Estoy un poco vago. Ente el calor y un medio resfriado que he cogido con el aire acondicionado del metro, tengo más ganas de leer que de escribir. Ayer encontré un blog muy bueno, el de Juan Freire, y estuve un buen rato leyendo varios de sus posts. Lo encontré porque también comentó la conversación entre Eno y Wright. Da gusto leerlo. Lo he enlazado, y hoy acabo de ver que ha colgado un post sobre Bauman. Esto me ha vuelto a poner a las teclas.

Bauman estuvo en mayo en Barcelona y dió una conferencia con Pere Vilanova (dentro del ciclo Murs d’Europa de CaixaForum) a la que fuimos con Silvia. Bauman es uno de los autores favoritos de Silvia, me había hablado de él, y me llamó la atención el título de uno de sus libros, “La modernidad líquida“. Así que allí fuimos.

La conferencia no trataba sobre la modernidad, sino soble Europa (claro), un tema al que Bauman ha dedicado otro libro, “Europa. Una aventura inacabada“. Hay un buen resumen aquí. Bauman partía que de Europa ya no es el centro del mundo, como lo ha sido durante mucho tiempo (algo que le confirmó su compatriota Ryszard Kapu[ciDski, otro polaco admirable), y ahora ha de volver a encontrar su sitio en el mundo, ha de volver a “seducir” al resto del mundo ofreciendo algo que sea útil y que la convierta otra vez en referencia.

Para Bauman, lo que Europa puede ofrecer ahora al mundo es su capacidad de negociación, de diálogo, algo duramente ganado tras siglos de luchas y que se ha convertido en el cemento de la Unión Europea, que avanza titubeante, pero avanza. Me llamó la atención que Bauman apoyaba esta capacidad de diálogo en la hermenéutica de Gadamer, uno de mis filósofos favoritos y de los que más me han hecho pensar. De hecho, Gadamer licúa a Husserl y Heidegger en la fluidez del diálogo, y de ahí a la modernidad líquida hay un paso.

Salí pensando en el alcance de la propuesta de Bauman. Gadamer defiende la universalidad del diálogo y de la comprensión (un punto que le he discutido Derrida), pero, de hecho, el diálogo tiene unas condiciones previas, muchas veces culturales. En Europa hemos llegado al diálogo después de muchas batallas, después de la Ilustración, después de apostar por la razón para acabar con las guerras de religión, ¿es esto exportable a cualquier situación cultural? No lo sé, pero, en cualquier caso, si que es útil proponerlo, con un aviso para caminantes en la primera página que ponga: HEMOS LLEGADO AQUI DESPUÉS DE MUCHAS BATALLAS.

Hay otro tema que me ha interesado en esta cuestión del diálogo, culturalmente, y es que el diálogo parte de una confianza en el lenguaje que no se da en todas las culturas por igual. Aquí hay que restar etnocentrismo (escribí algo sobre esto aqui). Cuando un europeo se sienta a dialogar seguramente estará pendiente de lo que le dicen después de haber acordado el protocolo, mientras que un posible interlocutor podría considerar que el diálogo ya se ha resuelto en la negociación del protocolo (donde, cuando y cómo), y que lo que se pueda decir entonces resulta menos relevante. Lo importante puede que sean las posiciones.

Tenemos ahora mismo un doloroso caso práctico de todo esto. Europa apuesta por el diálogo en Oriente Medio, Estados Unidos apuesta por la fuerza, Israel apuesta por la fuerza, Irán apuesta por la fuerza (un caso aparte las negociaciones con Irán), a Palestina le estallan en las manos las posibilidades de diálogo. Siria se calla. Y el caso es que Europa no está haciendo un buen papel. Francia (no Europa) se las ha tenido con Estados Unidos para sacar una propuesta que el gobierno del Líbano ha rechazado por insuficiente.

Quizá la cuestión sea: para llegar a una cultura del diálogo ¿será necesario atravesar la dolorosa historia que recorrió Europa?