El viernes pasado leí en menéame una noticia de El Heraldo (que no ha pasado a portada) sobre el descubrimiento en Turquía de nuevos fragmentos de una impresionate inscripción en piedra de Diógenes de Oinoanda de la que no tenía ni idea. Estuve investigando un poco y me di cuenta que el titular del Heraldo, “Descubren en Turquía inscripciones con ideas de Platón del siglo II A.C.”, lo había escrito alguien muy despistado, porque la incripción en piedra, que medía 260 metros cuadrados y contenía 25.000 palabras (un verdadero libro), explica la filosofía de Epicuro y no tiene nada que ver con Platón.

Lo que me ha impresionado es que alguién decidiera grabar todo eso en piedra, y además explique allí porqué lo hace. Esto por un lado, porque por otro la filosofía epicúrea siempre me ha caido simpática. Es una filosofía que busca una receta práctica de la felicidad a partir de una cierta idea de la física y de prestarle atención a las necesidades del cuerpo. Lo explica muy bien Diógenes en este fragmento:

in fact, the wants of the body are small and easy to obtain — and the soul too can live well by sharing in their enjoyment — while those of the soul are both great and difficult to obtain and, besides being of no benefit to our nature, actually involve dangers.

La receta epicúrea recomienda perder el temor a los dioses, a la muerte y al futuro. El temor a los dioses (a cualquier dios) a mi ya me ha cogido tarde y nunca me ha preocupado demasiado. El temor a la muerte está siempre ahí, y hay una frase contundente de Epicuro (en la carta a Meneceo, y que encaja en su filosofía naturalista de los sentidos) que intenta eliminarlo de cuajo “el más terrible de los males, la muerte, nada es para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros”. La frase impresiona, pero a mi nunca me ha convencido, porque se apoya en la tajante radicalidad griega del ser, en lo que es y en lo que ya no es. Si te acostumbras a ser, dejar de ser no parece de antemano un buen consuelo para la adicción. Prefiero la receta que aparece en el impresionante capítulo 18 del Chuang-tzu, cuando Hui-tzu le va a dar el pésame por la muerte de su mujer y se lo encuentra cantando. Cuando te acostumbras a cambiar, la muerte no es más que otro cambio. Pero siempre he usado su receta sobre el futuro: “Hemos de recordar que el futuro no es nuestro pero tampoco es enteramente no nuestro, para que no esperemos absolutamente que sea, ni desesperemos absolutamente de que sea”. Aquí lo que sea o lo que no sea está en relación con la capacidad que tengamos de modificarlo o no, seguir trabajando en lo que tenemos al alcance de la mano y no quemar recursos en lo que está demasiado lejos parece una buena solución.

Bueno, pero yo iba a la inscripción de Diógenes en Oinoanda, en donde explica su punto de vista sobre la filosofía epicúrea y la hace pública grabándola en piedra a la vista de todos (una inscripción Creative Commons), con un propósito terapéutico para aquellos que están bien constituidos. Es el único monumento filosófico que conozco. A mi, la lectura de lo que se conserva del texto me ha emocionado. Voy a copiar los primeros fragmentos, el texto completo lo podeis leer aquí.

..observing that most people suffer from false notions about things and do not listen to the body when it brings important and just accusations against the soul, alleging that it is unwarrantably mauled and maltreated by the soul and dragged to things which are not necessary (in fact, the wants of the body are small and easy to obtain — and the soul too can live well by sharing in their enjoyment — while those of the soul are both great and difficult to obtain and, besides being of no benefit to our nature, actually involve dangers). So (to reiterate what I was saying) observing that these people are in this predicament, I bewailed their behaviour and wept over the wasting of their lives, and I considered it the responsibility of a good man to give benevolent  assistance, to the utmost of one’s ability, to those of them who are well-constituted.  This  is the first reason for the inscription.

I declare that the vain fear of death and that of the gods grip many of us, and that joy of real value is generated not by theatres and …and baths and perfumes and ointments, which we have left to the masses, but by natural science…

And I wanted to refute those who accuse natural science of being unable to be of any benefit to us.  In this way, citizens, even though I am not engaging in public affairs, I say these things through the inscription just as if I were taking action, and in an endeavour to prove that what benefits our nature, namely freedom from disturbance, is identical for one and all.

And so, having described the second reason for the inscription, I now go on to mention my mission and to explain its character and nature.

De las muchas frases que me han tocado en esta larga inscripción, voy a rescatar aquí una: “even though I am not engaging in public affairs, I say these things through the inscription just as if I were taking action.”

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