Repasando historias pendientes de menear en Menéame he encontrado este post de Cuaderno de campo con el video de una entrevista al diputado inglés George Galloway en la cadena de televisión Skynews. Ya le he dado un meneo, pero además lo voy a poner aquí.

Vale la pena verlo por muchas cosas: primero por lo que dice, luego por como lo dice, porque no esconde su indignación, no se corta ni un pelo, y sobre todo por como da la vuelta al mensaje subliminal que se esconde detrás de las preguntas aparentemente “objetivas” de la periodista que le está haciendo la entrevista. Rompe el formato, llama a la periodista por su nombre, le señala su propia responsabilidad personal en el tipo de información que está dando, no acepta que lo interrumpa (el truco de los periodistas cuando algo se les va de las manos) mientras él no ha acabado, y él no duda en interrumpirla para contradecir las presuposiciones implícitas en la pregunta. Intenta convertir el formato aséptico de la entrevista en un diálogo apasionado en el que expresar su indignación, pero la periodista no recoge el guante y prefiere ceñirse al guión. Un ejemplo de las condiciones y las interferencias que aparecen en una situación de diálogo y de la distorsión que suele incluir la información de los media. Bueno, aquí está el vídeo.

No conocía a Galloway, aunque cuando he leido el link que incluye Cuadernos me ha sonado el tema. Galloway le dió la vuelta, según esta información, al interrogatorio que soportó por parte del Senado norteamericano, y se nota que está curtido en estos asuntos. Tiene una buena táctica: no responder en los términos en los que se le plantea la pregunta, porque toda pregunta define ya el espacio de su posible respuesta, sino traer a la luz del diálogo esos presupuestos de la pregunta, desactivarla y devolver la pelota. No me gustan mucho las entrevistas, ya lo dice el nombre, no acabas de ver, solo entrevés, y el formato permite la supuesta neutralidad del que pregunta, que nunca es tal. En cambio, en un diálogo, nadie es neutral.

Sobre lo que dice Galloway, estoy en conjunto de acuerdo, y siento la misma indignación. Hay un punto fundamental cuando la periodista le agita delante la bestia negra del terrorismo. No recuerdo exactamente lo que le responde Galloway, pero viene a decir que aquellos a los que Israel considera terroristas, muchos libaneses los consideran ahora mismo como héroes. El terrorismo es el arma de los débiles y, lo curioso del caso, y algo que ahora mismo no se cuenta mucho, es que en el origen del estado de Israel tuvo mucho que ver una organización terrorista judía, el Irgún, uno de cuyos jefes era el futuro primer ministro Menajem Begin.

El 22 de julio de 1946 pusieron una bomba en el Hotel Rey David de Jerusalén, sede de la administración británica, y causaron 91 muertos. En 1944 habían ahorcado a dos sargentos ingleses en represalia por la captura de varios de sus miembros. El 4 de mayo de 1947 asaltaron la prisión de Acre, una acción que es explicada como una epopeya en esta página de la jewishvirtuallibrary.org y que aparece en la película “Éxodo” con Paul Newman de atractivo terrorista. No pongo datos sobre las acciones contra la población palestina en aquellos años porque ya pertenecen a la historia del ojo por ojo y diente por diente, a la historia de odio que está en el origen del estado de Israel. Pero los atentados contra los ingleses eran terrorismo, puro terrorismo, y ahora una periodista inglesa ya no se acuerda.

No soy para nada simpatizante de Hezbollah, para nada, ni de ningún grupo o país que se base en ideas religiosas. Seguro que me encontraba más cómodo, a nivel de calle y de costumbres, en Israel que en Irán, pero eso no me impide ver los abusos y las injusticias y compartir la indignación de Galloway. Esa indignación forma parte de los valores democráticos por los cuales me resultaría incómodo estar en Irán, unos valores cuya legitimidad se están cargando Israel, Estados Unidos y el Reino Unido. Crac, crac, crac, ¿que está pasando?, aparecen grietas por todas partes.

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