Estos días de playa, siesteo y pura pereza he vuelto leer el periódico de papel por las mañanas, y el sábado leí en El País (no la he encontrado en la edición digital) una entrevista muy interesante con el neurólogo Joaquín Fuster, así que me voy a sacudir la pereza y poner aquí algunos trozos porque el tema vale la pena.

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Lo primero que me llamó la atención es que habla de un cambio de paradigma (y cita expresamente a Kuhn) en los últimos 50 años en neurociencia. Las funciones cognitivas (percepción, atención, memoria, inteligencia y lenguaje) ya no se consideran entidades separadas sino redes distribuidas en circuitos de neuronas que pueden pertenecer a la vez a varias de estas redes. Copio:

“Pero en los últimos años nos hemos dado cuenta de que la cognición, el conocimiento y la memoria, no están situados en regiones determinadas de la corteza cerebral, sino que forman redes corticales, extensamente distribuidas, solapadas unas con otras y que además son interactivas. Por ejemplo, en el caso de la memoria, ahora sabemos que una neurona o un grupo de ellas, puede ser parte de diversas memorias distribuidas ampliamente en la corteza.”

Estas redes tienen un comportamiento complejo (sobre este tema ya escribí en el post sobre GABA), pero lo que me llama la atención es que esta complejidad se extiende al mismo proceso de descubrirla: Fuster explica muy bien como en principio se estudiaba la percepción, la memoria y demás como categorías separadas según una tradición que va de Aristóteles a los empiristas, se estudiaba lo nuevo dentro del marco de conocimientos previo, hasta que lo nuevo fuerza a cambiar el marco y se produce el cambio de paradigma. Lo que se descubre explica además el proceso por el cual se lo descubre (loop!).

Y otro tema (del que estábamos hablando estos días con Jueves) es que, como consecuencia de esta estructura distribuida en red, las emociones pueden influir también en esas funciones cognitivas. Fuster habla en concreto de la relación entre emociones y memoria:

“En la formación de las redes de memoria, el cerebro emocional tiene un papel fundamental. Y a medida que el cerebro se va desarrollando, las memorias y los conocimientos forman redes cada vez más complejas, más asociativas y, al mismo tiempo, cada vez más individuales; la memoria se hace cada vez más idiosincrática porque se construye con la experiencia de cada uno, con la vida.”

También habla de la estratificación jerárquica de los distintos modos de conocimiento, desde las formas más primarias hasta las más asociativas, más amplias y más abstractas. Es el tema que ha trabajado Jeff Hawkins. Bueno, hay un montón de cosas interesantes en la entrevista. Quizá lo fundamental es que la complejidad y las redes van camino de convertirse en un nuevo paradigma no solo en neurociencia sino también en la biología en general, en sociología, en teoría de la información… vaya, que tiene muchos puntos para convertirse en el paradigma científico del siglo XXI.

He encontrado en Google Video una conferencia de Joaquín Fuster en el IBM Almaden Institute 2006 en donde explica el tema con detalle, centrándose sobre todo en la memoria, que ha sido su ámbito principal de investigación (arriba he puesto un pantallazo). Está en inglés y dura 1h 13m.

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