Kevin Warwick en Barcelona
Esta mañana he leido en la Vanguardia que este finde hacían las III Jornadas de Robótica en el auditorio del MACBA. Explicaban que se iba a presentar un robot humanoide tipo Asimo diseñado y fabricado aquí en Barcelona, el Reem-B, y anunciaban también una conferencia de Kevin Warwick. Pum pum pum, después del trabajo (hoy ha sido un día más tranquilo) me he pasado por el MACBA y he visto que la conferencia era hoy a las 5.30, así que he hecho un poco de tiempo en la terraza del bar (tenían estufas de esas para exteriores) y me he acabado de leer “Si parler va sans dire” de François Jullien (ya lo comentaré otro día). A las cinco y cuarto ya estaba sentado en el auditorio con bastante bastante curiosidad.
De Kevin Warwick ya hablé en otro post, cuando estuvo en Madrid hace un año. Es profesor de Cibernética en la Universidad de Reading, y la persona que ha llevado más lejos la idea del cyborg. En 1998 se injertó en un brazo un transmisor de identificación por radio frecuencia que le permitía ser detectado y reconocido por los sensores instalados en su universidad, abrir luces y puertas a distancia y cosas de este tipo. En el 2002 pasó a una segunda fase y se injertó directamente en su sistema nervioso una interface neuronal de cien electrodos, o sea, convirtió su sistema nervioso en un enchufe y le conectó esta interface que le permite enviar señales más allá de su cuerpo, y también recibirlas. A través de esta interface, del tamaño de una cápsula, se puede comunicar con su mujer, que lleva un implante similar, y poner en contacto directo dos sistemas nerviosos diferentes, o conectarse directamente a Internet y mover desde Nueva York, a partir de sus propios impulsos nerviosos, un brazo robótico instalado y conectado en Inglaterra. Wooooooohhhhh.
Pues Kevin Warwick ha resultado ser un afable e irónico gentleman que ha estado explicando varios proyectos en los que está trabajando. La conferencia se titulaba “Robots with biological brains and humans with part mechanical brains”, y aparte del tema de los injertos, que ya conocía, lo que más me ha impresionado ha sido el proyecto de la primera parte del título. Se trata de construir unos pequeños robots con ruedas (y un detector de energía para autoalimentarse) que en lugar de un procesador disponen de una especie de matriz con electrodos (si he entendido bien) en cuyo centro va creciendo un cerebro formado por neuronas de ratas que aprende funciones básicas de movimiento en un espacio delimitado y a partir de sucesivas repeticiones. Una acción espacial repetida crea unas determinadas sinapsis en ese cerebro que suponen un proceso de aprendizaje. El siguiente paso, más complicado, sería utilizar neuronas humanas.
El tema me ha interesado, primero, por la idea de robots con cerebro biológico, que ya es, y luego porque se trata de un proceso bottom-up, no un quasi-cerebro diseñado a imagen y semejanza del humano (que todavía no conocemos del todo), sino a partir de un proceso de aprendizaje desde abajo, el tipo de aprendizaje que realiza un niño cuando empieza a conocer que mundo tiene alrededor. Es similar, a nivel orgánico, a lo que había comentado de la investigación de Ralf Der utilizando un software de aprendizaje de funciones motrices, un proceso emergente a partir de unas pocas instrucciones, en el caso de Ralf Der, o de la capacidad de las neuronas de crear sinapsis en un ejercicio repetido de prueba y error en el caso de Warwick. En ambos casos el proceso se autogenera, una vez lanzado funciona solo, y resulta apasionante averiguar donde puede llegar y en que se asemeja o se distingue de las soluciones que encontró el cerebro humano.
Pero bueno, también han resultado muy interesantes algunos temas que ha comentado sobre su experiencia con los injertos. El que más me ha impresionado ha sido cuando ha explicado que tardó seis meses de pruebas hasta que su cerebro adaptó y “entendió” las nuevas señales que le llegaban de la interdaz que se había colocado en el brazo. Para el cerebro, esto suponía una nueva fuente de información que no tenía prevista, un nuevo sentido para el que no existía ningún modelo previo. El resultado no se sabía de antemano y podía haber pasado cualquier cosa, desde que simplemente ignorase las nuevas señales hasta que éstas crearan cortacircuitos con las habituales señales de los sentidos orgánicos. Pero resulta que el cerebro se adaptó a la nueva fuente de información y la integró sin más problemas. Esto es una nueva prueba de la plasticidad del cerebro, a las neuronas les gusta la información, venga de donde venga, y son capaces de reconfigurarse en función de los inputs que reciben. No problem.
Bueno, me dejo todavía algunas cosas por comentar, pero todo no cabe en un post. De Reem-B (también ha sido impresionante tenerlo a tres metros) ya comentaré + cosas otro día. Acabo esto y me voy a soñar con ovejas mecánicas.
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- Published:
- 13/12/2008 / 12:50 am
- Category:
- ciencia
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