forma, comprando y pagando la inteligencia de los otros.

Y gracias a Dios prevaleció en nuestro país la cuestión y la decisión del software libre.

Porque nosotros teníamos que escoger: o nos metíamos en la cocina a preparar el plato que queríamos comernos, con los condimentos que queríamos ponerle para así darle un gusto brasileño a la comida, o nos teníamos que comer aquello que Microsoft quería vendernos a todos”.

La metáfora culinaria es una de las preferidas de Stallman (¿os imaginais una receta de paella con copyright?) y aquí Lula la hace suya y le encaja la mar de bien. Otro tema que trata es el de la inclusión digital, y las posibilidades que el software libre ofrece en este sentido: poder extender el uso del ordenador sin coste de software, y otro en el que pone especialmente el acento es en el de la equiparación tecnológica, la posibilidad de que los programadores de Brasil puedan trabajar en igualdad de condiciones con los de USA o UE a partir de la oportunidad que les brinda disponer del codigo fuente en el software libre. Lo importante, subraya, es tener la oportunidad. Finalmente se disculpa, en cierta manera, de los zigzageos del gobierno central en estos temas, echándole la culpa a la mentalidad burocrática, y hace lo que ha sido el titular a nivel de política interna: una crítica al proyecto del senador Eduardo Azeredo sobre el control de Internet, y en esto se pone tajante y afirma que en su gobierno está prohibido prohibir.

A mi Lula me cae bien, y está intervención en el FISL10 suma puntos, pero habrá que ver la eficacia real de esta toma de posición. En Brasil han sido a menudo los estados regionales, como los de Paraná y Sergipe, más activos en este tema que el gobierno central. En marzo, Marcelo Branco (que estaba sentado en primera fila durante el discurso de Lula) explicaba en su blog que el gobierno había entregado la educación a Microsoft, un tema paralelo al debate que se ha producido en España en relación con el software que ha de ir incluido en los portátiles con que el gobierno piensa dotar a los estudiantes. Las mañas de Microsoft son alargadas. En cualquier caso, que un presidente salga en defensa del software libre no es una noticia corriente, y esto está pasando en Latinoamérica. Ojo que es el tercero (Chavez también apuesta), ojo con Latinoamérica.

Bueno, pues aquí van los videos, son tres y estan subtitulados.

Esta mañana iba un poco justo de tiempo para llegar al trabajo y he decidido coger un taxi. Es un vicio que tengo, ir al trabajo en taxi. Las mañanas son siempre la peor parte del día, suelo ir medio zombie, y los meses que el presupuesto lo aguanta me doy el gustazo de levantar el brazo al salir de casa y pillar una lanzadera. Pues hoy no he tenido que esperar nada, ha aparecido la lucecita verde, he tirado el cigarrillo que acababa de encender y cuando le iba a decir la dirección el taxista me dice: “Ya se, ya se, ya le he cogido otras veces”. Entonces le he mirado y me he acordado de que esto ya me pasó otra vez y tenía que ser el mismo taxista. Era la tercera vez que cogía ese taxi y lo bueno es que el taxista no solo se acordaba de mi sino que también se acordaba de la dirección.

Yo soy un desastre para las caras, y la verdad es que no le he reconocido, pero me he acordado que la última vez estuvimos hablando de que él cogía el taxi sobre esas horas y siempre bajaba por la calle Muntaner. Bueno, pues empezamos a hablar y me dice que ha estado seis meses en plan sabático y que solo hace dos días que ha vuelto a coger el taxi y, bumba!, otra vez el de las gafas en esa esquina. Le digo que vaya suerte poder hacer un paréntesis de seis meses y entonces me explica que está dando la vuelta al mundo por etapas, “son cosas que se pueden hacer a partir de los sesenta”, me dice. Joder. Le pregunto donde ha estado y me dice que ha hecho el camino de Santiago, y luego toda la ruta desde Nueva Orleans a Los Angeles. La próxima etapa es Australia.

Bueno, bueno, pues empezamos a hablar sobre la highway 66 y esto y lo otro, y entonces me cuenta que estuvo viviendo treinta años en el Caribe. Hablamos de Costa Rica, de los parques naturales que hay allí, y luego me empieza a hablar de Haití, un sitio que siempre me ha parecido realmente curioso y del que no hay mucha información. Me cuenta que la gente allí está muy bien, aunque es bastante racista con los blancos. Yo hace poco leí un post sobre La Citadelle Laferrière, un castillo impresionante construido por rey Henri Christophe a comienzos del siglo XIX, que él conocía, y hemos empezado a comentar la historia de Haití. Yo recordaba algunas cosas de la novela de Alejo Carpentier “El reino de este mundo”, que trata de todo eso, y en esto hemos llegado a la otra esquina de mi itinerario matutino, nos hemos despedido hasta la próxima y he llegado al trabajo con la cabeza en el Caribe y pensando: “joder, que cosas”.

He estado viendo una pelicula de animación que a tuiteado bzzzbip, “Sita sings the blues“, de Nina Paley. Es una pelicula curiosa por varios motivos, primero porque es un proyecto personal de la autora, que la ha realizado ella sola (o casi) en 2D, luego por que la ha distribuido con licencia Creative Commons, una decisión que no es tan frecuente para una película de esta envergadura (dura casi hora y media) y que hay que aplaudir, y last but not least, porque mezcla una historia autobiográfica con los episodios de la vida de Rama y su mujer Sita tal como aparecen en el Rāmāyana, uno de los textos clásicos hindues escrito sobre el siglo III AC.

La mezcla de un relato mitológico hindú, que le da un punto un poco bollywood, con unas animaciones 2D en plan naif y los blues de los años 20 intercalados aquí y allá producen una mezcla sorprendente, muchas veces divertida, y que mantiene todo el rato un buen ritmo. Además, la presentación que hace Nina Paley en la web de la película es contundente:

I hereby give Sita Sings the Blues to you. Like all culture, it belongs to you already, but I am making it explicit with a Creative Commons Attribution-Share Alike License. Please distribute, copy, share, archive, and show Sita Sings the Blues. From the shared culture it came, and back into the shared culture it goes.

Vale, pues aquí va “Sita sings the blues”. Pongo la primera parte (de 10) que está en YouTube (las siguientes las podeis encontrar en los enlaces), y me doy el gustazo de contribuir a distribuir una película que confía en este tipo de distribución voluntaria para darse a conocer pasito a paso.

Ayer Ajo retuiteó a Lessig informando de que Google Books ha incluido entre sus opciones la posibilidad de descargar, usar y compartir libros bajo la licencia Creative Commons, una estupenda noticia. Cuando una licencia diseñada para la distribución gratuita de contenidos se suma a la capacidad de distribución que tiene Google Books, los resultados pueden ser espectaculares. El propósito original de Google Books de escanear y poner en Internet los fondos de varias de las mejores bibliotecas universitarias del mundo siempre me ha parecido una de esas iniciativas de Google para quitarse el sombrero y aplaudir con los pies, pero han tenido encima la espada de Damocles del copyright, y en la práctica esto ha supuesto problemas legales con algunas editoriales y que en muchos casos los libros escaneados no aparezcan completos ni se puedan descargar. Tienen libros muy interesantes, en ocasiones libros que no se pueden conseguir de otra manera, pero hay que leerlos en la ventana de su web y es desesperante tropezarse de repente con un salto de varias páginas. La apuesta por Creative Commons soluciona este problema, y a la vez puede ser un factor que ayude a generalizar el uso de esta licencia (ya bastante extendido) entre autores que todavía utilizan licencias propietarias. Si de verdad quieres que te lean, ponlo fácil.

La noticia me ha gustado también por otro motivo. Una de las webs que hasta ahora me resultaba + útil para encontrar toda clase de libros es Scribd. Funciona como YouTube, pero con libros en lugar de videos. Te registras (usuario y contraseña y nada más), subes lo que te parezca y te bajas lo que te interesa. Si no estás registrado solo puedes leer el libro en pantalla, pero si te registras te lo puedes bajar. A diferencia de Google Books, que son libros escaneados en bibliotecas, en Scribd los libros los suben los usuarios, y esto le da un dinamismo emocionante. Las veces que he metido en su buscador algún libro reciente de algún tema un poco complicado y me ha aparecido, he saltado de la silla y he bailado algo parecido a la danza de la lluvia por toda la casa. Pero claro, Scribd tiene el mismo problema de YouTube, es territorio comanche y nadie hace caso del copyright. Entonces, en junio de este año, Scribd firmó un acuerdo con Simon & Schuster, una de las megaeditoriales norteamericanas, para distribuir parte su fondo en formato digital. Las condiciones, desde mi punto de vista, eran bastante penosas: los eBooks solo tendrían un 20% de descuento sobre la edición impresa y Simon & Schuster se llevaría el 80% de los ingresos, era un pobre contraataque táctico a la ofensiva de Amazon con el Kindle, pero el resultado fue que de repente muchos de los libros que figuraban en el catálogo de Scribd (subidos por los usuarios) ya no estaban disponibles para descarga. Lo mismo que pasó con YouTube durante una temporada, que ibas al video y lo habían borrado.

Cogí tal mosqueo que este verano me he dedicado a bajarme todo lo me podía interesar, tanto de Scribd como de otras varias webs que he ido descubriendo por ahí, y al final me he hecho con una biblioteca digital considerable. Me he bajado tanto libros que me interesaban y no tenía, como libros que tenía en papel y que me interesa tener digitalizados a efectos de búsquedas y citas, y en algunos casos también tengo que decir que me he acabado comprando en papel libros que ya me había bajado y quería poder leer en seguida en el metro. Ahora solo me falta comprarme un lector de eBooks (y he leido que Inves ha sacado uno este verano) para poderme llevar la biblioteca digital al metro o a donde sea.

Pero bueno, a lo que iba es que mientras Scribd ha apostado por un pacto con Simon & Schuster que me parece un paso atrás (aunque ellos también tienen la opción Creative Commons, pero eso, solo en plan opción), Google Books ha movido un peón en la otra dirección. A ver que pasa.

Hoy he encontrado un artículo curioso, que me ha sacudido la mandra estival/digital que llevo estos días. El artículo se llama “Hallucinations and Reality Discrimination: Rethinking the Illusion of Reality“, y el autor es Ben Goertzel, un investigador en temas de Inteligencia Artificial del que ya he comentado algo por aquí. Y esta ha sido la sorpresa inicial, que alguien que trabaja en el campo IA proponga una “teoría de la alucinación”, ése ha sido un gancho para leerme el artículo. Otro ha sido que Ben Goertzel, aparte de encajar perfectamente en la casilla de “investigador heterodoxo”, trabaja sobre la hipótesis de considerar las interrelaciones de un sistema complejo en la manera como la inteligencia puede emerger de un “master network” que pueda ser reproducido computacionalmente, bien con la computación actual o con computación cuántica.

Pero bueno, si el artículo me ha sorprendido ha sido porque últimamente le estaba dando vueltas a una pregunta un poco sci-fi: ¿podría alucinar una máquina? Es decir, si una IA puede reproducir el cerebro humano, ¿podría también alcanzar el nivel de reconfiguración (y trangresión) que supone para el cerebro húmedo que llevamos dentro tener alucinaciones? A ver, voy por partes. La capacidad de alucinar no se suele considerar en la psicología y la neurología convencionales una característica propia del cerebro humano, más bien una disfunción, una patología. Un tratamiento + positivo solo se encuentra en la antropología, al estudiar otras culturas que hacen un recurso intensivo de todo tipo de “viajes”, y solo al final de un largo proceso de aproximación y de puesta en cuestión de prejuicios. Desde los chamanes siberianos que estudió Mircea Eliade (que puso fuertes resistencias al tema de la alucinación inducida) a las culturas de la ayahuasca del Amazonas que conquistaron a Michael Harner hay un largo trecho que ha puesto de relieve que la alucinación inducida es un factor cultural bastante generalizado y, por tanto, una + de las capacidades de nuestro cerebro. Otra cosa es que se utilice o no, y aquí hay un tema cultural que es otra historia, pero los alucinógenos de un tiempo a esta parte tampoco son tan extraños en nuestra cultura, y cualquiera que haya probado el LSD o algo semejante sabe que el cerebro despliega entonces capacidades insospechadas, una potencia (normalmente dormida) que hay que reconocerle como propia. Una potencia arriesgada, por otra parte.

Entonces la pregunta es ésta. ¿podría alucinar una máquina? Es decir, ¿podría superar la configuración con que ha sido programada para alcanzar la reconfiguración neuronal que suelen implicar los estados de alucinación inducida y conseguir alucinaciones suficientemente significativas para ella misma como para querer repetir la “experiencia”? ¿Podría ser capaz de cambiar, aunque sea temporalmente, el modelo del mundo para el cual ha sido programada? Porque sino no estará replicando el cerebro humano, sino una particular perspectiva cultural de las funciones del cerebro humano. Éste es el tema al que yo le estaba dando vueltas, digamos que un test de Turing psicodélico, y la verdad es que el artículo de Goertzel ha sido un poco decepcionante en este sentido porque va por otro lado, no es culpa suya, claro, ya lo dice en el título, “Rethinking the Illusion of Reality”. Goertzel está hablando de las alucinaciones como ilusiones, el punto de vista patológico de aquellas personas que no pueden discriminar entre sus propias alucinaciones (no inducidas) y la realidad que compartimos todos, y éste es un problema grave, vaya si lo es. Supongo (es un suponer) que su intención al tratar el tema tiene que ver con evitar que una IA caiga en la misma disfunción no deseada, no lo se. Pero con todo y la decepción, al fondo del análisis que hace y de las contribuciones que aporta hay un pequeño margen por donde se le puede dar un poco la vuelta al tema así planteado.

Goertzel parte de las conclusiones de Bentall y Slade, según los cuales los individuos propensos a alucinar no generan estímulos internos de manera diferente al resto de nosotros, sino que los interpretan de otra manera. Su crítica es que sus observaciones solo establecen la correlación entre una pobre discriminación de la realidad y las alucinaciones, pero no establecen una relación causal, y propone como ampliación una relación de retroalimentación entre una y otra basada en el concepto de Hartmann de “fronteras débiles”: algunos individuos colocan fronteras particularmente permeables alrededor de algunos sectores de su mente, incluido su propio yo. Goertzel propone un proceso no lineal en el que, dada la tendencia a construir fronteras débiles (es decir, una membrana permeable para el sistema), la pobre discriminación de la realidad y las alucinaciones se retroalimentan y el caso puede acabar en la sala de espera de un psiquiátrico. Un riesgo evidente.

Ahora bien, el estudio de Hartmann sobre el que se apoya Goertzel es directamente un estudio sobre la demencia, los casos límite en que se ha perdido el control y que no siempre pueden servir para estudiar las capacidades del cerebro que lo mantiene. Me gusta + como trata este mismo tema Ramachandran (del que también he hablado por aquí). Ramachandran dibuja, en relación con las neuronas espejo (las que se supone que nos proporcionan empatía, o sea, sensibilidad en la frontera) un abanico que va desde las fronteras cerradas del autista hasta las fronteras abiertas del místico, y de paso reconoce haber tenido experiencias de fronteras abiertas, en plan místico, algo que igual Hartmann hubiera catalogado como “fronteras débiles”, propensas al descontrol. Pero Ramachandran no solo es un neurologo destacado, sino que procede de una cultura que no es la occidental y no tiene tantos problemas con respecto a las fronteras del yo. No está Descartes por en medio.

Entonces el tema está, volviendo a Hartmann (y a Goertzel), ¿que hace que alguien tenga fronteras débiles en su mente o en su mismo yo? La respuesta se bifurca de entrada entre los casos en que está opción sea voluntaria y controlada y los casos en que no lo sea y pueda considerarse una patología. Pero esta bifurcación ya supone una ampliación del campo que había dejado demarcado Hartmann. Hay “fronteras débiles” que proceden de otros contextos culturales, de otros niveles de empatía o de otras experiencias psicodélicas. El nivel de permeabilidad de la frontera de cada uno podría ser una opción, siempre y cuando sea una opción voluntariamente asumida. Una vez explorado parte del territorio (con una experiencia psicodélica, por ejemplo) que no figura en los mapas que manejamos, puede ser una opción cambiar las leyes y establecer un decreto de “fronteras débiles”, y a ver que pasa. Esto lo puede hacer el cerebro que tenemos, lo hace, pero… ¿podría hacer esto una IA? Lo dicho, un test de Turing psicodélico.