la revuelta en Grecia a través de Internet

Estos días estoy siguiendo la revuelta popular que ha estallado en Grecia por el asesinato de Alexis Grigoropoulos, de 15 años, por el agente de policía Epaminondas Korkoneas, de 37, en el barrio de Exarjia de Atenas el 6 de este mes. No veo la tele, así que lo he ido siguiendo por Internet y por algunos periódicos que leo en el bar a la hora del desayuno, y he visto día a día como Internet, otra vez, está jugando un papel fundamental en el acceso a información real sobre la revuelta, pero también, junto a los móviles, en como están organizándola.

Las primeras informaciones de los media destacaban la versión oficial suministrada por la policía, aunque la cosa no quedaba clara. Según esta versión la policía había respondido a un ataque de 30 encapuchados contra un coche policial en un barrio por lo visto “conflictivo”. Pero resulta que una vecina había grabado un video con el movil en ese momento, y en el video no se ven ni encapuchados ni alborotos, pero se oyen perfectamente dos disparos y se ve a dos policías alejándose caminando muy tranquilos. El video lo vi el dia 9 a través de alasbarricadas.org (via menéame), donde comentaban que se estaba distribuyendo a traves de indymedia. Es éste.

A partir de ahí, y a medida que la revuelta se extendía por toda Grecia, he ido leyendo intermitentemente las crónicas de la enviada especial de El País, M. A. Sánchez-Vallejo, y las noticias que iban apareciendo en alasbarricadas.org o en rebelión.org. Las crónicas de El País han cojeado descaradamente por el lado del uniforme, con todo y con que la primera versión oficial resultó falsa. En la crónica del día 12, después de describir un escenario de caos, Sánchez-Vallejo escribía:

“Muchos griegos están seguros de que sólo una ínfima parte de los que participan en los disturbios actúa por razones políticas. El resto, afirman dos vecinos que han bajado a “rescatar” el contenedor de su portal, “son delincuentes, gente con ganas de bronca. No hay más que ver cómo han quedado las tiendas de Stadiu o de Panespistimiu [dos de las principales arterias comerciales de Atenas] para darse cuenta de que buscan otras cosas”, se quejan”.

En la crónica del día 15 hace un pequeño estudio sociológico de los activistas que ocupan las calles con el título de “Anarquistas veteranos y adolescentes se funden en la protesta griega. Un núcleo central de 500 radicales capitanea la oleada de disturbios”. El dato es interesante, aunque no queda clara la fuente. Pero la fuente se puede suponer a medida que se va leyendo el artículo.

“En la primera línea de la revuelta se distinguen dos tipos de guerrilleros: los cabecillas, que en su mayoría debutaron en la lucha urbana en Atenas en 1991 cuando eran adolescentes, con motivo de las protestas que siguieron al asesinato en Patras del profesor Nikos Teboneras, y los novatos, chavales que se estrenan ahora en el lanzamiento de cócteles molotov y en las carreras entre botes de humo. Estos últimos “son críos que hasta ahora lo máximo que hacían era tirarnos piedras y volver a su casa en cuanto empezaban los gases lacrimógenos”, afirma una fuente policial”.

“Talibanes, encapuchados, hooligans, vándalos… El repertorio léxico con que se refieren a ellos los medios de comunicación y muchos ciudadanos es abundante, pero pocos subrayan la dimensión de terrorismo callejero -de kale borroka a la griega- que representa el fenómeno. Los responsables del movimiento están bien coordinados y mantienen fuertes lazos con otros grupos similares de Europa, en especial alemanes, según fuentes de la policía”.

El mismo día 15 en que Sánchez-Vallejo reproducía concienzudamente las fuentes policiales y colocaba la guinda de la kale borroka (?????), El País trataba el tema en un editorial en donde defendía que

“La respuesta de algunos manifestantes radicales griegos debe ser condenada: la muerte de Alexis exige esclarecimiento y, en su caso, sentencia judicial, no una extensión del vandalismo a otras ciudades dentro y fuera de Grecia, como ha sido el caso de los recientes disturbios en Madrid y Barcelona. Los errores policiales, por graves que hayan podido resultar en ocasiones, no pueden ser una coartada para desacreditar la imprescindible y responsable labor de las fuerzas de seguridad en los Estados democráticos ni, menos aún, para la violencia callejera, sino un argumento para reforzar el funcionamiento del Estado de derecho y sus mecanismos de control. Ésa es la principal lección que cabe extraer de los sucesos que ha vivido Grecia, los primeros que se producen en el nuevo contexto social tras la crisis que afecta a la economía mundial”.

Cuando lo leí me dió la impresión de miedo y ceguera. Vale, esto sería lo correcto, lo de manual, pero una explosión así ocurre cuando hace tiempo que se ha dejado de seguir el manual, mejor mira lo que pasa y escribe otro. A todo esto, un bloguer desde Atenas contaba que

“Se dice en los medios que las calles de Exarjia están tomadas por vándalos encapuchados, que queman contenedores, destrozan comercios, vuelcan coches, etc… Pero en realidad esto es sólo la punta del iceberg, es decir, los daños colaterales de esta guerra. Una guerra que está liderada no por encapuchados, sino por estudiantes de entre 12 y 18 años. Estudiantes que han convocado manifestaciones y sentadas pacíficas, que han ocupado y paralizado más de 400 escuelas y que por supuesto tiran piedras a los antidisturbios cuando éstos cargan contra ellos.

Está claro que esta versión de los hechos no es la que ofrecen los medios de comunicación fuera de Grecia (aquí es imposible esconder lo que sucede en la calle). Y no sólo eso, sino que intentan convencer al mundo de que lo que sucedió en Exarjia es un hecho aislado, de que la continua ocupación policial en este barrio se debe a la marginalidad. Pero a mí, que estoy alojado a dos minutos a pie del Politejnío, es decir, en pleno epicentro del meollo, no me parece que este barrio sea un gueto. Tampoco me parece que ésta sea una lucha vecinal. Lo primero que aprendí en griego fue: “Bachi gurunia dolofoni” (Maderos cerdos asesinos), y mi maestro no fue un yonki ni un ladrón residente en Exarjia. Esto es lo que le gritaban miles de manifestantes, sin capucha, en la plaza Síntagma a los antidisturbios mientras éstos los rociaban con gases lacrimógenos caducados comprados a nuestros “amigos” de la U.S. Army. Pero tampoco tendréis ocasión de verlo en los medios, del mismo modo que no veréis a los “vándalos encapuchados” bajar de los furgones policiales para reventar las manifestaciones, ni mostrarán el sentimiento de odio generalizado hacia los bachi. No son los delincuentes los que han generado esta revuelta, aunque sí está claro que algunos (y no sólo delincuentes) han aprovechado el caos para robar todo lo que han podido”.

Y hoy he estado viendo un video de la tv griega (a través de rebelion.org y, otra vez, de meneame) en donde se ve como unos atenienses que se tomaban algo en la terraza de un bar empiezan a abuchear a unos antidisturbios que andaban por ahí de faena. No van encapuchados y sería mucha casualidad que todos fueran anarquistas, y lo curioso del caso es que a los antidisturbios se les ve desconcertados. Cuando pasa algo así es que el poder estatal ya ha perdido legitimidad y la revuelta se ha extendido a toda la población. Y no solo el estado griego ha perdido legitimidad, sino también los medios que han estado terjiversando la información durante todos estos días. Éste es el video.

Bueno, y también quería hablar del papel de Internet en la organización de la revuelta, pero ésto ya se ha hecho muy largo, así que solo voy a citar lo que explica Eugenia Apostolou:

“Primer momento: domingo tarde-noche. Desde Internet y teléfonos celulares se trama un invisible tejido de comunicación entre miles y miles de estudiantes de secundaria en toda Grecia. Nadie se da cuenta. El hecho es que el lunes en la madrugada las secundarias están cerradas. Sin asambleas, sin cualquier centro organizativo, sin la intervención de organización política alguna, los jóvenes están autorganizados en las calles. Bloquean calles y carreteras, y enfocan toda la rabia que les provoca el asesinato de Alexis contra las sedes policiacas. No queda casi ni una comisaría que no esté bloqueada por los alumnos, lo mismo en ciudades pequeñas, pequeñísimas, que en barrios de Atenas y de Salónica, que no han conocido a lo largo de su existencia manifestación alguna o algo parecido. Y amanece con hijos e hijas fuera de las sedes policiales quemando patrullas o tirando naranjas, piedras, huevos y pinturas a los edificios de las fuerzas del orden. Son jóvenes de 13, 15 o 16 años que enfocan su rabia hacia ese objetivo”.


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