Hace un rato estábamos chafardeando con rez por Scribd, una web que funciona como YouTube pero con libros en lugar de videos. Te registras (alias, mail y contraseña), y puedes subir los libros que quieras y bajarte los que han subido otros. Está muy bien. Pero entonces me he vuelto a acordar de un tema que ya comenté hace algún tiempo con varios amigos. Dejando aparte Scribd, que pasa del tema de los derechos de autor (igual que YouTube), resulta que cada vez hay más libros copyleft en internet, ya sea como dominio público, bajo Creative Commons o bajo la Licencia de Documentación Libre de GNU (que es la que utiliza la Wikipedia). Esto significa que hay ya un considerable volumen de libros, artículos y tutoriales cuya licencia permite ser copiados y redistribuidos (e incluso modificados) bajo determinadas condiciones y sin coste alguno. Vale, ésto por un lado.

Por otro lado tenemos unas redes cada vez más utilizadas de bibliotecas públicas que se surten para sus fondos de adquisiciones anuales o semestrales en determinadas librerías. Por lo que yo conozco, al menos aquí en Catalunya, cada biblioteca dispone de un presupuesto de compras que gestiona de manera autónoma, el responsable decide que libros comprar y donde. Primer dato chocante: todos los libros que encontramos en una biblioteca pública son comprados, no parece que hayan libros gratuitos/copyleft en las bibliotecas (y he estado haciendo una búsqueda en Google sobre el tema). Segundo dato todavía más chocante: creo que fue a mediados del 2007 cuando la entonces ministra de cultura, Carmen Calvo, acabó aceptando el canon de bibliotecas como consecuencia de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que condenaba a España por no aplicarlo. Esto quiere decir que por cada libro comprado que se presta, la biblioteca (o la administración de la que depende) paga 0.20 euros en concepto de canon, un importe que va a terminar restándose del presupuesto para nuevas adquisiciones, que a su vez seguirán pagando el canon. Vale, pues ésto por otro lado.

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El tema es éste, ¿por qué a las bibliotecas públicas, que son eso, públicas, no parece que se hayan interesado en distribuir también parte de ese volumen de libros copyleft cuya licencia está pensada precisamente para su distribución pública y gratuita? En principio parecen hechos el uno para el otro, igual que Linux y el software libre parecen hechos a medida para las administraciones públicas (un tema en el que cada vez hay más progresos). Sin embargo no ha habido flechazo, ¿por qué?

Bueno, a parte quizá de una cuestión de falta de información e incluso de mentalidad, que apueste por mantener un sistema de distribución que funciona notablemente bien (aunque solo en un sector determinado), se me ocurren varias cuestiones que habría que resolver primero:

- quizá la primera es que este material ya está en Internet a disposición de cualquier lector, y no es función de la biblioteca distribuirlo. Esto es cierto, pero creo que la función de una biblioteca en la sociedad de la información (digital) puede incluir muy bien hacer de puente entre la caótica exuberancia de Google y el orden indexado de sus estanterías, y facilitar así a sus usuarios el acceso a contenidos que pueden resultarles más difíciles de encontrar por si mismos.

- el trabajo de conocer, valorar y discriminar que libros copyleft pueden ser interesantes para una biblioteca excede el marco actual de competencias de un bibliotecario. Bueno, un libro copyleft no suele tener (a veces sí) una editorial que lo respalde ni una librería que lo facilite, y el lógico pensar que sustituir el trabajo que realizan puede resultar abrumador para una sola biblioteca, pero cada biblioteca pertenece a una red con unos servicios centrales que pueden realizar esta parte del trabajo y facilitar un listado de materiales copyleft revisados a partir del cual cada biblioteca pueda seleccionar los que le interesan.

- los libros y demás materiales copyleft se facilitan en forma de archivo, y es necesario imprimirlos para colocarlos en una estantería. Éste es un punto crítico, pero la impresión y edición de libros ya no es, ahora mismo, un tema exclusivo de las editoriales, basta disponer de las máquinas adecuadas (como el Internet Bookmobile), una función que pueden cumplir las propias redes de bibliotecas o se pueden encargar a empresas particulares, de manera que la compra se realice a la imprenta y no a la librería (por supuesto, la coordinación y centralización reducirán el precio). Puede parecer una idea rara que las bibliotecas se editen sus propios libros, pero no es más que una extensión a la idea de distribuir materiales copyleft.

Si el flechazo entre el copyleft y las bibliotecas públicas puede resultar muy práctico a muchas bandas, hay un sector en el que resulta casi imprescindible, y es en el de libros o tutoriales sobre temas de informática. Muy a menudo las estanterías dedicadas al tema ofrecen una mayoría de libros que ya están sencillamente sobrepasados por los acontecimientos. El ritmo de actualizaciónes en este sector suele ser superior al ritmo de publicaciones y compras por los canales habituales, y el copyleft, en cambio, mantiene el ritmo. Incluso me da la impresión de que las publicaciones editoriales sobre temas de informática se están reduciendo últimamente, precisamente por la competencia de Internet. Cuando paso por el FNAC, la sección de libros de informática cada vez es más pequeña. Bueno, pues aquí hay un sitio por donde empezar.

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