Ayer con Silvia y Teresa en el Laie hablando de Bolivia. Teresa siempre cuenta historias extraordinarias de allí, son extraordinarias las historias y es extraordinaria la manera que tiene de contarlas. Hablamos de la situación actual, del impacto mediático de Evo Morales, y de los quéchuas y los aymaras. Me enteré de que los quéchuas son los antiguos incas, los incas eran quéchuas y en realidad “inca” solo era el nombre para el rey, que quería decir sol. Los quéchuas no solo viven en Bolivia, sino en Perú, el sur de Ecuador, y el norte de Chile y Argentina. La ceremonia quéchua que realizó Evo Morales antes de la toma de posesión de la presidencia cobra entonces un tremendo valor simbólico y un aspecto político importante que en Europa ha pasado un poco desapercibido.

Cuando Víctor estuvo en Potosí el año pasado me envió un correo con un fragmento de un libro que hablaba de la ciudad. El verano pasado me leí el libro (recomendado también por Silvia) que se titula “Las venas abiertas de América Latina“, de Eduardo Galenano. Es una historia del expolio económico que ha sufrido el continente escrito desde una perspectiva de izquierda militante, condicionado por tanto ideológica y temporalmente (el libro es de 1971, una época de ebullición y dictaduras). Quiero decir que no es un tratado académico, pero la información que proporciona me abrió los ojos ante una situación que conocía muy poco (no es un tema muy difundido en España por razones obvias, y menos en los libros de texto) y me ha ayudado a entender los últimos acontecimientos en Bolivia.

Víctor me hablaba de las ciudades tomadas por la policía y las manifestaciones de los mineros, y Maite salió de Bolivia por los pelos, poco antes de que quedara aislada por los piquetes. Galeano explica que Bolivia tuvo dos grandes oportunidades de prosperidad, las dos desaprovechadas. La primera fue la plata de Potosí durante la colonización española, que acabó en los retablos de las iglesias de Sevilla y en las arcas de los banqueros alemanes del emperador. La segunda fue el boom del estaño a finales del siglo XIX, que solo enriqueció a Simón Patiño y en realidad supuso un nuevo expolio. La del gas es la tercera oportunidad que tiene Bolivia, y ésta no la quieren dejar escapar. La apuesta es muy fuerte y la situación no es fácil. Creo que el mayor enemigo de los gobiernos de izquierdas son las enormes expectativas que despiertan y que no siempre pueden cubrir completamente. La política es siempre el arte de lo posible. Si Evo Morales se sale con la suya puede conseguir lo que él mismo repite a menudo, darle un buen giro (si no la vuelta entera) a 500 años de historia.