El otro día, impresionado por los fuegos artificiales en la inaguración de los Juegos olímpicos, estuve buscando información sobre el artificiero que los ha diseñado, Cai Guo-Qiang, y me he encontrado con un artista que toca muchas teclas y que es toda una estrella en el mercado. Por lo que he leído, Cai Guo-Qiang empezó utilizando pólvora en sus pinturas, y después pasó de mojarla a prenderla. En mayo del 2005 hizo explotar un arcoiris negro sobre el cielo de Valencia en homenaje a las víctimas del 11-M, y El País decía entonces:

“Rodríguez destacó como “claves” para entender la producción de Cai Guo-Qiang su capacidad de “romper los límites convencionales de los museos al convertir las ciudades en espacios expositivos; incorporar los referentes universales de las distintas culturas, como el fuego y el agua, y su capacidad de superar el debate entre Oriente y Occidente para convertirse en un artista global”.

En Pekín ha convertido, efectivamente, la ciudad entera en un espectáculo, pero lo que más me ha impresionado de él ha sido una foto de la exposición que hizo en el Guggenheim de Nueva York este año, “Head on”, aquí la pongo.

Una manada de lobos lanzándose uno tras otro contra un muro de cristal, por lo visto con las dimensiones del muro de Berlín. Me ha impresionado la imagen de un error colectivo y ciego, unos detrás de otros, procedente de una cultura colectiva, y me ha fascinado lo bien que se adapta el movimiento de la manada a las curvas del Guggenheim. He encontrado otra foto del conjunto de la exposición que ya no me ha gustado tanto.

Colgar coches en Nueva York no es una idea muy original, aunque siga dando espectáculo. Los propios norteamericanos ya ha manipulado hasta la saciedad su totem particular. Se nota que Cai Guo-Qiang ha entrado en el circuito de las grandes exposiciones y cumple con sus obligaciones.

Pero además he encontrado una entrevista que le han hecho en art:21. Es interesante lo que explica sobrel el Greco y la pintura renancentista, pero voy a copiar el párrafo en que habla de su metodología y de la relación con el Taoismo:

ART:21: Can you talk about your working method a little more, your methodology?

CAI: It’s very difficult to articulate exactly what that methodology is—even for myself. If I knew it all and understood it all, if I could clearly say it, then it would become a product on a shelf.

It’s something I’m continuously exploring and trying to form. There are perhaps two ways of looking at that. One is a methodology in how you view the world, how you see and understand the world. I take a lot from the ancient philosophies, from Taoism. And then there is another side, how you specifically approach art or life, exactly how you live in this world, how you make art. One is more conceptual while the other is more practical. I also employ the basic philosophies of medicine—Chinese medicine or feng shui. These are very much infused in the more daily living and the art making process.

I can be a little bit more specific about some of these ideas that I live by. For example, movement cultivates vitality. This is the idea of living within the chaos of time and space. Maybe not everything has to be resolved with a finite answer. Rather, sometimes you can allow uncertainties to exist within the same space and situation. These are obviously ancient ideas from China. Because I’m Chinese, this is what I know. Some of these ideas are also found in the Western frame of mind as well. Maybe in a slightly different perspective, but the principles are there. Perhaps during the Age of Reason, Enlightenment, and Industrial Revolution some of these ideas were cast aside for more concrete analytical ways of approaching life. But since then, in postmodernism, some of these ideas have resurfaced—even in science. So the Chaos Theory, it’s technical…in Chinese it translates as either murky or chaos mathematics. In astrophysics and math these are ideas that are employed by the most modern thinkers as well. I come from this perspective.

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