Archivos para el mes de: mayo, 2006

Pues aquí copio parte del artículo de Sergio A. Moriello (como ya dije en el post anterior). Vale la pena leerlo entero, pero es muy largo y solo pongo una parte. Al que le interese, pues ya sabe.

——————————————–

El planeta Tierra rebosa de fenómenos que parecen caóticos aunque, en realidad, se ciñen a reglas estrictas pero difíciles de desentrañar. Su estructura es tan compleja, con tanta cantidad de variables implicadas, que parece imposible hacer una predicción a un futuro siquiera relativamente cercano. En este artículo se intenta dar una somera idea de la relación entre los sistemas, la complejidad, la auto-organización, el caos, los fractales, las redes y la vida artificial.

Un sistema es un conjunto de elementos o partes que interaccionan entre sí a fin de alcanzar un objetivo concreto. De aquí se desprenden dos implicancias fundamentales. Primero, que existe una influencia mutua entre sus elementos componentes, es decir, que el cambio experimentado en uno de ellos repercute y afecta inevitablemente al resto. Y segundo, que una serie de elementos reunidos (es decir, un conjunto), que no persigue un propósito común (un objetivo), de ninguna manera constituye un sistema. En síntesis, para que el comportamiento de un sistema esté adecuadamente descripto, es necesario conocer, además de sus elementos, las interacciones o relaciones entre ellos. Pero no sólo eso: también se requiere saber sus estados (los valores instantáneos de todos los elementos) y sus transiciones (los cambios dinámicos de esos estados). En otras palabras, se deben describir tanto la estructura (lo que es el sistema) como la función (lo que hace el sistema), dos enfoques complementarios de una misma realidad.

Un sistema es algo más (y algo menos) que la simple suma de sus elementos constitutivos. Por un lado, emergen propiedades nuevas que no pueden atribuirse a ninguno de ellos; y, por otra parte, se reprimen o inhiben algunas de sus propiedades intrínsecas. Existen varios ejemplos de ellos. Partiendo de harina, agua, sal y levadura, y a través de un proceso de cocción, surge el pan, algo totalmente diferente y que tiene otros atributos o cualidades que los ingredientes con los que se origina. Los cardúmenes, los enjambres y las manadas se comportan -como conjunto- de manera distinta a como lo hacen sus individuos componentes. Una neurona por sí misma no posee ningún tipo de inteligencia, pero miles de millones de ellas interactuando entre sí pueden originar una mente, algo totalmente diferente. Este comportamiento surge únicamente cuando el sistema se considera como un todo, como algo global y colectivo.

Dado que todo sistema se encuentra inmerso en un medio ambiente, en general, éste va a afectar tanto su funcionamiento como su rendimiento. Para medir, en cierta forma, esta influencia o interacción aparece el concepto de “permeabilidad”. Los sistemas escasamente permeables (es decir, aquellos que no intercambian o intercambian poca materia, energía o información con el entorno) se conocen con el nombre de “sistemas cerrados”. Por el contrario, los sistemas mediana y altamente permeables son los que presentan alguna o mucha interacción con el medio ambiente y se denominan “sistemas abiertos”. Por supuesto, existen diferentes grados de permeabilidad; de este modo, un sistema que interactúa poco con su entorno recibe el nombre de “parcialmente abierto”. Asimismo, y dentro de la categoría de sistemas abiertos, están aquellos que son influidos pasivamente por el medio ambiente, llamados “no adaptativos”, y los que reaccionan y se adaptan al entorno, llamados “adaptativos”.

Los sistemas también pueden dividirse en dinámicos y estáticos, según modifiquen o no su estado interno a medida que transcurre el tiempo. Un sistema particular que, a pesar de estar inmerso en un entorno cambiante, mantiene su estado interno, se llama “homeostático”. En otras palabras, la homeostasis define la tendencia de un sistema a su supervivencia dinámica. Los sistemas altamente homeostáticos siguen las transformaciones del contexto a través de ajustes estructurales internos. Un ejemplo típico de este tipo de sistema lo constituye una compañía. No obstante, vale aclarar, si el sistema no puede acomodarse al “esfuerzo tensional” (estrés) que padecen por parte del medio ambiente -modificando su estructura o su función- puede transformarse o deteriorarse parcial o totalmente, temporal o permanentemente. La resistencia de un sistema al estrés depende tanto de su estructura como de su función.

Sistemas complejos

Los sistemas complejos se caracterizan fundamentalmente porque su comportamiento es imprevisible. Sin embargo, complejidad no es sinónimo de complicación: este vocablo hace referencia a algo enmarañado, enredado, de difícil comprensión. En realidad, y por el momento, no existe una definición precisa y absolutamente aceptada de lo que es un sistema complejo, pero pueden darse algunas peculiaridades comunes. En primer término, está compuesto por una gran cantidad de elementos relativamente idénticos. Por ejemplo, el número de células en un organismo, o la cantidad de personas en una sociedad. En segundo lugar, la interacción entre sus elementos es local y origina un comportamiento emergente que no puede explicarse a partir de dichos elementos tomados aisladamente. Un desierto puede contener billones de granos de arena, pero sus interacciones son excesivamente simples comparadas con las que se verifican en las abejas de un enjambre. Por último, es muy difícil predecir su evolución dinámica futura; o sea, es prácticamente imposible vaticinar lo que ocurrirá más allá de un cierto horizonte temporal.

En la naturaleza se pueden encontrar una gran cantidad de ejemplos de sistemas complejos que se extienden desde la física hasta la neurología, desde la economía hasta la biología molecular, desde la sociología hasta las matemáticas. Por ese motivo, esta clase de sistemas no constituye un caso raro ni excepcional sino que se manifiesta en la inmensa mayoría de los fenómenos que se observan a diario. Sin embargo, y a pesar de su gran diversidad y abundancia, se pueden identificar conductas dinámicas genéricas, no importa su naturaleza (física, química, biológica o social); entre ellas, las leyes de crecimiento, la autoorganización y los procesos colectivos emergentes. Como ejemplos de sistemas complejos se pueden mencionar -entre otros- una célula, un cerebro, un organismo, una computadora, un ecosistema, una sociedad de insectos, un sistema inmunológico o una economía de mercado.

La mayoría de los sistemas complejos son inestables, se mantienen delicadamente equilibrados. Cualquier variación mínima entre sus elementos componentes puede modificar, de forma imprevisible, las interrelaciones y, por lo tanto, el comportamiento de todo el sistema. Así, la evolución de esta clase de sistemas se caracteriza por la intermitencia (o fluctuación), aquella situación en la que el orden y el desorden se alternan constantemente. Sus estados evolutivos no transcurren a través de procesos continuos y graduales, sino que suceden por medio de reorganizaciones y saltos. Cada nuevo estado es sólo una transición, un período de “reposo entrópico”, en palabras del Premio Nobel ruso-belga Ilya Prigogine.

Estos sistemas nunca llegan a un óptimo global, al estado de mínima energía. En general, crecen progresivamente hasta que llegan al límite de su desarrollo potencial. En ese instante, sufren un desorden, una especie de ruptura que induce una fragmentación del orden pre-existente. Pero después, comienzan a surgir regularidades que organizan al sistema de acuerdo con nuevas leyes, produciendo otra clase de desarrollo. Este comportamiento es típico en los sistemas naturales: por ejemplo, el tránsito, en los insectos, del huevo a la larva y de ésta a la crisálida. En consecuencia, la organización de los sistemas complejos se da en diferentes niveles. Las leyes que gobiernan la causalidad de un dado nivel, pueden ser totalmente diferentes a las de un nivel superior.

Auto-organización

El orden y el desorden se necesitan el uno al otro, se producen mutuamente; son conceptos antagónicos, pero, al mismo tiempo, complementarios. En ciertos casos, un poco de desorden posibilita un orden diferente y, a veces, más rico. Así, por ejemplo, un organismo puede seguir viviendo a causa de la muerte de sus células; o una organización se perpetúa gracias a la desvinculación de sus miembros. La variación y el cambio son etapas inevitables e ineludibles por las cuales debe transitar todo sistema complejo para crecer y desarrollarse. Cuando esta transformación se consigue sin que intervengan factores externos al sistema, se hace mención a un proceso de “auto-organización”.

La auto-organización se erige como parte esencial de cualquier sistema complejo. Es la forma a través de la cual el sistema recupera el equilibrio, modificándose y adaptándose al entorno que lo rodea y contiene. En esta clase de fenómenos es fundamental la idea de niveles. Las interrelaciones entre los elementos de un nivel originan nuevos tipos de elementos en otro nivel, los cuales se comportan de una manera muy diferente. Por ejemplo, entre otros, las moléculas a las macromoléculas, las macromoléculas a las células y las células a los tejidos. De este modo, el sistema auto-organizado se va construyendo como resultado de un orden incremental espacio-temporal que se crea en diferentes niveles, por estratos, uno por encima del otro.

Los sistemas autoorganizados se mantienen dentro del estrecho dominio que oscila entre el orden inmutable y el desorden total, entre la constancia rígida y la turbulencia anárquica. Una condición muy especial, con suficiente orden para poder desarrollar procesos y evitar la extinción pero con una cierta dosis de desorden como para ser capaz de adaptarse a situaciones novedosas y evolucionar. Es lo que se conoce -desde antaño- como “transiciones de fase”, o -más modernamente- como lo llama el doctor en Ciencias de la Computación, antropólogo y filósofo estadounidense Christopher Langton: el “borde del caos”. Es en esta delgada franja en donde se ubican los fenómenos que edifican la vida y las sociedades.

Por último, se puede aclarar que, aunque no es posible analizar matemáticamente la evolución de muchos de estos sistemas, se los puede explorar -sin embargo- a través de experimentos numéricos (con sistemas informáticos). Esto se debe a que, desde el punto de vista computacional, son sistemas irreducibles; es decir, la única forma de estudiar su evolución es mediante la observación directa (o sea, permitiendo que evolucionen). Para su estudio, en consecuencia, se emplean potentes sistemas computacionales en donde se simulan sus componentes, sus conexiones y sus interacciones, observándose la dinámica emergente.

Sistemas caóticos

Durante el siglo pasado, los científicos clasificaban a los sistemas según su grado de predictibilidad. Así, un sistema es determinístico cuando su comportamiento es bastante predecible, determinado, cuando parece seguir unas ciertas reglas y es probabilístico -o estocástico- cuando no hay certeza de su estado futuro, sólo una probabilidad, cuando aparece un orden estadístico, un orden promedio. No obstante, esta burda y tosca clasificación sufrió severos embates durante el último medio siglo. Por ejemplo, se descubrió que muchos sistemas dinámicos no lineales se comportan -en ciertas condiciones- de forma tan compleja que parecen probabilísticos, aunque, en realidad, son determinísticos. En otras palabras, a pesar de que las reglas -a nivel local- son muy simples, el sistema -a nivel global- puede tener un comportamiento inesperado, no predecible. Se trata de un “sistema caótico”.

Una de las singularidades que caracterizan a los sistemas caóticos es que dependen sensiblemente de las condiciones iniciales. Un insignificante cambio en las condiciones de partida se amplifica y propaga exponencialmente a lo largo del sistema y es capaz de desencadenar -a futuro- un comportamiento totalmente diferente o, incluso, una imprevista catástrofe. Es decir, configuraciones iniciales casi idénticas, sometidas a influencias externas casi iguales, acaban transformándose en configuraciones finales absolutamente distintas. Y es este el motivo por el cual es prácticamente imposible hacer una predicción del estado final de estos sistemas complejos.

Sin embargo, el caos no es más que un desorden solamente en apariencia, tiene muy poco que ver con el azar. Aunque parecen evolucionar de forma aleatoria y errática, estos sistemas tienen -en realidad- un cierto orden interno subyacente. Por eso, aun cuando son impredecibles, también son determinables. Esto significa que su estado futuro está determinado por su estado actual y obedece estrictas leyes naturales de evolución dinámica (en forma de complicadas ecuaciones diferenciales no lineales). Pero estos sistemas son tan irregulares que jamás repiten su comportamiento pasado, ni siquiera de manera aproximada. Por ejemplo, y aún cuando se conozcan con gran precisión las ecuaciones meteorológicas y se puedan medir las variables críticas (temperatura, humedad, presión, masa y velocidad del viento), es muy difícil predecir con exactitud las variaciones climáticas más allá de un cierto tiempo posterior. Otros sistemas caóticos lo constituyen los fluidos en régimen turbulento, la dinámica de la atmósfera, las reacciones químicas, la propagación de enfermedades infecciosas, los procesos metabólicos de las células, el mercado financiero mundial, los movimientos de grupos animales (cardúmenes o enjambres), la aparición aperiódica de epidemias, la arritmia del corazón, la red neuronal del cerebro humano, etc.

El caos parece formar parte de la estructura misma de la materia y está muy ligado a los fenómenos de auto-organización, ya que el sistema puede saltar espontánea y recurrentemente desde un estado hacia otro de mayor complejidad y organización. Un ejemplo típico es el agua que se desliza a través de una canilla en un goteo desordenado y, súbitamente, forma un chorro ordenado. Estos sistemas se caracterizan por su flexibilidad y adaptación (y, en consecuencia, por su estabilidad), lo cual les permite enfrentar las condiciones cambiantes e impredecibles del entorno. Operan bajo una extensa gama de condiciones, ya que parecen estar formados por una compleja estructura de muchos estados ordenados, aunque normalmente ninguno de ellos se impone sobre los demás (a diferencia de un sistema ordenado, que presenta un único comportamiento). Por lo tanto, se puede controlar su evolución con ínfimas correcciones, a fin de forzar la repetición de ciertas trayectorias. En otras palabras, si se los perturba adecuadamente, se los puede obligar a que tome uno de los muchos posibles comportamientos ordenados.

—————————

Me parece muy bien explicado. Solo hay un tema que me parece que no trata mucho, y es el feed-back, la retroalimentación, pero bueno, otro dia lo comento porque hoy estoy cansado.

Anuncios

Bueno, pues el jueves pasado Rez planteaba (justo antes de su viaje es-pec-ta-cu-lar a Sevilla) un tema interesante en el blog. Copio un trozo:

Cuando la consciencia está fijada en la observación del tiempo el tiempo se dilata y su transcurso se hace más lento, mientras que cuando no se es consciente (del instante, de la actividad concreta) el tiempo pasa más rápido.

Voy a hacer una carambola de la muerte. Einstein en su teoría de la relatividad expuso la relación entre la fuerza de la gravedad y el espacio tridimensional.
Según está relación, una masa (un planeta, un satelite, una estrella, un agujero negro&) suspendida en el espacio provoca una curvatura en el mismo. Dicho de otra forma, la presencia de una masa distorsiona la uniformidad del espacio que tiene a su alrrededor.

Y ahora viene el doble salto.
Una consciencia suspendida en el tiempo supone algo parecido. Una curvatura. Un punto de consciencia sobre el tiempo deforma el tiempo en relación al grado de consciencia que se tiene de ese instante. Dicho de otra forma. Cuanta más consciencia tenemos de un momento más grande es la curvatura que producimos, cuanta más grande es la fuerza de gravedad de nuestro pensamiento sobre un instante más dilatamos o prolongamos ese instante. No es una cuestión psicológica. Es una cuestión de física relativista. Es una demostración de como el pensamiento está intimamente relacionado con la propia física de la realidad a la vez que un apunte de la idea de que nuestro pensamiento genera, modifica y en definitiva, crea, la propia realidad.

El paralelismo tiene miga. No se si es posible colocar estos dos efectos a un mismo nivel, pero a primera vista encajan. Claro que lo que se modifica en el segundo caso podría ser la percepción del tiempo, y habría que aclarar primero si el tiempo es la percepción del tiempo, si nuestra percepción modifica en realidad el tiempo. Yo diría que lo puede dilatar, pero no acabo de ver que lo pueda modificar. El tiempo se me puede hacer eterno mientras estoy en la sala de espera del dentista, y en cambio, a la enfermera que contesta el teléfono le puede pasar en un santiamén, pero el próximo paciente con una muela averiada entrará a su hora (más o menos).

Pero el caso es que hoy he leido un post de Microsiervos que trata del mismo tema, “Fronteras de la percepción temporal“, y trata de lo que llama el efecto bullet-time, a partir de aquel efecto de Matrix en que el tiempo se ralentizaba mientras le cruzaban las balas. Comenta que, en situaciones de peligro, el tiempo se ralentiza, y cita un libro de Malcolm Gladwell, Blink!, y un experimento del psicólogo David Eagleman con gente que hacía saltos de 50 metros en caída libre. Cita también la percepción del tiempo en los accidentes de coche, algo que me han contado algunos amigos que pasaron por esto. Copio otro trozo (y esto se va alargando..):

Este efecto se produce generalmente cuando una persona está en una situación de peligro. Entonces, todo parece transcurrir «a cámara lenta». Su percepción de los detalles aumenta durante unos momentos y luego vuelve a la normalidad. No está claro cómo funciona este fenómeno pero en el libro se explica que realmente podría tratarse de una modificación en la «velocidad de procesamiento de los sentidos» en situaciones especiales, algo que tendríamos todas las personas incorporado de fábrica. Algo así como samplear más rápido una señal con un ordenador para obtener más detalles y calidad. Obviamente, esto mismo es lo que hace Neo en Matrix en la escena del tejado y los disparos, más conocida precisamente como «efecto bullet-time» (tiempo bala).

Alvy (el que ha puesto el post) dice que no queda claro si este fenómeno es real o percibido, y aquí está el quid de la cuestión. Pero en todo caso, en estas situaciones lo que está claro es que tenemos más conciencia del momento (porque nos hace falta para superar el peligro), y este aumento produce una mayor curvatura en el tiempo, una dilatación. Es lo que comentaba Rez. La cuestión, quizá, podía plantearse así: ¿en qué medida la percepción dilatada del tiempo de un individuo supone un input en una “situación temporal” dada (y compartida) que puede modificarla? Sería el caso, por ejemplo, de un accidente de coche en el que viajan varias personas.

Bueno, y ahora (ya puestos) voy a hacer yo otro paralelismo que me ha llamado la atención. Agustín de Hipona (que tenía una frase muy buena para definir el tiempo: “si no me lo preguntan lo sé, pero si me lo preguntan no lo sé”) acababa diciendo que el tiempo es una distensión de la eternidad. Agustín era obispo cristiano (y luego santo) y tenía un dios eterno y un Agustín de Hipona al que le pasaban los dias y los años, y se hizo este apaño. Pero lo curioso es que igual se lo hizo a partir de esta misma intuición de la dilatación del tiempo, si el tiempo se dilata mucho (por un aumento extremo del grado de conciencia) puede detenerse, y eso se parece bastante a la eternidad, aunque sea tocada con un dedo. Es el mismo fenómeno desde dos perspectivas diferentes: por un lado la eternidad se destensa y por otro el tiempo se dilata. Lo curioso es que esta idea le venía por el lado de los neoplatónicos egipcios (Plotino y demás), que se montaban espectaculares itinerarios místicos.

Bueno, pues acabo con esto, que hay quien me dice que me enrrollo mucho (esta mañana he desayunado con Dani que, por cierto, también ha abierto un blog, aunque todavía no tengo la dirección), pero es que me van estos temas, que le voy a hacer. Y otra cosa, la hermana de Rez informa que la película What the Bleep We Know?! está financiada por una secta. No lo sabía y soy alérgico a las sectas. Sigo pensando que da información interesante e interpretaciones discutibles, pero bueno, ojo al dato. Bueno, y otra cosa (maldita sea, no voy a acabar nunca), estos días estaba intentando ordenar la información sobre los sitemas complejos y todo eso, pero he encontrado un artículo de Sergio A. Moriello que lo explica de maravilla (porque si lo pongo como enlace no lo lee nadie), así que después de este post voy a colgar otro con parte del artículo. Y ahora si que acabo.

Vengo leyendo últimamente en varios sitios que ahora “se llevan” los blogs temáticos. Hace un mes y pico alt1040 explicaba así su primera razón para borrar un feed RSS:

Si yo me suscribo a un blog sobre verduras es porque quiero leer posts sobre verduras y no sobre automóviles; es sumamente molesto esperar ciertos contenidos (de un blog que se vende como tal) para terminar leyendo cosas que no tienen ninguna relación al tema.

La tendencia a los blogs temáticos es la tendencia a organizar la información. Lo que buscas en un blog es determinada información, o su elaboración en conocimiento sobre un tema determinado. Pero un blog tiene detrás una persona (o varias) que no siempre es un pregonero de información. Parece que hay una cierta presión social para organizar contenidos. En el 95, cuando empecé a meterme en Internet, había una eclosión de webs personales, y tengo la impresión (no comprobada estadísticamente) de que muchas de ellas han derivado a webs temáticas.

Un blog puede usarse para muchas cosas, para todas, pero si detrás de un blog hay una persona (y muchas veces esa es la gracia del blog), las personas no tenemos porqué ser temáticas. No ser temático no me parece una buena razón para cortar la conexión. Al revés, el blog es una herramienta que permite volcar lo que sea sin un formato determinado, pura libertad, mi libertad. Y no es excluyente, el que quiera blogs temáticos que busque blogs temáticos, que los hay, pero que no introduzca criterios. Aquí todo vale.

Todo esto viene a cuento de un post que he leido hoy en blog maverick (le han dado un premio webby) sobre la diferencia entre los blogs y los media, un tema del que habíamos estado hablando con Adolfo. Copio aquí un párrafo:

I can write about anything. I can write opinion. I can report facts. I can ask questions. I can jump from topic to topic to topic. Sports, the NBA, business, personal experiences, technology, movies, entertainment, hdtv, whatever I want to write about. One minute Im a reporter, communicating what happened and where, the next Im an opinion columnist. The next Im op-ed, punching or counter punching someone in traditional media, just to see if they can take a punch as well as they can throw one.  its all up to me and its fun.My blog is just that. Mine.

Esta es la sensación que tengo yo con este blog: es mio y escribo lo que quiero sin problemas ni rigideces de formato. Una ensalada que cuantos más ingredientes tiene sabe mejor. El tema no está en la selección de contenidos, sino en la conexión que existe entre todos ellos. Cada post es un nodo que interactúa con los anteriores y va haciendo un dibujo flexible que va saliendo solo. Pum, pum, esto y lo otro.

Jeje, voy a meter una cita sobre clasificaciones que siempre recuerdo. En el prólogo de “Las palabras y las cosas” Foucault comenta una cita de Borges que menciona una hipotética enciclopedia china según la cual los animales se dividen en:

a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas.

Esta cita le dió trabajo a Foucault para analizar qué podemos pensar y porqué no podemos pensar esto. Tematizar blogs es volver a encajar en formatos previos. Bueno, pues eso, que éste es un blog no-temático (o no pretende serlo).

Ayer noche concierto de “Las vaqueras anónimas”, el grupo de Carrie. Son siete u ocho chicas norteamericanas que empezaron cantando country en plan parodia, un country-cabaret realmente divertido. En el espectáculo de anoche ampliaron los temas y cantaron canciones muy buenas. Entre bromas y veras de vez en cuando se te ponía la piel de gallina (tienen unas voces asombrosas) y aplaudíamos todos a rabiar. Y estaba lleno, un éxito para un lunes por la noche.

Estábamos allí parte de la expedición a Mongolia y parte de una expedición anterior a la Ribagorza. Marcus me dijo que tenía el vídeo del concierto de Peter en el Heliogábalo (el de febrero), y con Daniel estuvimos hablando de la mejor manera de distribuir las fotos de estas expediciones. Había también una buena representación de la colonia norteamericana en Barcelona, y estuve hablando con Moses de unas jornadas de vídeo digital que habían hecho en la Casa de la Caritat. Como suele pasar, él estaba más enterado que yo del asunto porque, claro, yo vivo aqui y de la mayoria de las cosas ni me entero.

Después fuimos al… creo que se llama el Jazmin, en la Rambla del Raval, enfrente del gato de Botero, y la sorpresa fue que al salir (al entrar iba hablando y no me di cuenta) vi que detrás del gato, una escultura que debe medir unos cinco o seis metros, había un avión enorme, casi el doble que la escultura, puesto en medio de la Rambla, todo metálico y reluciente. Pues si, allí estaba. Bueno.

(Solo me tomé un vodka).

Ayer por la tarde en casa de Marta, bebiendo cervecitas y hablando de los amigos holandeses. Marta estuvo en Amsterdam hace unas semanas y tenia noticias frecas. Vendrán a mediados de junio. Pero bueno, hablamos de los amigos vivos y de los amigos muertos. Estuvimos oyendo un disco de La Pat, una cantante holandesa muy buena, realmente impresionante, y la musica nos hizo recordar los amigos que nos la descubrieron y que ya no están aqui.

Los años duros del sida se nos llevaron unos cuantos amigos. Hablamos de Eric y de Jeert, y de Marcus. Los amigos muertos siguen viviendo en el recuerdo de los que los quisieron, eso es lo que le dije a Eric la última vez que le vi, que seguiría viviendo en mi cabeza. Cuando llegó el final, Eric decidió suicidarse. Lo había decidido así y en Holanda podía hacerlo legalmente. Habíamos quedado en que me avisaría y fui a verlo a Amsterdam. Tenía 28 años y supo morir… bueno, supo morir.

Esta mañana he visto un cartel en la calle que decía que el 20 de mayo es el memorial del sida. Por eso escribo esto. Un recuerdo para los amigos muertos, también para Ramón y para Dudú.

Poco tiempo para escribir,esta semana. Mucho trabajo, algunas quedadas para cenar, en realidad poco tiempo en casa. El jueves cena en Laie con el club de doctorandos que (menos Adolfo) estamos en un estado de gerundio indeterminado.Y ayer tarde, con Rez, a ver “What the Bleep Do We Know!?” (“¿Que sabemos?”), una pelicula curiosa e interesante, mezcla de documental y ficción, que trata de la física cuántica y el cerebro. Interesante porque proporciona bastante información sobre el tema, con entrevistas a varios científicos de los dos campos, aunque me interesó más la información que proporciona que algunas de las conclusiones que extrae de ella.

A pesar de todo plantea varios temas interesantes. Uno de ellos es la diferencia entre el mundo ya hecho y externo que nos ofrece la física clásica y el mundo capaz de reconfigurarse a partir de una determinada perspectiva de observación que parece permitir la física cuántica. Esto supone un papel diferente de la observación y la conciencia en el mundo, forma parte de esa reconfiguración flexible, es un polo del proceso. Formamos parte de la misma piscina cuántica, viene a decir. Es una idea que puede tener interpretaciones New Age, asociaciones con los sistemas complejos, derivaciones sobre la responsabilidad de las acciones en este nuevo contexto… bueno, que tiene un montón de hilos por donde tirar. Y también plantea, en el fondo, las relaciones entre la física y la biología.

Por cierto, en el semanal del Pais del domingo pasado había una entrevista con James Lovelock, autor hace años de la hipótesis de Gaia, según la cual la tierra es un todo que se autorregula, una visión bastante biológica de la física. En todo caso, en la entrevista se comenta la hipótesis que está en el origen de la teoría: “el equilibrio químico de la atmosfera (de los planetas) posee un índice muy alto de entropía, o lo que es lo mismo, de desorden. Y cuando se encuentra una atmósfera con una entropía baja, en la que hay demasiado metano, o demasiado oxígeno, o cualquier otro ordenamiento químico anómalo, eso indica la presencia de vida. Porque es la vida la que altera el equilibrio químico y lo ordena”. Me llamó la atención. Lovelock acaba de publicar un libro en el que profetiza un desastre ecológico descomunal e inminente. Glups!!!.

Bueno, pues después del cine me fui a cenar con Pablo y Laura, y luego fuimos al Mephisto. Yo no había estado nunca, creo que antes era un sitio de hard rock, pero anoche pinchaban trance, y estaba muy bien. Nos encontramos a Víctor, que presentó allí hace unos meses su primer disco, y nos contó que les han salido varias historias por España (y hasta en Brasil). Luego estuvimos en el Resplandor con Rez y unos amigos, pero anoche aquello era más un club que una discoteca. La música era ambiental y apenas se oía. Nadie bailaba. Un ratito de conversación y después fuimos a hacer el after en Aragón/Diagonal, con una botellita de Four Roses que tenían los anfitriones por allí (aunque la bebida nacional es el ron). Rosa por aquí, rosa por allá, y entrada decidida en la mañana del sábado.

Stephen Hawking sigue sorprendiéndome, más que cualquier autor de ciencia ficción. Imaginar un universo que, en lugar de tener un historia lineal, desde el principio hasta aqui, tiene un desarrollo esférico en el que solo se puede determinar un punto concreto, el del aqui en que reside el observador que intenta reconstruir esa historia. Del principio apenas sabemos nada, excepto que es probable que fuera una singularidad (Hawking-Penrose) y sujeta, por lo tanto, a las curiosas leyes de la física cuántica. Richard Feynman (otro peso pesado, y un personaje curioso donde los haya) sugirió que para entender el comportamiento de las partículas a ese nivel había que asumir que cuando una partícula, un fotón por ejemplo, viaja del punto A al punto B no solo toma esa trayectoria, sino que toma todas las trayectorias posibles simultáneamente. Eso crea el desarrollo esférico: todas las trayectorias posibles, todos los universos posibles. Pero tenemos un punto desde el que observamos todo esto, y ese punto polariza una trayectoria determinada y permite la perspectiva de un universo determinado, no a partir de su origen (múltiple, simultáneo y muy poco práctico) sino desde aqui, desde el punto de llegada y hacia atrás. Toma castaña! Viene a decir que creamos, concretamos, un universo cuando lo observamos. Cuidado, cuidado, que esta es una idea muy fuerte.

Todo esto viene a que acabo de leer, via Menéame, un post de Ok grouputer (Heisenberg + LSD = Stephen Hawking’s Flexiverse) que reproduce un artículo aparecido este mes en New Scientist sobre las teorías de Hawking y Herzog con respecto a la historia del universo y a su observación/creación. El artículo se llama Exploring Stephen Hawking’s Flexiverse, y es una pasada. El caso es que lo que yo he estudiado es filosofía (y ahora sociología de la tecnología en el doctorado) y en estos temas de física voy un poco a tientas (lo que leo es literatura sobre física, no la física pura y dura), pero lo que alcanzo a comprender tiene mucho peso, enlaza con temas de filosofía y empieza a perfilar, con otros ingredientes como los sistemas emergentes, los sistemas complejos y la teoría del caos, lo que Kuhn llamaría un nuevo paradigma. Bueno, todo esto con el freno puesto, porque es muy fácil embalarse. Poquito a poco.

Hay dos cuestiones que se me ocurren después de leer el artículo: la primera es que cuando los físicos hablan de observación en realidad se están refiriendo a una acción. Si para observar la trayectoria de un electrón necesitamos el impacto de un fotón (Heisenberg), este impacto es una acción implícita en la obervación. La observación no es neutral, actúa y modifica. La segunda es que los físicos plantean el caso de un observador genérico, un poco abstracto, pero si a esto le sumamos la sociología, tenemos algo muy próximo al título del libro de Berger y Luckmann, “La construcción social de la realidad“. Y aquí hay tela. Voy a tener que ordenar mis ideas sobre todo esto, porque estoy un poco sobrepasado, y voy a abrir una nueva categoría, aqui en el blog, sobre los sistemas complejos y demás, porque en algún sitio habrá que colocarlo.

Hay una frase del artículo que se me ha quedado en la cabeza y que creo que sintetiza lo que puede ser este cambio de paradigma:”Hartle agrees. Hawking and Hertog’s scheme may seem strange, but it is the only way forward because we are part of the experiment we are trying to observe”. Somos parte del experimento que intentamos observar. En física, en sociología, en antropología, en el análisis de la blogosfera, al intentar conocer modificamos. Es así y está bien, pero hay que tenerlo en cuenta.

Ayer con Pablo, Maite y Laura por el Raval. También vinieron Mauricio y Emo, un amigo suyo sueco que conoció en Brasil. Con Mauricio nos volvimos a encontrar esta semana en medio de Via Layetana, o sea, en medio, yo esperaba el semáforo en una acera y él estaba en la otra, nos pusimos a hablar en medio del paso de peatones para quedar este finde y tuvimos que acabar rápido porque cambiaba el semáforo y arrancaban los coches.

Mauricio se va la semana que viene de Barcelona, continua viaje. Es curioso porque Maite conoció a Mauricio en Brasil, y allí conoció también Mauricio a Emo, y al final se han vuelto a encontrar los tres en Barcelona. Algo así pasó con Hugo. Lo conocí en Costa Rica cuando fui a ver a Pablo. Había salido dos años antes de Buenos Aires y se había recorrido toda Sudamérica, y de Costa Rica se fue a Méjico. La noche de San Juan de hace dos años Pablo y Carmen aparecieron por sorpresa en el bar de Victor. Pero la sorpresa fue doble porque al rato de estar allí también apareció Hugo, que se suponía que estaba en Méjico. Luego fueron Victor y Maite los que decidieron ir a Brasil, empezaron en Salvador y llegaron, por todo el norte y el Amazonas, hasta Peru y Bolivia. Mauricio está pensando ahora en irse a la India. La gente se mueve.

Siempre he pensado que existe una diferencia radical entre un viajero y un turista. El turismo es el viaje convertido en producto de consumo, el turista viaja con su propio habitat a cuestas, tanto le da un hotel en Bali o en Cancún, porque lo primero que va a mirar es si tiene piscina. Después dira aquello de “hicimos” Bali o “hicimos” nosedonde (una frase que odio), pero hacer hacer la verdad es que hacen poco, porque se lo dan todo hecho. Viajar es otra cosa. Últimamente pensaba que cada vez hay más turistas y menos viajeros, pero estoy conociendo gente que se dedica a viajar, que trabajan durante un tiempo para tener dinero y seguir viajando, que eligen el rumbo según la gente que conocen en los viajes, y Barcelona se ha convertido en uno de los destinos de estos viajeros. Algunos pasan un tiempo en casas okupas, o en casas de amigos, y ya hay una buena colonia de nómadas por aquí.

A todo esto, hoy me he despertado con una resaca espectacular y, a pesar de que suelo beber bastante (es verdad, Ana), es algo que no me suele pasar. No sé si me dieron vodka en malas condiciones o es que mi hígado ya protesta por el exceso de trabajo. De todas formas he decidido pasar una noche de sábado tranquilita, para que todo se ponga en su sitio. Me voy a leer un rato.

Leo en Barrapunto dos noticias que, si se suman, hacen una caricatura muy divertida. Copio la primera: “Google decide poner fin a la abusiva campaña Adwords iniciada este año por Microsoft. Hasta hace horas, al buscar la palabra “Linux” en la versión española del motor de búsquedas Google, el usuario se encontraba con un aviso de Microsoft que enlazaba a una engañosa comparación entre los sistemas operativos Linux y Windows. De esta manera la empresa Microsoft perpetraba impunemente un acto de competencia desleal y publicidad engañosa al que felizmente Google ha decidido dar fin”. Copio la segunda: “Acaba de conocerse que la Fundación Bill y Melinda Gates ha sido galardonada en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2006”. Plis, plas.

Los intentos de Microsoft para desacreditar a Linux tienen una larga historia, más larga que la de las espléndidas donaciones de la Fundación Bill y Melinda Gates, pero no parece que los miembros del jurado hayan valorado la estrategia empresarial que ha hecho posible esas espléndidas donaciones, una estrategia que está ahora mismo cuestionada por la Unión Europea. El juicio UE versus Microsoft está teniendo lugar ahora mismo, y este premio le va a venir a Bill Gates como anillo al dedo. Se han cubierto de gloria los miembros del jurado, sobre todo porque es difícil de aceptar que la importancia para la cooperación internacional de las donaciones de esta fundación, por muchos millones que supongan, pueda ser superior a los beneficios que en este mismo ámbito supone la existencia de un sistema operativo gratuito como Linux (adoptado por muchos paises que no tienen presupuesto para pagar las licencias de Microsoft), un sistema operativo que Microsoft intenta torpedear desde hace años.

El primer caso que conozco de esta estrategia por parte de Microsoft es el informe de Mindcraft de abril de 1999, según el cual Microsoft Windows NT Server 4.0 era 2.5 veces más rápido que Linux (Red Hat 5.2 con el kernel 2.2.2) como servidor de archivos, y 3.7 veces como servidor web. En el informe original no se mencionaba que había sido pagado por Microsoft y que su producto disponía de un soporte completo, que Mindcraft no fue capaz de conseguir de la comunidad Linux. El informe levantó muchas críticas, y Mindcraft propuso repetirlo, una invitación que, finalmente, no se llevó a cabo. Aún asi, el informe sirvió para corregir aspectos concretos del kernel que no respondían bien en ciertas situaciones poco probables.

Pero donde Microsoft ha puesto más interés en desacreditar a Linux ha sido en toda la movida del uso de Linux por parte de la administración pública. Es un sector crítico, por si mismo y porque puede generar un efecto dominó entre los usuarios. Microsoft se ha servido en este caso de varias fundaciones que subvenciona (NERA, ADTI) para generar literatura académica favorable a sus intereses. La mayoria de los estudios académicos que conozco favorables a Microsoft están subvencionados por NERA. La respuesta a estos estudios corren a cargo de miembros de la comunidad Linux que han tenido el tiempo y los conocimientos para discutirlos. Un combate irregular, que no ha parado, sin embargo, las migraciones a Linux entre las administraciones públicas.

Un ejemplo: David Evans, antiguo chairman de NERA, publicó en mayo del 2002 (junto a Bernard Reddy) un informe titulado “Government Preferences for Promoting Open-Source Software: A Solution in Search of a Problem“,  un artículo muy difundido que ha servido de guión a muchas intervenciones públicas de miembros de la plantilla de Microsoft o a estudios subvencionados por NERA. Este informe fue respondido por Ricardo Galli en “El informe NERA analizado” (septiembre del 2003). La cuestión es ésta: no conozco ningún artículo académico ni ningún informe favorable a las posiciones de Microsoft que no haya sido subvencionado por Microsoft. No pretendo ser exhaustivo, pero me he repasado bastante esa literatura.. Poderoso caballero es Don Dinero.

¿Qué es lo que están premiando los señores jurados del Príncipe de Asturias?

Hoy he vuelto a leer, via Elástico, un artículo que salió a finales de marzo en El Pais sobre la exposición, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, de un libro de litografias de Le Courbusier. Fue un artículo que me llamó la atención, y lo estuvimos comentando con Silvia cuando volvió de Buenos Aires (Silvia es arquitecta). Me llamó la atención primero porque Le Corbusier es conocido sobre todo como arquitecto, uno de los fundadores de la arquitectura contemporánea, de la arquitectura racionalista, y no sabía que también fuese pintor, pero, sobre todo, porque el artículo explica que este libro de litografías (que se titula “Poema del ángulo recto”) se mezcla la búsqueda de la geometría oculta en la naturaleza con la simbología de los números, la mística, resonancias cátaras y cierta fascinanción por la alquimia. De todo ello deduce la periodista que el libro contradice la imagen racionalista de Le Corbusier.

Lo que me llamó la atención es que esta contradicción aparente se dió en muchos de los pintores abstractos de principios del siglo XX. Hace años vi una exposición en Amsterdam dedicada a este tema, se titulaba “The spiritual in art: abstract painting 1890-1985” y me impresionó tanto que me compré el catálogo. Reune una serie de artículos con un montón de información y detalles muy curiosos: Mondrian, que tiene cuadros impresionantes a base de líneas negras rectas y rectángulos de colores, fue miembro de la Sociedad Teosófica, Kandinsky, que juega con geometrias a veces serpenteantes (a mi no me gusta mucho) y escribió “De lo espiritual en el arte”, practicaba el yoga y también leía a Steiner (uno de los fundadores de la Sociedad Teosófica), y así unos cuantos. La espiritualidad que corría por aquella época era una espiritualidad heterodoxa, basada en Steiner, Blavatsky, Ouspensky o interpretaciones sui generis del cristianismo primitivo, la mística cristiana de Jacob Böhme o la Kábala. Todo el tutifrutti ocultista.

Pero lo curioso del caso es que todas estas influencias contribuyen a configurar la pintura moderna, la pintura abstracta, que (por “moderna”) se supone que es racionalista, y ahora, en el caso de Le corbusier, también la arquitectura. Y la arquitectura es el espacio en que nos movemos. Pero hay más, porque esta vena mística también aparece en uno de los filósofos que ha marcado el rumbo de la filosofía en el siglo XX: la cuidadosa arquitectura lógica del “Tractatus” de Wittgenstein concluye en lo inefable. De lo que no es posible hablar, mejor es callarse (o algo asi). La biografía de Ray Monk, que leí el año pasado, despeja bastante este punto. A la arquitectura del “Tractatus” sigue el nomadismo fragmentario de las “Investigaciones filosóficas”.

Mi impresión, cuando vi la exposición de Amsterdam, fue que un cierto nivel de intensidad, sea mística o sea racional (y puede que, en el fondo, sean primas hermanas), quema toda la carne y los ornamentos y solo te deja los huesos, la geometría abstracta de los huesos. Lo esencial. Pero cuidado con lo esencial, porque la geometría de Le Courbusier (y la lógica de Wittgenstein) tienen un sentido, pero si reproduces la fórmula sin incluir ese sentido que no está explícito lo que consigues son arquitecturas anoréxicas (y baratas) e investigaciones de estar por casa.

Bueno, hoy me he vuelto a poner las botas con todo esto. De los nómadas de Mongolia a Le Corbusier. Por cierto, Silvia me habló de un arquitecto argentino amigo suyo que también es pintor, Clorindo, y por lo que cuenta ella, debe ser todo un personaje.