Ayer Gerard me regaló la traducción de Gia Fu del I Ching (por cierto, el lunes es mi cumpleaños y esta noche hay fiesta). Gerard también estuvo en Stillpoint, antes y después que yo (no coincidimos aunque planeamos el viaje juntos), y se trajo de allí una copia del manuscrito. El libro fue publicado a la muerte de Gia Fu por Bin Kun en Australia (que, por cierto, figura también como traductor junto a Gia Fu, y Bin Kun era un tío estupendo pero no era traductor), y la verdad es que no ha tenido mucha difusión. Ni siquiera figura en la mayoría de las bibliografías de Gia Fu, que citan sobre todo las traducciones del Tao Te King y del Chuang Tzu, las que publicó en vida para Random House (y que no pudo reeditar revisadas por las claúsulas del contrato).

Yo utilizo a menudo el I Ching, y para mi es sobre todo como una conversación con una persona inteligente. También lo uso como termómetro o como sismógrafo, como meter un dedo en el agua para ver a que temperatura está o la fuerza de las olas. Sirve para esto y para muchas otras cosas, es realmente un libro sorprendente, y lo más sorprendente es la exactitud con que suele ajustarse a lo que tienes en la cabeza en ese momento. Hay veces que simplemente alucinas.

Siempre me he preguntado cómo era posible esto. Hay muchas explicaciones, desde dentro (las mejores) y desde fuera de la cultura china, que siempre lo ha tenido como piedra angular. Pero ninguna me ha resultado muy convincente, unas me quedan un poco lejos y las otras pueden ser muy folclóricas. Al final lo he aceptado sin explicación, es algo que ocurre, y que ocurre fuera de mi marco conceptual, es útil y práctico y, sobre todo, no te pide que aceptes demasiada teoría para utilizarlo. Solo un sistema binario de ritmos al que entras por una casualidad.

En realidad también se puede leer como los comentarios del programador (los /* de C) a un sistema binario que en realidad forma el núcleo del libro. Cuando vas conociendo el código máquina, ya sacas la idea antes de leer los comentarios (como el traidor de Matrix). Pero bueno, esto es solo pillarlo por otro lado. También se puede pillar algo desde la Teoría del Caos. El otro día leí en un artículo sobre esto que es imposible predecir de que lado va a caer una moneda. Pues eso, un sistema al que entras por una casualidad y que hace esa casualidad significativa y resonante dentro y fuera del sistema.

Claro que es un interlocutor inteligente con el que hablas a través de un intérprete (mientras no acabas de dominar el código máquina). Yo utilizaba hasta ahora la traducción (de la traducción) de Richard Wilhelm, un pastor alemán que fue de misionero a China a finales del siglo XIX. Es una buena traducción, y creo que la mejor en castellano, pero introduce muchas veces connotaciones religiosas que no son necesarias. Mi primera impresión cuando leí la traducción de Gia Fu es que estaba hecha desde otra perspectiva, más práctica y escueta y, a veces, mucho más clara.

Voy a investigar quién tiene el copyright de la edición australiana (igual lo tiene Bin Kun), porque sería buena idea meter esta traducción en Internet. Y con Gerard hemos hablado de completar la biografía de Gia Fu en la Wikipedia. Bueno, y ya puestos en el tema, voy a colgar unos artículos que escribí para el curso de Filosofía China que da Sean Golden en la UAB. Fue un curso que cogí como optativa mientras hacía Ingeniería Técnica de Sistemas (todavía me acuerdo de la cara del tutor). Otra cosa, no puedo poner enlaces (y no se con que formato aparecerá esto en el blog) porque estoy usando de momento el Nescape7 por problemas con la conexión, y hay cosas que no reconoce.