Estos días que estoy sin conexión en casa (ahora parece que, efectivamente, hay un fallo en la línea que van a mirar) me he hecho toda una campaña de “Company of Heroes” y he estado leyendo un libro con el que me tropecé por casualidad cuando acompañé a Bruno a completar la bibliografía que le han pedido en la Pompeu. No pensaba comprar nada, en medio de esta cuesta crítica de enero/febrero, pero el libro que había allí encima se titulaba “Redes complejas” y su autor, Ricard Solé, resulta que es profesor de la Pompeu. Y no me pude resistir.

Durante estos dos últimos años, desde que descubrí y me empezó a interesar el tema de los sistemas complejos, he ido haciendo búsquedas de vez en cuando para averiguar si había actividad sobre el tema en España, y en concreto en Barcelona. La mayoría de la información que he ido recogiendo procedía de Estados Unidos (con el Santa Fe Institute a la cabeza), de Chile, Argentina y Méjico, y de Bélgica y alguna institución comunitaria en Europa, pero de España poca cosa. De ahí la sorpresa al encontrar un libro acabado de salir del horno (está publicado en enero de este año), publicado por un profesor de la Pompeu que además ha estado trabajando algunos años como investigador en el Santa Fe Institute. En mi red particular sobre el tema, de repente he descubierto un nodo próximo que estaba buscando.

Bueno, pues el libro es una gozada, una buena buena panorámica con calas a diversos niveles que dejan abiertas una buena cantidad de sinapsis. Y si el contenido me ha resultado apasionante, el estilo  me ha hecho a veces aplaudir con los pies. Utiliza para tratar de la complejidad un estilo complejo, complejo en el sentido de utilizar diferentes registros y encajarlos todos en un buen ritmo, algo que en temas científicos yo solo he encontrado antes en el libro de Robert B. Laughlin “Un universo diferente”, un estilo a varios niveles.

Me ha encantado enterarme de los despistes de Paul Erdös con los grifos de la bañera o saber de que el padre de Ricard Solé era marino mercante y traía a casa desde paises lejanos animales exóticos, entre ellos una iguana (con foto incluida de Ricard Solé baby cogiéndole la cola). Mi padre también era marino mercante, y una vez me trajo una tortuga de Guinea que mi madre acabó tirando a la basura pensando que estaba muerta. Siempre me ha quedado la duda de si en realidad estaría hibernando, pero en todo caso, después del éxito, mi padre dejó de traer animales a casa.

Pero bueno, volviendo al contenido, el anzuelo que me ha hecho interesar por los sistemas complejos ha sido darme cuenta como la “claridad y distinción” que Descartes introdujo como criterio en el “Discurso del método” ha marcado un paradigma reduccionista en buena parte de la ciencia europea. Distinguir significa reducir cualquier problema a sus elementos básicos (algo que ya proponían los atomistas griegos), que entonces resultan claros. Con este método podemos identificar claramente a los jugadores de cada equipo en el momento que cantan el himno todos en fila, pero no tenemos ni idea del partido que van a jugar. La perspectiva que utiliza la investigación en sistemas complejos no se centra tanto en los elementos básicos sino en las interrrelaciones entre ellos. El todo que supone un equipo es una entidad de otro nivel y diferente a sus partes. El partido lo gana el equipo. La claridad por la distinción tiene un límite, y es posible una mayor claridad por la agregación.

Si los sistemas complejos se basan en interacciones (a veces redundantes en forma de bucles que regatean la causalidad), el esqueleto de estas interacciones tiene la forma de red, y la cartografía de estas redes es la que ofrece el libro de Ricard Solé. Cualquier conjunto interconectado crea itinerarios entre sus elementos a través de los cuales puede circular la pelota (la pelota, los bits, los virus o las proteínas). Estudiar la estructura que tienen estas redes, la mayor o menor proximidad qe guardan entre si sus elementos, y las consecuencias que puede tener para la red que se incendie un nudo de comunicaciones son algunos de los temas que trata.

Parte del interés del libro reside en ir comprobando la eficacia de los métodos de medir redes que utiliza. Por una parte el “mundo pequeño”, aquellos sistemas en los que todos sus elementos se hallan relacionados entre si a través de pocos intermediarios, como los famosos seis grados de separación entre los usuarios del correo U.S.A que calculó Stanley Milgram. Parece que se puede hacer universalmente extensible, así que todos estamos conectados con todos por solo seis grados de separación (menos algún monje trapense), y esta medida es aplicable a otros sistemas. Por otra, las redes “libres de escala”, aquellas en las que unos cuantos nodos están muy conectados, mientras que la mayoría tienen pocas conexiones (como Internet). Es el tema que investigó Barabasi y que ya comenté por aquí.

Lo impresionante de este libro es comprobar que TODAS las redes, sean sociales, biológicas, neuronales, linguísticas o tecnológicas, funcionan de una manera similar (y habría que investigar las físicas, las fisico/cuánticas y las cosmológicas). Cuando se pasa del análisis de los elementos aislados al análisis de sus interconexiones aparecen patterns comunes que son transversales con respecto a las categorías previas, y una buena muestra es el abanico de temas que aparece en la bibliografía del autor.

Hay un paso que, sin embargo, Ricard Solé no acaba de dar explícitamente en el contenido del libro aunque encaje perfectamente en el estilo que utiliza. Reticente a las teorías del todo, no extiende el mínimo común denominador sobre el que trabaja a un paradigma del mismo alcance general que el reduccionista al que intenta superar. No hay una teoría general de las redes, sino investigaciones concretas que muestran su eficacia en ámbitos diversos (muy diversos). Falta el todo, aunque es posible que el TODO no tenga una casilla concreta en un sistema complejo.

Pero sin embargo el estilo que utiliza es perfectamente adecuado a la parte concreta del todo ausente en donde aparece: su cristalización en un libro que utiliza recursos literarios, científicos y personales en un conjunto complejo. Está en su sitio. Si todo está interconectado y formamos parte de una serie superpuesta de redes, un libro que intente explicarlo está también en el interior de su red correspondiente, libro/nodo en red/literatura (científica). Está ahí la mar de bien.