Estoy leyendo “La pensée en Chine aujourd’hui” (El pensamiento actual en China), un libro colectivo bajo la dirección de Anne Cheng que me compré hace unos meses y tenía esperando turno. Es de la collección Folio de Gallimard, perfecto para leer en el metro, y esa es una condición práctica que hace que algunos libros se adelanten sobre otros en la cola, antes de empezar a leerlos miro el tamaño y el peso.

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Anne Cheng es la autora de una “Histoire de la pensée chinoise” que compré hace años pero que por alguna razón sigue en la cola de los libros sin leer (y eso que no es muy tocho). Quizá porque por entonces había leido otra historia del pensamiento chino, el estupendo “Disputers of the Tao” de A.C. Graham. En todo caso, la conocía de este libro, y me pareció una buena oportunidad de olfatear lo que se cuece ahora en China a nivel de reflexión y pensamiento.

Por lo que he estado leyendo, Anne Cheng es la hija de François Cheng, un escritor instalado en París desde 1949 . No se hasta que punto su punto de vista está relacionado con el hecho de escribir desde fuera de China  (todo un tema), pero en este sentido resulta interesante la andanada que suelta en la introducción contra la idea de que la manera de pensar en China sea necesariamente diferente de la manera de pensar en Occidente. Acabar con el mito de la alteridad entre una y otra manera de pensar parece ser el objetivo de este libro, aunque los diversos estudios que incluye no siempre encajan con la radicalidad del objetivo general.

Éste es un tema complicado, que tiene que ver con la reciente polémica entre François Jullien y Jean François Billeter que ya comenté aquí. Sigo pensando que existe una diferencia histórica, aunque esta diferencia no tiene porque suponer un etiquetaje definitivo ni una esencia inconmensurable con el resto de tradiciones de pensamiento (y no solo con la occidental). Yo veo la herencia del pensamiento clásico chino como una diferencia productiva, con el que es posible aprender e intercambiar cosas, y a la vez creo que la China actual no está solo determinada por su tradición clásica (como tampoco lo estamos en Europa). China ha pasado, solo en el siglo XX, por el movimiento de mayo de 1919, por el triunfo de Mao en 1949, por la revolución cultural de 1966 (que duró diez años e intentó hacer tabula rasa con el pasado), por la revuelta de Tiananmen en 1989 y por la economía socialista de mercado de Deng Xiaoping en 1992. A estas alturas ya ha incluido tantos elementos occidentales en su propio proceso social que no veo por ninguna parte el riesgo de considerarla una cultura estanca.

Pero, a la vez, creo que la cultura china tiene una manera peculiar de aceptar influencias. No se si el ejemplo sigue teniendo validez, pero lo demostró con la adaptación del budismo indio a partir del siglo I. Fue la primera gran influencia extranjera, y de allí salió un budismo chino que luego, mezclado con el taoismo, dio lugar al budismo Ch’an, que se llamó Zen cuando pasó a Japón. Quiero decir que mi impresión es que la cultura china acepta influencias pero las digiere.

Aunque la China actual no esté solo determinada por su tradición clásica, creo que sigue siendo posible encontrar en esta tradición cosas interesantes, igual que seguimos encontrando cosas interesantes en nuestra propia tradición clásica occidental. Una de las cosas que me ha sorprendido leyendo el libro ha sido conocer la manera como Li Zehou entiende la cultura china y como intenta utilizar una diferencia en los orígenes para construir un puente entre un confucianismo repensado y el pragmatismo norteamericano de Dewey.

Si el movimiento de la ficha es interesante, me ha llamado la atención sobre todo la diferencia que rastrea en el origen, porque una de las diferencias que siempre he visto entre la cultura europea y la cultura china (ya lo comenté en el post sobre Jullien y Billeter) es el papel del chamanismo en una y otra. En Europa, los restos de chamanismo que quedaran durante la edad media fueron achicharrados por varios siglos de Inquisición. Algo quedó, pero poco. El racionalismo surgió después de que la religión hubiera hecho una limpieza previa. En China, un chamanismo elaborado siguió siendo la base orgánica de la cultura clásica. El I Ching es un sistema formalizado y desarrollado de los viejos metodos de adivinación de los chamanes. Bueno, todo eso.

Pues según explica Joël Thoraval, con la caida del imperio en 1911 los intelectuales chinos se replantearon su papel volviendo la vista atrás y haciendo una investigación casi arqueológica sobre la naturaleza de los letrados (ru) y el origen de la escuela confuciana (rujia) que había proporcionado la estructura administrativa del imperio durante dos milenios. Las reflexiones de Li Zehou, que pertenece a la primera generación que inició su actividad a partir de 1949, después de la llegada de Mao al poder, se inscriben en esta línea, repensar el confucianismo hasta sus orígenes, pero en su caso llega incluso más atrás, hasta el fondo del chamanismo.

Contrairement à ce qu’affirme la “théorie des trois èpoques” qui considère la philosophie des Song et des Ming comme le coeur du confucianisme, il convient, pour percevoir les spécificités de la tradition confucéenne, d’operer un retour aux textes classiques de l’epoque pré-imperiale. Car, comme je lai souvent indiqué, la différence de la Chine par rapport à l’Occident s’enracine dans sa tradition chamanique antique, dans la rationalisation directe du chamanisme originel.

La racionalización directa del chamanismo original es para Li Zehou la radiación de fondo de la cultura china, y creo que ese es un dato importante. A partir de ahí va moviendo la ficha hasta colocarla en una casilla en línea con el pragmatismo de Dewey, que pasó una larga temporada en China coincidiendo con el movimiento de mayo de 1919. Encuentra una conexión a partir de una diferencia, pero la diferencia existe. Las diferencias no tienen porque negarse antes de valorar hasta que punto pueden ser productivas, y lo que es cierto es que la cultura china ha digerido más influencias occidentales que influencias chinas ha aceptado la cultura occidental (feng-shui incluido), pero el carril que conduce las influencias culturales suele construirse en la dirección que marca el poder económico y político, y puede que a partir de ahora tengamos una linea paralela de llegada, y entre los containers con ropa, electrónica y juguetes que descargan en el muelle procedentes de China, llegue de vez en cuando uno marcado como “cultura”.

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