Ayer con Pablo y Laura (que traía buenas noticias) por los bares de la plaza Real, el Alaska, el Sugar y alguno más que no recuerdo el nombre. Después íbamos a ir al Moog, pero un portero gilipollas nos hizo cambiar de idea y acabamos en el New York. No está mal pero prefiero el Macarena, es más pequeño pero tiene más marcha. Despues vino la epopeya de quedar con Maite, que había ido a cenar con la gente del trabajo. Primero dijo que estaba en Balmes 53, y después era Balmes 98, y nosotros pum pum pum, Balmes arriba, pum pum pum, Balmes abajo. Esto ya era sobre las 3 y pico y todo estaba cerrando. Solo quedaba por ahí el Arena (poco probabable) y otro que había enfrente un poco más arriba. Tras una pequeña negociación con el portero (éste no era gilipollas), Laura pudo entrar en misión de busca y captura, y… !bingo¡ por la puerta apareció Maite más contenta que unas pascuas. Y nada, taxi y al Resplandor, que estaba saturado y casi no se podía bailar porque, según me dijeron, han cerrado Sant Pere y debe haber habido una migración en masa hacia el Guinardó.

Espero que no cierren el Resplandor, porque es uno de los mejores sitios que conozco y nuestra residencia habitual las madrugadas del domingo, pero últimamente se están dando mucha marcha en cerrar diskos okupas, no encajan con la Barcelona clean  que quiere el ayuntamiento. Se están pasando un huevo entre ordenanzas y cierres, pretenden una Barcelona-Parque-Temático de diseño y Gaudí, tranquila y ordenada como un cementerio, para que la disfruten las manadas de turistas bobalicones que me encuentro por la mañana al ir a trabajar (y que le ponen tan nerviosa a Silvia). Pero Barcelona siempre ha sido así, siempre, y no creo que haya ayuntamiento capaz de cambiar esto.

Bueno, ya estoy otra vez lanzando soflamas, pero es así, maldita sea. Me voy al Heliogábalo, he quedado con Dani y Kerry para ver un concierto de Peter, también vendrá Jorge. Vaya como empezó el Heliogábalo y como está ahora, hasta parece un bar serio y todo, oiga.