Estoy leyendo un libro curioso. Se titula “Un sabio no tiene ideas” y es de François Jullien (el título es una frase de Confucio). François Jullien es el autor que más me gusta en los temas de filosofía clásica china (otra pasión que tengo desde mi temporada en Stillpoint con Gia Fu Feng), le he leído ya varios libros y siempre he disfrutado con ellos. Utiliza el contraste entre nuestra cultura y la china para sacar un nuevo punto de vista sobre muchas de las cosas que damos por supuestas. Siempre me hace pensar.

En este caso se trata de las ideas, y es un tema al que le vengo dando vueltas últimamente. Él contrasta la filosofía occidental, que desde Platón consiste en tener ideas sobre las cosas, con la sabiduría al estilo chino, que consiste (desde Confucio) en no tener demasiadas ideas preconcebidas y saber desenvolverse en cualquier situación según vengan dadas. Son dos maneras de funcionar, y no descarto la primera (no soy chino), pero hay algunos puntos que, claro, me han hecho pensar. Creo que vivir sin ideas (al estilo occidental), sin ideas de lo que aprendes de las cosas o ideas de a donde quieres ir, tiene el riesgo de ir dando tumbos, y si el viento viene de la derecha pues vas a la izquierda, y si viene de la izquierda, pues a la derecha. Como un globo. Pero también es verdad que las ideas te las haces sobre cosas que ya han pasado, y si las cierras en un momento dado y las sigues utilizando como único baremo, puedes perder flexibilidad y perderte lo que sigue pasando.

Es el peligro de utilizar tus ideas como si fuera el diccionario de la Real Academia, e ir a consultar en cada caso la ortografía. Si coincide con lo que piensas, bien, si no… Creo que es mejor usar las ideas como un catálogo de existencias, un poco ordenado y fácil de manejar, útil, pero siempre abierto a actualizar las existencias e, incluso, a cambiar las existencias según la temporada. En invierno, selección de abrigos, y en verano, bañadores. Es la manera de no perder la conexión con lo que sigue pasando, porque “lo que pasa” es el aire en el que seguimos respirando. Todo esto sin perder la integridad, sin acabar siendo un globo, porque hay ideas que son fundamentales, pero haciéndolas porosas como las esponjas, porque sí que creo que las mejores ideas son las que más agua pueden empapar.

Hubo un momento en que mis ideas me acorralaron, no me servían, por eso le voy dando vueltas al tema. Estoy trabajando en un nuevo contrato de uso y servicio, con cláusulas menos tajantes. Digamos que un Creative Commons de las ideas.