Archivos para el mes de: febrero, 2009

Con la conexión en casa todavía estropeada (se supone que funcionará la semana que viene), creo que le estoy dando casi tanto al botón da la cámara como  a las teclas del portátil. He abierto una página en Flickr para ir metiendo todas las fotos, porque con el ritmo que llevo corría peligro de inundar el blog, pero bueno, hoy voy a poner  aquí unas cuantas  sobre cristales.

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Estoy leyendo “La pensée en Chine aujourd’hui” (El pensamiento actual en China), un libro colectivo bajo la dirección de Anne Cheng que me compré hace unos meses y tenía esperando turno. Es de la collección Folio de Gallimard, perfecto para leer en el metro, y esa es una condición práctica que hace que algunos libros se adelanten sobre otros en la cola, antes de empezar a leerlos miro el tamaño y el peso.

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Anne Cheng es la autora de una “Histoire de la pensée chinoise” que compré hace años pero que por alguna razón sigue en la cola de los libros sin leer (y eso que no es muy tocho). Quizá porque por entonces había leido otra historia del pensamiento chino, el estupendo “Disputers of the Tao” de A.C. Graham. En todo caso, la conocía de este libro, y me pareció una buena oportunidad de olfatear lo que se cuece ahora en China a nivel de reflexión y pensamiento.

Por lo que he estado leyendo, Anne Cheng es la hija de François Cheng, un escritor instalado en París desde 1949 . No se hasta que punto su punto de vista está relacionado con el hecho de escribir desde fuera de China  (todo un tema), pero en este sentido resulta interesante la andanada que suelta en la introducción contra la idea de que la manera de pensar en China sea necesariamente diferente de la manera de pensar en Occidente. Acabar con el mito de la alteridad entre una y otra manera de pensar parece ser el objetivo de este libro, aunque los diversos estudios que incluye no siempre encajan con la radicalidad del objetivo general.

Éste es un tema complicado, que tiene que ver con la reciente polémica entre François Jullien y Jean François Billeter que ya comenté aquí. Sigo pensando que existe una diferencia histórica, aunque esta diferencia no tiene porque suponer un etiquetaje definitivo ni una esencia inconmensurable con el resto de tradiciones de pensamiento (y no solo con la occidental). Yo veo la herencia del pensamiento clásico chino como una diferencia productiva, con el que es posible aprender e intercambiar cosas, y a la vez creo que la China actual no está solo determinada por su tradición clásica (como tampoco lo estamos en Europa). China ha pasado, solo en el siglo XX, por el movimiento de mayo de 1919, por el triunfo de Mao en 1949, por la revolución cultural de 1966 (que duró diez años e intentó hacer tabula rasa con el pasado), por la revuelta de Tiananmen en 1989 y por la economía socialista de mercado de Deng Xiaoping en 1992. A estas alturas ya ha incluido tantos elementos occidentales en su propio proceso social que no veo por ninguna parte el riesgo de considerarla una cultura estanca.

Pero, a la vez, creo que la cultura china tiene una manera peculiar de aceptar influencias. No se si el ejemplo sigue teniendo validez, pero lo demostró con la adaptación del budismo indio a partir del siglo I. Fue la primera gran influencia extranjera, y de allí salió un budismo chino que luego, mezclado con el taoismo, dio lugar al budismo Ch’an, que se llamó Zen cuando pasó a Japón. Quiero decir que mi impresión es que la cultura china acepta influencias pero las digiere.

Aunque la China actual no esté solo determinada por su tradición clásica, creo que sigue siendo posible encontrar en esta tradición cosas interesantes, igual que seguimos encontrando cosas interesantes en nuestra propia tradición clásica occidental. Una de las cosas que me ha sorprendido leyendo el libro ha sido conocer la manera como Li Zehou entiende la cultura china y como intenta utilizar una diferencia en los orígenes para construir un puente entre un confucianismo repensado y el pragmatismo norteamericano de Dewey.

Si el movimiento de la ficha es interesante, me ha llamado la atención sobre todo la diferencia que rastrea en el origen, porque una de las diferencias que siempre he visto entre la cultura europea y la cultura china (ya lo comenté en el post sobre Jullien y Billeter) es el papel del chamanismo en una y otra. En Europa, los restos de chamanismo que quedaran durante la edad media fueron achicharrados por varios siglos de Inquisición. Algo quedó, pero poco. El racionalismo surgió después de que la religión hubiera hecho una limpieza previa. En China, un chamanismo elaborado siguió siendo la base orgánica de la cultura clásica. El I Ching es un sistema formalizado y desarrollado de los viejos metodos de adivinación de los chamanes. Bueno, todo eso.

Pues según explica Joël Thoraval, con la caida del imperio en 1911 los intelectuales chinos se replantearon su papel volviendo la vista atrás y haciendo una investigación casi arqueológica sobre la naturaleza de los letrados (ru) y el origen de la escuela confuciana (rujia) que había proporcionado la estructura administrativa del imperio durante dos milenios. Las reflexiones de Li Zehou, que pertenece a la primera generación que inició su actividad a partir de 1949, después de la llegada de Mao al poder, se inscriben en esta línea, repensar el confucianismo hasta sus orígenes, pero en su caso llega incluso más atrás, hasta el fondo del chamanismo.

Contrairement à ce qu’affirme la “théorie des trois èpoques” qui considère la philosophie des Song et des Ming comme le coeur du confucianisme, il convient, pour percevoir les spécificités de la tradition confucéenne, d’operer un retour aux textes classiques de l’epoque pré-imperiale. Car, comme je lai souvent indiqué, la différence de la Chine par rapport à l’Occident s’enracine dans sa tradition chamanique antique, dans la rationalisation directe du chamanisme originel.

La racionalización directa del chamanismo original es para Li Zehou la radiación de fondo de la cultura china, y creo que ese es un dato importante. A partir de ahí va moviendo la ficha hasta colocarla en una casilla en línea con el pragmatismo de Dewey, que pasó una larga temporada en China coincidiendo con el movimiento de mayo de 1919. Encuentra una conexión a partir de una diferencia, pero la diferencia existe. Las diferencias no tienen porque negarse antes de valorar hasta que punto pueden ser productivas, y lo que es cierto es que la cultura china ha digerido más influencias occidentales que influencias chinas ha aceptado la cultura occidental (feng-shui incluido), pero el carril que conduce las influencias culturales suele construirse en la dirección que marca el poder económico y político, y puede que a partir de ahora tengamos una linea paralela de llegada, y entre los containers con ropa, electrónica y juguetes que descargan en el muelle procedentes de China, llegue de vez en cuando uno marcado como “cultura”.

Estos días que estoy sin conexión en casa (ahora parece que, efectivamente, hay un fallo en la línea que van a mirar) me he hecho toda una campaña de “Company of Heroes” y he estado leyendo un libro con el que me tropecé por casualidad cuando acompañé a Bruno a completar la bibliografía que le han pedido en la Pompeu. No pensaba comprar nada, en medio de esta cuesta crítica de enero/febrero, pero el libro que había allí encima se titulaba “Redes complejas” y su autor, Ricard Solé, resulta que es profesor de la Pompeu. Y no me pude resistir.

Durante estos dos últimos años, desde que descubrí y me empezó a interesar el tema de los sistemas complejos, he ido haciendo búsquedas de vez en cuando para averiguar si había actividad sobre el tema en España, y en concreto en Barcelona. La mayoría de la información que he ido recogiendo procedía de Estados Unidos (con el Santa Fe Institute a la cabeza), de Chile, Argentina y Méjico, y de Bélgica y alguna institución comunitaria en Europa, pero de España poca cosa. De ahí la sorpresa al encontrar un libro acabado de salir del horno (está publicado en enero de este año), publicado por un profesor de la Pompeu que además ha estado trabajando algunos años como investigador en el Santa Fe Institute. En mi red particular sobre el tema, de repente he descubierto un nodo próximo que estaba buscando.

Bueno, pues el libro es una gozada, una buena buena panorámica con calas a diversos niveles que dejan abiertas una buena cantidad de sinapsis. Y si el contenido me ha resultado apasionante, el estilo  me ha hecho a veces aplaudir con los pies. Utiliza para tratar de la complejidad un estilo complejo, complejo en el sentido de utilizar diferentes registros y encajarlos todos en un buen ritmo, algo que en temas científicos yo solo he encontrado antes en el libro de Robert B. Laughlin “Un universo diferente”, un estilo a varios niveles.

Me ha encantado enterarme de los despistes de Paul Erdös con los grifos de la bañera o saber de que el padre de Ricard Solé era marino mercante y traía a casa desde paises lejanos animales exóticos, entre ellos una iguana (con foto incluida de Ricard Solé baby cogiéndole la cola). Mi padre también era marino mercante, y una vez me trajo una tortuga de Guinea que mi madre acabó tirando a la basura pensando que estaba muerta. Siempre me ha quedado la duda de si en realidad estaría hibernando, pero en todo caso, después del éxito, mi padre dejó de traer animales a casa.

Pero bueno, volviendo al contenido, el anzuelo que me ha hecho interesar por los sistemas complejos ha sido darme cuenta como la “claridad y distinción” que Descartes introdujo como criterio en el “Discurso del método” ha marcado un paradigma reduccionista en buena parte de la ciencia europea. Distinguir significa reducir cualquier problema a sus elementos básicos (algo que ya proponían los atomistas griegos), que entonces resultan claros. Con este método podemos identificar claramente a los jugadores de cada equipo en el momento que cantan el himno todos en fila, pero no tenemos ni idea del partido que van a jugar. La perspectiva que utiliza la investigación en sistemas complejos no se centra tanto en los elementos básicos sino en las interrrelaciones entre ellos. El todo que supone un equipo es una entidad de otro nivel y diferente a sus partes. El partido lo gana el equipo. La claridad por la distinción tiene un límite, y es posible una mayor claridad por la agregación.

Si los sistemas complejos se basan en interacciones (a veces redundantes en forma de bucles que regatean la causalidad), el esqueleto de estas interacciones tiene la forma de red, y la cartografía de estas redes es la que ofrece el libro de Ricard Solé. Cualquier conjunto interconectado crea itinerarios entre sus elementos a través de los cuales puede circular la pelota (la pelota, los bits, los virus o las proteínas). Estudiar la estructura que tienen estas redes, la mayor o menor proximidad qe guardan entre si sus elementos, y las consecuencias que puede tener para la red que se incendie un nudo de comunicaciones son algunos de los temas que trata.

Parte del interés del libro reside en ir comprobando la eficacia de los métodos de medir redes que utiliza. Por una parte el “mundo pequeño”, aquellos sistemas en los que todos sus elementos se hallan relacionados entre si a través de pocos intermediarios, como los famosos seis grados de separación entre los usuarios del correo U.S.A que calculó Stanley Milgram. Parece que se puede hacer universalmente extensible, así que todos estamos conectados con todos por solo seis grados de separación (menos algún monje trapense), y esta medida es aplicable a otros sistemas. Por otra, las redes “libres de escala”, aquellas en las que unos cuantos nodos están muy conectados, mientras que la mayoría tienen pocas conexiones (como Internet). Es el tema que investigó Barabasi y que ya comenté por aquí.

Lo impresionante de este libro es comprobar que TODAS las redes, sean sociales, biológicas, neuronales, linguísticas o tecnológicas, funcionan de una manera similar (y habría que investigar las físicas, las fisico/cuánticas y las cosmológicas). Cuando se pasa del análisis de los elementos aislados al análisis de sus interconexiones aparecen patterns comunes que son transversales con respecto a las categorías previas, y una buena muestra es el abanico de temas que aparece en la bibliografía del autor.

Hay un paso que, sin embargo, Ricard Solé no acaba de dar explícitamente en el contenido del libro aunque encaje perfectamente en el estilo que utiliza. Reticente a las teorías del todo, no extiende el mínimo común denominador sobre el que trabaja a un paradigma del mismo alcance general que el reduccionista al que intenta superar. No hay una teoría general de las redes, sino investigaciones concretas que muestran su eficacia en ámbitos diversos (muy diversos). Falta el todo, aunque es posible que el TODO no tenga una casilla concreta en un sistema complejo.

Pero sin embargo el estilo que utiliza es perfectamente adecuado a la parte concreta del todo ausente en donde aparece: su cristalización en un libro que utiliza recursos literarios, científicos y personales en un conjunto complejo. Está en su sitio. Si todo está interconectado y formamos parte de una serie superpuesta de redes, un libro que intente explicarlo está también en el interior de su red correspondiente, libro/nodo en red/literatura (científica). Está ahí la mar de bien.

Llevo ya más de una semana sin conexión a Internet. La cosa empezó a fallar hace unos días, pero reseteando el router conseguía volver a conectarme. Siguió fallando, y entonces al resetear solo cargaba la primera página y a la segunda volvía a bloquearse. Luego ni la primera.Luego ni teléfono. Entonces resulta que había avería en la centralita de Telefónica. Luego se arregló la avería, pero yo seguía igual. Luego… ya estoy pensando en cambiarme de proveedor. Quizá supondrá + tiempo sin conexión (quizá) hasta que den el alta, pero tendré router nuevo y algo de rebaja en la factura. En fin stop continuará stop.

hoy, aprovechando que llovía, me he dedicado a perseguir reflejos y juegos de luz por los suelos – aquí tienen ustedes parte del reportaje

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Estos días he estado leyendo un libro sobre la historia de Pekín, “Beijing, from imperial capital to olympic city“, y ha resultado ser una lectura apasionante. Quería saber más cosas sobre esta ciudad y creo que encontré (por casualidad) el libro adecuado. Empieza con la primera capital que construyeron las dinastías Liao y Jin al suroeste del viejo Pekín, sigue con la auténtica fundación de la ciudad por los Yuan en 1260 y explica pormenorizadamente su desarrollo y avatares bajo los Ming, los Qing, la República y la República Popular. Por lo que he estado viendo solo hay dos libros que abarquen toda la historia de Pekín, uno es éste, publicado en inglés en el 2007, y otro es “Chengji” (Memoria de una ciudad) de Wang Jun, publicado en el 2003 en chino, que se convirtió en un éxito de ventas y que creo que se está traduciendo ahora al inglés. Ha sido una suerte encontrar este libro, a veces los libros te buscan.

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Nunca he leido una historia de China, siempre me han interesado más los temas de cultura o artísticos, y la primera sorpresa al empezar a leer este libro es la dependencia que la historia de la ciudad tiene con respecto a la historia del imperio. Cada cambio de dinastía o de régimen político ha reconfigurado la ciudad de maneras muy tajantes, de tal manera que a penas ha podido mantener un crecimiento orgánico como a partir de su propia dinámica. La historia de Pekín es una historia de transformaciones decididas por el poder que mandaba en China (algo que sigue vigente) y entonces resulta que su historia se convierte en una microhistoria de China desde una perspectiva local, una buena introducción.

Uno de los temas que me han quedado más claros después de leer el libro es la relación entre su localización, su historia, su urbanismo y los enormes espacios vacíos en el interior de la Ciudad prohibida, una de las cosas que más me impresionó cuando estuve allí. El primer dato curioso es el de su elección como capital. Ni los Liao ni los Jin ni los Yuan eran realmente dinastías chinas, eran pueblos seminómadas de más allá de la Gran Muralla, mongoles o manchúes (como luego los Qing), que en un momento dado se hicieron con el poder en China. Esto explica la elección de Pekín cada vez que ha sido capital, por su buena posición al norte del imperio para controlar y defenderse de las incursiones de estos pueblos, incluso cuando la dinastía estaba en manos de uno de ellos. El imperio siempre vivió en tensión con su frontera norte, como lo prueba la Gran Muralla, y ahí colocaron a menudo la capital.

Pero si  es curioso que las tres primeras dinastías que empezaron a edificar Pekín no fueran chinas, resulta más curioso que precisamente por ello se esforzasen en construir según la tradición china. Como dinastias extranjeras, necesitaban legitimarse ante sus nuevos súbditos, y como ha pasado muchas veces, los nuevos conquistadores acaban siendo conquistados culturalmente por el pais al que llegan.

El ejemplo más destacado es el de Kublai Kan, nieto de Gengis Jan y fundador de la dinastía Yuan en China. Él fue el que construyó Pekín (que entonces se llamó Yan Dadu) sobre su emplazamiento definitivo, con la Ciudad Prohibida en el centro y una estructura rectangular. El libro explica que para el diseño de la nueva ciudad se utilizó el modelo de antiguas capitales chinas y las intrucciones de un tratado clásico confuciano de construcción, el Zhou Li, que describía una ciudad ideal. Precisamente por esa intención (política) de adaptarse a la tradición china, el Yan Dadu de nueva planta de Kublai se ciñe más a las intrucciones del Zhou Li que otras antiguas capitales chinas, como Suzhou.

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La ciudad tenía tres circuitos de murallas, uno dentro del otro, y el más interno correspondía a la Ciudad Prohibida, una auténtica ciudad dentro de la ciudad donde vivía el emperador. En este punto, la tradición de topografía china, que colocaba el poder del emperador en el centro de un rectángulo en torno al cual se extendían otros tantos en sucesivos estratos que difundían su poder (como en el mapa de Yugong), se corresponde con la distribución de los campamentos nómadas de los mongoles, con la tienda del Kan en el centro, protegida por las tiendas de la horda alrededor. El caso es que la Ciudad Prohibida fue diseñada según este modelo por un mongol, Kublai Kan, y su diseño conserva resonancias de un campamento nómada, levantado sobre grandes espacios, dentro de una estructura simbólica propiamente china. De hecho tanto los Yuan como los Qing, que eran manchúes, levantaron tiendas en los grandes patios de la Ciudad Prohibida.

Hay otros temas, como los sucesivos traslados de población (cuando llegaron los manchúes Qing expulsaron a los chinos han fuera de la ciudad imperial), la tradicional seguridad de Pekín o las polémicas que generaron la destrucción de las murallas o la edificación de los nuevos centros comerciales, que también me han han dado nuevos datos para entender la reciente transformación de Pekín y la destrucción de los hutong, el curioso destino de una ciudad que ha sufrido tremendas transformaciones a lo largo de la historia pero que, quizá por eso, todavía es capaz de impresionar por su vitalidad.

Pues casi se me pasa con la historia del cambio de blog, pero este mes de enero ha hecho tres años que empecé ésto, tres años! Ya le tocaba un estirón, y el pasarlo a wordpress ha sido al final una buena idea, en balearweb ya había agotado los recursos. Claro que cambiar el blog de servidor es casi casi como empezar de nuevo, pierdes la ventaja del ranking que tenías con el antiguo pero a la vez recuperas la emoción de volverlo a levantar con la experiencia que ya tienes del otro, ahora tengo mucha más idea de como funciona ésto.

De momento todavía sigo teniendo más visitas en el antiguo, ¡y eso que lo tengo parado desde octubre!, pero éste ya va pegando también buenos tirones. El año pasado, hasta octubre, tuve 40.874 visitas en el antiguo, más de 4000 al mes, nada mal nada mal, y aquí llevo 1304 desde mediados de noviembre. Una cosa que echo de menos es que aquí en wordpress no puedo usar el Analytics de Google, que te da mucha información sobre el origen de las visitas, no solo la web de la que proceden sino también la localización geogáfica, el sistema operativo o el tiempo que dura la visita, y cruzándo todos los datos te puedes hacer una idea aproximada de quién te lee y que le resulta más interesante. WordPress tiene su propio sistema de estadísticas, creo que basado en Analytics, pero no proporciona tantos datos. De todas maneras lo grande de un blog no es tanto la cantidad de lectores anónimos como los amigos con que te mantiene en contacto, ésto cada vez lo tengo más claro.

Otra cosa que siento es no haberme podido traer aquí los comentarios del antiguo, se han perdido muchas cosas buenas, pero si migrar los posts ya ha sido toda una epopeya, traer los comentarios uno por uno ya hubiera sido sencillamente imposible. Copiar el antiguo blog en éste, copiando los posts uno a uno (no encontré ninguna manera fiable de pasar en bloque de LifeType a WordPress) ha resultado también toda una experiencia. Mientras copiaba he ido repasando todo lo que había escrito en éstos últimos tres años, de repente una película acelerada en la pantalla, a veces con cosas que apenas recordaba. Una sensación un poco de vértigo, pero también la ocasión de reconocer como empezaron cosas que me sigue interesando, viendo las direcciones que ha ido tomando este deambular por el tiempo que queda tan bien reflejado en un blog. El vértigo viene de que cuando lo lees está allí todo menos el tiempo, que ya es otro, y para continuar hay que volver a ensillar ese caballo que nunca mira atrás y volver a galopar. Un blog prende y se quema en el tiempo, es así, es como escribir en las manecillas de un reloj, y darle a las manecillas hacia atrás resulta de lo más raro.

Bueno, pues este blog viejo/nuevo empieza su cuarto año. A estas alturas ya resulta de lo más normal tener un rincón en la web, o dos, o más. Éste ha sido también el año de Plurk, y ahora de Twitter, y si sigo con el vicio de la fotografía tendré que abrir también una cuenta en Flickr. Tampoco quiero pasarme, porque todo esto supone tiempo y también quiero empezar a trenzar una cesta más resistente con algunas de las hebras que han ido saliendo por aquí, enredar un poco con los posos que han ido quedando al fondo. Buenos propósitos al empezar el año :)

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