The Physics of Institutions (Philip Ball)
Estos días he repasado varios artículos que me he ido bajando sobre sistemas complejos. Siempre me pasa lo mismo, cuando un tema me interesa me bajo un montón de información que luego tardo en limpiar, cortar y meter en la cazuela. Uno de los artículos que he leido es “The Physics of Institutions”, de Philip Ball, que trata muy bien un tema que nunca he visto muy claro en el ámbito de las ciencias sociales, sencillamente el nexo que puede unir la palabra “ciencias”, que ha crecido en el estudio de la naturaleza con leyes determinadas por la relación causa-efecto, con la palabra “sociales”, que se refiere al conjunto de individuos (nosotros) a los que, entre otras características, se les supone la libertad de elección. Si hay una relación causa-efecto prevista por una ley en una situación social dada, la libertad de elección se tambalea: simplemente introduces la causa y tendrás el efecto. Ingeniería social, otro par de palabras que me mosquea ver juntas. Construir sociedades como se construyen puentes. Parece que por un lado va la ciencia, que fija leyes deterministas, y por otro la ética, que defiende la libertad como un valor humano fundamental.
Bueno, pues parece que hay una escala de grises entre este negro y este blanco, y es ahí donde Ball mete la cuchara. Examina una cierta física social, que muestra comportamientos similares a los que pueden darse en la física “natural”, con la intención de prevenir y corregir intervenciones arbitrarias que pueden resultar ineficaces simplemente por no haber tenido en cuenta las reglas del juego. Es un punto muy delicado, pero me ha gustado el planteamiento que hace y, sobre todo, resulta una cuestión fundamental en el tema de los sistemas complejos. Cuando se enumera el catálogo de los diversos sistemas complejos pueden aparecer en la misma lista el comportamiento de los gases en un espacio cerrado, las variaciones de polaridad del magnetismo bajo diversas variables, el funcionamiento de la red neuronal, el flujo de tráfico de una gran ciudad a una hora punta o la carga de diversos nodos de Internet en un momento dado, es decir, fenómenos que tienen lugar dentro y fuera del territorio “libertad de elección” marcado por la ética. Conducir un coche o navegar por Internet parece que están dentro de ese territorio, pero cambiar la polaridad del magnetismo decididamente no. Esta transversalidad es uno de los ganchos de la teoría, que diversos sistemas de diversa filiación respondan a un comportamiento similar, pero encierra la pregunta un poco inquietante que plantea Hall: ¿cómo se puede tratar a la gente como a partículas?
La respuesta que da implica el paso de la física mecanicista a la física estadística, y comenta un dato histórico interesante. Tal como lo explica, la estadística tiene su origen en la recolección de datos sobre la mortalidad en Londres que empezó a recoger John Graunt en el siglo XVII. Los datos mostraban una curiosa regularidad, más o menos la misma gente moría cada año, y el tema atrajo la atención de los científicos del tiempo, desde Laplace, que lo formalizó matemáticamente en una curva con forma de campana, hasta Gauss, que la utilizó para analizar datos astronómicos y le dió el nombre, la curva Gaussiana, que mide la regularidad, el estándar, mayor en el pico y menor por los lados. Pero la sorpresa fue que esta regularidad no solo se producía en las estadísticas de mortalidad, por causas naturales, sino también en las de matrimonios que (desde “Las afinidades electivas” de Goethe) parece que responden a decisiones de libre elección, territorio de la ética.
Lo curioso del caso es que cuando Maxwell y Bolzmann estudiaban el comportamiento de los átomos dentro de un gas, con un nivel de complejidad que hacía imposible medir individualmente las trayectorias, recurrieron a las regularidades que daban las estadísticas sociales:
It was actually the statistical regularities seen in social sciences that encouraged James Clerk Maxwell to propose that, even if we can’t use Newtonian mechanics to formulate a complete description of atomic-scale behaviour, we can anticipate that mathematical laws will arise out of the average, interdependent motions of all these invisible particles. Maxwell began to think about the probability distributions of atomic motions, which he assumed would also be circumscribed by the gaussian curve. This led Maxwell and Ludwig Boltzmann to formulate the science known as statistical mechanics, in which the bulk-scale behaviour of matter, such as the known mathematical relationships between the pressure, temperature and volume of a gas, emerge from the statistics and the averages of inscrutable particle motions.
Vale, pues tenemos una física estadística que llega donde no llega la física mecanicista newtoniana y tiene su origen en estadísticas sociales, tanto de mortalidad como de matrimonios. La nueva física social que propone Ball como patrón correctivo a intervenciones sociales arbitrarias se funda en esa física estadística inspirada por estadísticas sociales (todo un loop). Pero bueno, para ir abreviando, el factor clave que señala Ball para dar respuesta a su pregunta anterior (¿gente = partículas?) es la interacción, un factor clave en cualquier sistema complejo. La ética respalda la libre elección, pero en la práctica la libre elección se puede ver condicionada por un rango limitado de opciones determinado por la situación en la que estamos interactuando. Acelerar o frenar en una autopista tendría que tener que ver con la velocidad de los coches que tenemos alrededor, o picar a un link o a otro tiene que ver con las opciones que tenemos en pantalla. La interacción marca un límite práctico a una más amplia libertad de elección teórica (o lo que es igual, para mantener esa libertad de elección teórica hay que limitar las interacciones). Ball lo explica así:
Even so, we might imagine that, from the palette of available options, we select freely. But it becomes rapidly clear once we look more closely that we do not. The key factor – and this is what social and economic scientists have tended to overlook in their models, while it is intrinsic to statistical physics – is interaction. We are affected by one another.
People don’t drive down a congested high street at 120 km per hour because there are others in the way, and we normally aim to avoid collisions. You might say in this case that there is effectively a repulsive force between cars that keeps them apart. Of course, there isn’t really such a force, there’s nothing we can measure – but we behave as if there was, and that is sufficient for the purposes of modelling the phenomenon. When we make choices, we are influenced by all manner of things, and particularly by what our peers do. If everyone on the stock market floor is selling, it takes either an astute or a slow-witted trader to buck the trend and keep buying: this sort of heard-like behaviour is well known in economics. Even in elections, where we might imagine that our secret ballot is purely a matter of personal choice, there is a clear signature in the statistics of collective behaviour: of people being influenced by others. Such behaviour often shows up in probability distributions. A collection of independent, random events shows up as a gaussian statistical distribution of outcomes. If the statistics show deviations from the gaussian from, that is generally a sign that the agents in the system are not behaving independently but are feeling the influence of mutual interactions. This is a simple diagnostic tool learnt from statistical physics.
Vale, esto me sirve, no es que lo acabe de ver claro, pero me sirve. Y me recuerda al análisis de la acción que hace Georg Henrik von Wright, un discípulo de Wittgenstein, en un libro que leí hace tiempo, “Explicación y comprensión”. Wright también limita la libre elección a las opciones disponibles y al origen social de las razones que mueven sus iniciativas, pero deja abierta la opción permanente a actuar de una forma diferente a la prevista, una opción con gasolina ética que solo quedaría reflejada en uno de los laterales de la curva de Gauss. La cuestión es que, con la aparición de Internet, el modelo estándar de la curva de Gauss está dando paso al modelo de la “larga cola”, en donde las especifidades ganan trayecto al estándar, esta sería la aportación “humana” al tema de los sistemas complejos. A ver si me acabo de enterar del tema.
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- Publicado:
- 30/08/2008 / 11:55 pm
- Categoría:
- sistemas complejos
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